Libres de las “cargas”de sus ancestros PDF Imprimir E-mail
Escrito por Vivian Maldonado Miranda   
Jueves, 22 de Julio de 2010 13:55

Los pecados no se heredan, pero las “cargas”, o sea, el daño causado por el pecado, sí.

Bajo este supuesto, la directora de los Intercesores del Cordero de la Parroquia San Esteban Protomártir, Lydia Alonso, trabaja la “sanación intergeneracional”.

Para ella, el tema es parte de la sanación interior, al mismo tiempo que lo considera una “batalla espiritual”.

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Alonso lleva 20 años ayudando a las personas que tocan a su puerta. Algunos vienen referidos por sacerdotes e, incluso, por siquiatras que entienden “que hay algo más, que es espiritual y que hay que trabajarlo”.

Se trata de “tendencias” por prácticas o pecados cometidos por los antepasados, que abrieron heridas que nunca fueron sanadas en los hijos y que pasaron de generación en generación, repitiendo conductas sin saber por qué. “De un padre malgenioso, frecuentemente los hijos son malgeniosos. Unos papás que sufren de depresión, van a tener hijos con tendencias a ser depresivos”, mencionó Alonso, al aclarar que no se trata de una determinación.

La situación presente se complica cuando se detecta que el problema se remonta a la generación de los abuelos, tatarabuelos u otra generación previa. “Es una batalla espiritual en el sentido de que se rompen los moldes de pecados ancestrales que nos afectan en el hoy de nuestra vida”, dijo Alonso. El proceso incluye la evaluación del caso y el diseño de un árbol genealógico donde se develan las experiencias de los antepasados hasta donde la persona recuerde, incluyendo “lo bueno y lo malo”.

Además, es indispensable la oración, la lectura de la Biblia, el ofrecimiento de misas por los difuntos de las pasadas generaciones y oraciones de liberación. Comentó que han tenido casos en que la familia ha estado ligada al espiritismo y se ha coordinado la bendición del hogar. “Lamentablemente, en Puerto Rico hay mucha brujería”, sostuvo, amparada en sus observaciones.

Señaló que, incluso por ignorancia religiosa, algunas personas intentan combatir el mal con el mal, usando, por ejemplo, símbolos satánicos como el azabache en los niños para “evitar” el “maldeojo”.

“¿En quién estás confinando? ¿En Dios o en un símbolo del demonio para que proteja a tus hijos?”, cuestionó. Agregó que los cuarzos y las patas de conejo ‘para la buena suerte’ son formas de “dejar de confiar en Dios y eso es abominable para Él”.

Entretanto, en las misas de sanación de la Parroquia San Esteban Protomártir se desbordan de feligreses. Allí, se celebran todos los jueves, a las 7:30pm y el tercer domingo de mes, a las 11am. Se ofrece la comunión bajo las dos especies: pan y vino.

Y es que “la sanación intergeneracional” se ha extendido muchísimo en la Iglesia, ya que corresponde a un modo concreto de vivir el tema de la ‘comunión de los santos’, que rezamos en el Credo”, según explicó, en entrevista separada, el Padre Pedro Reyes. De acuerdo con el Padre Pedro, “la devoción a rezar por los fieles difuntos es algo muy arraigado en el pueblo de Dios y creo que este tipo de devoción toma sus raíces en la base del dogma del pecado original, que no obstante jamás debe ser desgajado [separado o arrancado] del tema de la redención obrada por Cristo”. El presbítero relató que fue el sacerdote jesuita Robert De Grandis, uno de los principales exponentes de esta “experiencia de oración”.

“La teoría de él, es tratar de llevar a la gente a una sanación interior, sanando los vínculos emocionales que uno pueda haber incluso adquirido sin darse cuenta por los pecados de nuestros ancestros. Su punto de vista está basado en la experiencia personal carismática, en donde personas han logrado superar patrones de conducta pecaminosos, a través de la oración. No es una regresión mental, ni se trata de que seas culpable de los pecados de tus abuelos, sino de encomendar al Señor, ofrecer en la Eucaristía los pecados de tus ancestros, que a veces son almas por las que nadie reza. A través de este método, se nos intenta llevar, por la oración, a sanar conductas que tú mismo no sabes cómo las has adquirido y te hacen ser como eres, y que en la infancia quizás también me las inculcaron”, prosiguió.

Padre Pedro advirtió que el tema “requiere la atención pastoral” y “una catequesis”, para evitar que la persona lo malinterprete. Según el sacerdote exorcista Padre Ricardo Hernández, “el problema hoy es que se va a una misa en los ritos fúnebres y se han vuelto reuniones sociales y celebraciones de la vida del difunto, en vez de momentos de oración, sacrificio y penitencia para sufragar al difunto de sus pecados”.

Al respecto, concluyó que la oración de liberación “ayuda a poner en perspectiva la necesidad de no estar sometido a la herencia de la que Cristo nos ha dado el poder de librarnos”.

Para más información llamar a Parroquia San Esteban Protomártir al 787-799-2925.


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