Actualidad

“Dichosos los que construyen la paz, porque Dios los llamará sus hijos”.

San Mateo 5.9

1. Una vez más, el próximo 6 de noviembre, nuestro pueblo es  convocado a las elecciones generales. Este año se celebrará, además, en la misma fecha, un plebiscito sobre el estatus de Puerto Rico y su relación con los Estados Unidos. Ofrecemos la presente declaración como guía a la libertad y al discernimiento democrático de los católicos y de todos los puertorriqueños y puertorriqueñas de buena voluntad. Es por eso, que los obispos Católicos de Puerto Rico queremos “acompañar a los constructores de la sociedad, ya que es la vocación fundamental de la Iglesia en este sector, formar las conciencias, ser abogada de la justicia y de la verdad, y educar en las virtudes individuales y políticas. Queremos llamar al sentido de responsabilidad de los laicos para que estén presentes en la vida pública, y más en concreto “en la formación de los consensos necesarios y en la oposición contra las injusticias”. 1

2. Las enseñanzas del Concilio Vaticano II nos recuerdan claramente que: “Los cristianos todos deben tener conciencia de la vocación particular y propia que tienen en la comunidad política; en virtud de esta vocación están obligados a dar ejemplo de sentido de responsabilidad y de servicio al bien común, así demostrarán también con los hechos cómo pueden armonizarse la autoridad y la libertad, la iniciativa personal y la necesaria solidaridad del cuerpo social, las ventajas de la unidad combinada con la provechosa diversidad.”2

3. La Iglesia, reafirma que el pueblo cristiano forma parte esencial de la comunidad política puertorriqueña, que no puede huir del debate político. Tampoco puede vivir enajenado de los asuntos públicos o de las decisiones que toman los gobernantes.

4. Es en la Buena Noticia que radica la fuerza de los reclamos cristianos que promueven la dignidad humana, la justicia y la solidaridad. Y es que, “cuando en el mundo no hay justicia, cuando la justicia está humillada, la Iglesia, los cristianos no pueden callarse. Encerrarse en el silencio sería abdicar.”3

 

Un proceso de discernimiento frente a nuestra realidad

5. El proceso electoral se convierte en un proceso de discernimiento, frente a opciones ante las cuales tenemos que aprender a descubrir el plan de Dios para nosotros y nuestro pueblo. “El discernimiento es un proceso espiritual que busca distinguir las mociones del Espíritu en nuestro corazón, la presencia de Dios en las realidades humanas que están llamando a nuestra libertad hacia una decisión.”4

6. Este discernimiento es fundamental al momento de elegir a nuestros gobernantes. Esto es así para quienes creemos por la fe que toda autoridad humana proviene de Dios y es su providencia amorosa la que provee a nuestras necesidades temporales los gobernantes y demás líderes que nos vayan representar por los próximos cuatro años.5

7. Es por ello que “la Iglesia aprecia el sistema de la democracia, en la medida en que asegura la participación de los ciudadanos en las opciones políticas y garantiza a los gobernados la posibilidad de elegir… a sus propios gobernantes, o bien la de sustituirlos oportunamente de manera pacífica.”6

 

Reflexiones ante la democracia

8. Acogemos la preocupación expresada por los Obispos Latinoamericanos en la Conferencia de Aparecida frente al acelerado avance de diversas formas de regresión autoritaria, haciendo mal uso de la vía democrática. “Esto indica que no basta una democracia puramente formal, fundada en la limpieza de los procesos electorales, sino que es necesaria una democracia participativa y basada en la promoción y respeto de los derechos humanos.”7

9. “Corresponde a los que ejercen la autoridad reafirmar los valores que engendran confianza en los miembros del grupo y los estimulan a ponerse al servicio de sus semejantes.” El futuro de la humanidad está en manos de los que sean capaces de transmitir a las próximas generaciones razones para la vida y la esperanza.9

 

Las campañas políticas

10. Por años nuestro pueblo ha sido testigo de luchas  promovidas por los partidos políticos y otros movimientos ideológicos que socavan la dignidad del ser humano y rompen con el ambiente de paz que anhela nuestro pueblo en el umbral del Siglo XXI.

11. La afiliación a un partido político o la manifestación de un credo político particular no puede convertirse en un estigma que descarta de antemano la opinión o el punto de vista del adversario. Todos los habitantes de esta tierra somos hermanos y hermanas porque somos hijos de un mismo Padre. Cuando las ideologías absolutizan los intereses que defienden, la visión que proponen y la estrategia que promueven, terminan constituyéndose en nuevas religiones y se constituyen a sí mismas en nuevos ídolos, perdiendo su legitimidad.10

12. Lamentablemente, la violencia entre ciudadanos particulares que difieren respecto al futuro político de Puerto Rico tiene su origen y, en ocasiones, es alentada por los líderes del país y la propaganda de los partidos políticos. La Conferencia Episcopal Puertorriqueña hace un llamado a los dirigentes de los partidos políticos puertorriqueños para que todo debate sea de altura en torno al bien común que requieren los problemas del país. La propaganda realizada en nombre de la mentira esclaviza tanto al portavoz como al recipiente del mensaje.  Aquellos que recurren al insulto o a la calumnia contra otras personas contradicen el mandamiento del Amor y mutilan el rostro de la solidaridad que caracteriza a los boricuas.

13. Ante el despilfarro de cuantiosas sumas de dinero en campañas publicitarias enajenadas del debate serio de ideas, la Iglesia seguirá promoviendo la solidaridad con nuestros hermanos y hermanas que aún habitan en comunidades pobres y carecen de recursos económicos “Más que una publicidad superficial, el electorado tiene derecho a un conocimiento claro y completo de los programas de los partidos, del expediente de servicio y conducta moral de los candidatos, del panorama sociológico objetivo del país, de la dignidad y funcionalidad de las opciones.”11

14. El tiempo previo a los comicios debe ser un período de discernimiento para que todos podamos elegir con sabiduría a los hombres y mujeres que tengan por norte el bien común de nuestro pueblo. Líderes que sepan establecer un diálogo sincero, promover acuerdos y tomar decisiones que encaminen nuestra sociedad a un futuro de bienestar. “Personas capaces de asumir auténticamente como finalidad  el bien común y no el prestigio o el logro de ventajas personales.”12

 

El proceso eleccionario

15. “La participación en la vida comunitaria no es solamente una de las mayores aspiraciones del ciudadano, llamado a ejercitar libre y responsablemente el propio papel cívico con y para los demás, sino también uno de los pilares de todos los ordenamientos democráticos, además de una de las mejores garantías de permanencia de la democracia.”13 Ningún ciudadano está obligado a votar exclusivamente bajo la insignia de un partido político particular. Ni a elegir un candidato o candidata que contradiga las enseñanzas del Evangelio. La Iglesia, además, invita a todas aquellas personas que trabajen como funcionarios en los colegios de votación y unidades electorales a que realicen sus labores en un marco de honradez, cordialidad y respeto para que fluya la paz en todo el proceso.

 

Sobre el plebiscito de estatus

16. La Iglesia invita a los líderes del país para que establezcan un diálogo permanente y respetuoso, fundamentado en un proceso pedagógico,  en torno a este tema vital. La historia demuestra que el pueblo puertorriqueño ha logrado superar grandes pruebas sólo cuando todos trabajan unidos. Dicho diálogo tiene que partir del reconocimiento del derecho a la autodeterminación de cada pueblo y nación lo que implica que Puerto Rico tiene un derecho fundamental a la existencia, a la propia lengua y cultura, a modelar su vida según las propias tradiciones y a construir el propio futuro proporcionando a las generaciones más jóvenes una educación adecuada;14 es decir que los puertorriqueños y puertorriqueñas han de ser los principales protagonistas de su historia.

 

Exhortación final

17. Todos tenemos el deber de participar de estos procesos como ciudadanos y como cristianos, haciendo posible en nuestro pueblo el bien común y una vida plena en el amor. Por eso, exhortamos a que todos cumplan con los requisitos legales para hacerlo y votar. Y hacerlo en el mejor uso de su libertad y conciencia, luego de un proceso de discernimiento serio, frente a las implicaciones de esta coyuntura histórica para el futuro de nuestro pueblo.

18. Queremos concluir nuestro mensaje  pidiendo al buen Dios por los ruegos maternales de Santa María, Madre de la Divina Providencia, declarada por el Papa Pablo VI en el 1969, “Patrona principal de toda la Nación Puertorriqueña”, que nos conceda la sabiduría necesaria para ejercer  nuestra responsabilidad como ciudadanos y ciudadanas  y así alcanzar  el bienestar de nuestra patria.

 

21 de septiembre de 2012

Fiesta de San Mateo Apóstol y Evangelista

 

 

Fdo.

 

+ Rubén Antonio González Medina, cmf

Obispo de Caguas, Presidente de la CEP

 

+ Mons.  Roberto Octavio González Nieves, ofm

Arzobispo Metropolitano de San Juan de Puerto Rico

 

+ Mons. Félix Lázaro Martínez Sch.P

Obispo de Ponce, Vice- Presidente de la CEP

 

+ Mons. Álvaro Corrada del Rio, SJ

Obispo de Mayagüez

 

+ Mons. Eusebio Ramos Morales

Obispo de Fajardo-Humacao

 

+ Mons. Héctor Rivera Pérez

Obispo Auxiliar Emérito  de San Juan

 

+ Mons. Ulises Casiano Vargas

Obispo Emérito de Mayagüez

 

________________________

1 Documento de Aparecida n.508.

2 Gaudium et Spes n.75

3 Católicos y Políticos: una unidad en tensión n.7

4 Alfonso de Jesús Marín González, reflexión sobre el discernimiento basado en los escritos de Joao B. Libiano, S.J.

5 Catecismo de la Iglesia Católica nn. 1897 ss.

6 Centesimus Annus n.46

7 Documento de Aparecida n.74

8 Catecismo de la Iglesia Católica n.1917

9 Gaudium et Spes n.31,3

10 Puebla n.536

11 Maestros y Profetas, pp-296-297

12 Compendio de Doctrina Social n.410


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