Las guerras del tsunami
José R. Ortiz Valladares
director@elvisitante.biz
«
Debemos decirle a la gente que aun cuando estos eventos
terribles ocurren, no significa que Dios no nos ama.» ...«que
sencillamente lo que creemos es que la vida es un
misterio...Pero sabemos esto: que Dios nos ama y
que tiene un plan para todos nosotros» explicaba
el Cardenal Theodore E. McCarrick de Washington,
DC en una entrevista con un periodista de CNN. Al
momento de la entrevista, el cardenal McCarrick se
encontraba de visita en Sri Lank; en las zonas afectadas
por un tsunami que ha causado la muerte a más
de 250,000 y ha afectado a más de 12 países.
Guerras civiles
Cientos de miles de personas han perdido la vida
en las zonas afectadas como consecuencia de guerras
civiles en esta región. En Sri Lanka,
más de 66,000 personas han muerto y más
de un millón han sido desplazadas producto
de la lucha encarnizada entre la minoría tamil
y la mayoría cingalesa. Mientras que en la
provincia Indonesia de Aceh, la zona más cerca
del epicentro del maremoto, los rebeldes del Movimiento
Aceh Libre, GAM, llevan una guerra sin cuartel por
la independencia de la provincia que ha causado la
muerte a más de 12,000 personas desde 1976.
El Movimiento por un Aceh Libre (GAM) inclusive
acusa al ejercito indonesio de emplear el reciente
maremoto
como un pretexto para aumentar su lucha contra
los rebeldes y negar su ayuda a los que simpaticen
con
ellos, mientras que el ejercito indonesio acusa
al GAM de atacar las caravanas de ayuda para los
damnificados.
El maremoto produjo la muerte a más de 100,000
personas en la provincia de Aceh ubicada en el extremo
norte de la isla de Sumatra. La realidad es que el
12 de enero el vicepresidente de Indonesia,
Jusuf Kalla, informó que todas las tropas
extranjeras deberán salir del país
antes de marzo 23. La órden se dá un
día después de que el comandante de
las fuerzas armadas de Indonesia ordenara una restricción
en la circulación de los trabajadores extranjeros
que están prestando su ayuda a los damnificados.
Aceh, una zona rica en petróleo, ha estado
virtualmente aislada desde que comenzó el
conflicto, hace más de 30 años.
En la aldea de pescadores de Punta Pedro en Sri
Lanka, además de las enfermedades, de la falta de
agua potable, de alimentos, de techo y de la pérdida
de los seres queridos de los sobrevivientes se añade
el peligro de las minas terrestres desenterradas
y desparramadas por las olas del tsunami. Los expertos
estiman que en Sri Lanka existen cerca de un millón
de minas plásticas vestigio de la prolongada
guerra civil de Sri Lanka. Los Tigres para la Liberación
de Tamil Eelam, cuyo territorio comienza a unos pocos
kilómetros de Punta Pedro, dijeron que casi
10.000 personas murieron en sus bastiones costeros
del norte.
Los Tigres de Tamil es una organización
identificada por el Departamento de Estado de los
Estados Unidos, como el grupo terrorista que más
muertes ha causado mediante ataques suicidas (casi
siete veces más que los ataques suicidas causados
por el grupo palestino terrorista Hamas). A esto
se suma el reclutamiento de niños como soldados
de su ejercito.
La República Socialista de Sri Lanka (antiguo
Ceilán) es uno de los lugares del mundo que
lleva más de dos décadas (desde 1983)
en guerra civil y del cuál poco se habla. La
lucha encarnizada entre la minoría tamil y
la mayoría cingalesa se origina por la opresión
de los últimos sobre los primeros mediante
el establecimiento de leyes discriminatorias. La
tension entre los tamiles y los cingaleses comienza
desde la independencia de Sri Lanka en 1948.
«
Un gigantesco demonio creado por los hombres y la
posición de los planetas» explicó un
gurú Hindú al preguntársele
por la causa del fenómeno del Tsunami. «No
tiene nada que ver con un castigo de Dios. Si no, ¿por
qué Dios no castiga al demonio en otros lugares?» contestó un
imán musulmán respondiendo a la misma
pregunta.
«
No vemos a Dios castigando con la naturaleza. Vemos
a Dios castigando a cada uno de nosotros, si tuviese
que hacerlo, a su forma y a su tiempo. Vemos a un
Dios como un Dios que perdona, como un Dios que nos
ama y que ama el perdonar. Vemos toda la historia
de la Cruz, toda la narración de Jesús
que da su vida por los demás, como un signo
de su deseo de aceptar nuestro sufrimiento, de cargar
nuestras penas y de alcanzarnos la vida eterna.» concluyó el
Cardenal Theodore E. McCarrick de Washington durante
su viaje en enero a las zonas afectadas de Sri Lanka.