Guerras civiles, desastres naturales y minas antipersonales
A las penurias que están sufriendo las centenas
de miles de víctimas del tsunami, se añade
la lucha encarnizada con visos de guerra civil en
dos de los 12 países afectados: Sri-lanka
y Aceh en Indonesia.
En Sri-lanka (antiguo Ceilán) la lucha por
la independencia de los territorios del norte y este
de la isla ha cobrado 65,000 vidas desde 1983. En
Aceh, Indonesia, el conflicto separatista ha dejado
un saldo de 12,000 muertos desde 1976. En este clima
de trágica desconfianza tanto los insurgentes
como el gobierno se acusan mutuamente de entorpecer
la ayuda humanitaria y de falta de cooperación.
Más aún, en Sri-lanka el tsunami ha
desenterrado y revolcado las minas antipersonales
causando mayor dolor en la población. En este
renglón estamos publicando las expresiones
de la Santa Sede en las cuales solicita una atención
mayor a las víctimas.
“
Las minas antipersonales matan y mutilan a numerosas
víctimas inocentes, y también perjudican
gravemente la economía de los países
en vías de desarrollo, privándolos
de numerosas tierras cultivables aún minadas,
que son esenciales para la supervivencia de esas
naciones. Es necesario que esto cese” reza
el mensaje de la Santa Sede del 22 de noviembre de
2004, al presidente de la conferencia sobre prohibición
de minas antipersonales, Wolfgang Petrisch.
Las minas antipersonales tienen el efecto terrorífico
de mutilar y destrozar el cuerpo de quienes se tropiecen
con una. Estas armas “viles, asesinas e inútiles” (Arzobispo
Silvano María Tomasi) son una fuente de sufrimiento
sobre todo en los cuerpos de refugiados en fuga y
de mujeres y hombres que trabajan en los pueblos
de las fronteras. (2/15/04 zenit.org)
De nuevo, hace apenas nueve meses que Juan Pablo
II hizo un llamado a revertir la creciente ola de
violencia en el mundo a los nuevos embajadores ante
la Santa Sede, entre quienes se encontraba Sarala
Manourie Fernando de Sri-lanka. El Papa destacó que
ante las noticias inquietantes sobre la situación
de los derechos humanos, mostrando a hombres, mujeres,
niños torturados y profundamente despreciados
en su dignidad, “hay que educar las conciencias
para que cesen de una vez las violencias insoportables
que pesan sobre nuestros hermanos … no podemos
vivir en paz y nuestro corazón no podrá permanecer
en paz si los hombres no son tratados dignamente… tenemos
el deber de ser solidarios”. (5/27/2004 acidigital.com).