De mi vida religiosa
Sor Ida Negrón, O.P.
Para EL VISITANTE
Mirando al pasado me convenzo de que Dios tiene
las formas más raras para llamar a quien
quiere. El Señor tiene sus medios y sus
maneras para con cada uno de nosotros y nosotras.
Ingresé a las Hermanas Dominicas de una
forma insospechada para mí. Mi conducta
en la escuela pública no era la mejor a
un punto que el superintendente, Sr. Bonilla, aún
me acuerdo de su nombre, me suspendió de
la misma. Hice muchas promesas, pero fue muy poco
lo que logré cambiar, volví a la
escuela y nada. Mi mamá decidió enviarme
a la Academia Santa Teresita en Naranjito, con
miles sacrificios, para ver si dejaba el béisbol
[que era mi pasión] y mejoraba mi conducta.
Después de haber estado dos meses con las
Hermanas en la Academia no tuve duda, aquí era
donde Dios me llamaba. La espiritualidad de las
Hermanas, su ministerio personal, y la manera de
como vivían y trabajaban entre la gente
me hizo cuestionarme e inspirar a decir “¡Sí,
yo iré!”. Así que, el día
5 de agosto de 1954, dejé mi hogar, mi familia,
mis amistades, para consagrar mi vida al Señor.
Este fue mi primer viaje por avión, con
destino a Nueva York, en aquel entonces 8 horas
de viaje. Mi madre me dio dos semanas, han sido
las dos semanas más largas de la historia.
Fue una decisión radical la que hice a la
edad de 18 años y que he seguido haciendo
con una enorme gratitud a Dios durante estos cincuenta
años.
Deseo decirle a los jóvenes y no jóvenes
que es un privilegio que el Señor nos llame
a vivir su Evangelio, y compartir con tanta gente
los valores de justicia, sencillez y pobreza. Por
otra parte, afirmo que para perseverar en la vida
religiosa o en el matrimonio, profesión
o trabajo es necesario tener unas convicciones
firmes. Son las convicciones basadas en el amor
las que dan aliento y fuerza.
Jubileo significa para mí tiempo para celebrar
el amor y la fidelidad constante de Dios Padre/Madre,
quien le ha dado y da un profundo sentido a mi
vida. Echando una mirada 50 años atrás,
me maravillo de la riqueza y la variedad de mi
vida. He tratado de vivir mi compromiso con Jesús
compartiendo su amor de diversas formas, siempre
teniendo presente mi origen de familia pobre, de
raíces profundamente cristianas, mi puertorriqueñidad,
dando lo mejor que el Señor me ha dado para
el servicio a los demás. Siempre, preferentemente,
con una opción por aquellos/as que poseen
menos, trabajando por la paz.
También celebro las oportunidades que Jesús
ha escogido para mí durante todos estos
años, desafíos que me han ayudado
a crecer en madurez, amor, compasión y comprensión.
Esta ocasión también es un momento
oportuno para pedir perdón por todo aquello
que he hecho que no ha correspondido al profundo
amor que el Señor me tiene.
El peregrinar de estos 50 años me ha llevado
a muchos lugares en y fuera de Puerto Rico, a conocer
mucha gente santa y buena que jamás hubiera
imaginado encontrar. En los últimos 21 años
he vivido en el querido pueblo de Isabela, del
cual soy hija adoptiva. El testimonio que de ellos
he recibido durante todo este tiempo ha ensanchado
mi vida y me ha hecho una persona mejor. Dios ha
cumplido con la promesa que me hizo y que hace
a toda persona que sigue su llamada, dar el cien
por uno. Sí, en verdad he recibido cien
veces más: el don precioso de mi familia
y amistades, de las Hermanas de la Provincia, mis
compañeras en la jornada. Con gran gozo
le doy gracias a Dios por mi vocación religiosa
y sobre todo por llamarme a ser Hermana de la Congregación
de la Santa Cruz, con sede en Amityville.
A ustedes que me acompañan en este jubileo,
gracias por ser parte de mi caminar... A mi querida
familia les agradezco de corazón todo lo
que significan para mí, el querer compartir
de modo especial, como lo hemos hecho hoy, este
momento especial de mi vida. Estoy segura que desde
la eternidad Papi, Mami, Oscar y Esther nos acompañan
y están tan contentos y contentas como lo
estamos nosotros/as. Sin ustedes mis hermanos y
hermanas, el camino hubiese sido distinto. Gracias
Angel, Guiso, Mene, [Monseñor Hermín],
Rita, Pucha, Nelly y Harry. Ustedes son para mí un
regalo de Dios.
El otro día recordaba que cuando tomamos
el hábito en el 1955 alguien dijo: ¿vamos
a cumplir 50 años en 2005? Y nos moríamos
de risa. Encontrábamos que era lo más
divertido que fuera a existir el año 2000.
Había toda una idea del 2000 como el fin
del mundo, por eso sentíamos que era tan
divertido decir 2005. Pero Dios es dueño
del tiempo y uno mira los años como don
de El. ¡Qué importan los años
que pasen! La idea es entregarse, darse a las personas. ¡Y
eso es lo que he hecho! Y exhorto a todo/a joven
que se sienta llamado/a por el Señor a no
vacilar en darle el sí.
Si alguna joven o adulta le interesa seguir este
mismo camino puede llamar al 787-312-2893, 787-872-2406
(Fax).