Edición 07 •  13 al 19 de febrero de 2005
Hoy es miércoles, 8 de febrero de 2012

De mi vida religiosa

Sor Ida Negrón, O.P.
Para EL VISITANTE

Mirando al pasado me convenzo de que Dios tiene las formas más raras para llamar a quien quiere. El Señor tiene sus medios y sus maneras para con cada uno de nosotros y nosotras. Ingresé a las Hermanas Dominicas de una forma insospechada para mí. Mi conducta en la escuela pública no era la mejor a un punto que el superintendente, Sr. Bonilla, aún me acuerdo de su nombre, me suspendió de la misma. Hice muchas promesas, pero fue muy poco lo que logré cambiar, volví a la escuela y nada. Mi mamá decidió enviarme a la Academia Santa Teresita en Naranjito, con miles sacrificios, para ver si dejaba el béisbol [que era mi pasión] y mejoraba mi conducta. Después de haber estado dos meses con las Hermanas en la Academia no tuve duda, aquí era donde Dios me llamaba. La espiritualidad de las Hermanas, su ministerio personal, y la manera de como vivían y trabajaban entre la gente me hizo cuestionarme e inspirar a decir “¡Sí, yo iré!”. Así que, el día 5 de agosto de 1954, dejé mi hogar, mi familia, mis amistades, para consagrar mi vida al Señor. Este fue mi primer viaje por avión, con destino a Nueva York, en aquel entonces 8 horas de viaje. Mi madre me dio dos semanas, han sido las dos semanas más largas de la historia. Fue una decisión radical la que hice a la edad de 18 años y que he seguido haciendo con una enorme gratitud a Dios durante estos cincuenta años.

Deseo decirle a los jóvenes y no jóvenes que es un privilegio que el Señor nos llame a vivir su Evangelio, y compartir con tanta gente los valores de justicia, sencillez y pobreza. Por otra parte, afirmo que para perseverar en la vida religiosa o en el matrimonio, profesión o trabajo es necesario tener unas convicciones firmes. Son las convicciones basadas en el amor las que dan aliento y fuerza.

Jubileo significa para mí tiempo para celebrar el amor y la fidelidad constante de Dios Padre/Madre, quien le ha dado y da un profundo sentido a mi vida. Echando una mirada 50 años atrás, me maravillo de la riqueza y la variedad de mi vida. He tratado de vivir mi compromiso con Jesús compartiendo su amor de diversas formas, siempre teniendo presente mi origen de familia pobre, de raíces profundamente cristianas, mi puertorriqueñidad, dando lo mejor que el Señor me ha dado para el servicio a los demás. Siempre, preferentemente, con una opción por aquellos/as que poseen menos, trabajando por la paz.

También celebro las oportunidades que Jesús ha escogido para mí durante todos estos años, desafíos que me han ayudado a crecer en madurez, amor, compasión y comprensión. Esta ocasión también es un momento oportuno para pedir perdón por todo aquello que he hecho que no ha correspondido al profundo amor que el Señor me tiene.

El peregrinar de estos 50 años me ha llevado a muchos lugares en y fuera de Puerto Rico, a conocer mucha gente santa y buena que jamás hubiera imaginado encontrar. En los últimos 21 años he vivido en el querido pueblo de Isabela, del cual soy hija adoptiva. El testimonio que de ellos he recibido durante todo este tiempo ha ensanchado mi vida y me ha hecho una persona mejor. Dios ha cumplido con la promesa que me hizo y que hace a toda persona que sigue su llamada, dar el cien por uno. Sí, en verdad he recibido cien veces más: el don precioso de mi familia y amistades, de las Hermanas de la Provincia, mis compañeras en la jornada. Con gran gozo le doy gracias a Dios por mi vocación religiosa y sobre todo por llamarme a ser Hermana de la Congregación de la Santa Cruz, con sede en Amityville.

A ustedes que me acompañan en este jubileo, gracias por ser parte de mi caminar... A mi querida familia les agradezco de corazón todo lo que significan para mí, el querer compartir de modo especial, como lo hemos hecho hoy, este momento especial de mi vida. Estoy segura que desde la eternidad Papi, Mami, Oscar y Esther nos acompañan y están tan contentos y contentas como lo estamos nosotros/as. Sin ustedes mis hermanos y hermanas, el camino hubiese sido distinto. Gracias Angel, Guiso, Mene, [Monseñor Hermín], Rita, Pucha, Nelly y Harry. Ustedes son para mí un regalo de Dios.

El otro día recordaba que cuando tomamos el hábito en el 1955 alguien dijo: ¿vamos a cumplir 50 años en 2005? Y nos moríamos de risa. Encontrábamos que era lo más divertido que fuera a existir el año 2000. Había toda una idea del 2000 como el fin del mundo, por eso sentíamos que era tan divertido decir 2005. Pero Dios es dueño del tiempo y uno mira los años como don de El. ¡Qué importan los años que pasen! La idea es entregarse, darse a las personas. ¡Y eso es lo que he hecho! Y exhorto a todo/a joven que se sienta llamado/a por el Señor a no vacilar en darle el sí.

Si alguna joven o adulta le interesa seguir este mismo camino puede llamar al 787-312-2893, 787-872-2406 (Fax).

Archivo EVnovedades...nuestros auspiciadores

Ir al tope del documento
Ir atrs
Página Principal De Portada Esta Semana En Foco Formación Liturgia Por las diócesis EV de Revista