Regresemos...
Visitar
a Jesús Sacramentado
San Juan Bosco decía: ¿Queréis
que el Señor os bendiga? Visitadlo en el
Santísimo Sacramento. ¿Queréis
que os bendiga más? Visitadlo más. ¿Queréis
que os bendiga inmensamente? Visitadlo frecuentemente.
El Concilio Vaticano dijo que el creyente manifiesta
su fe en la Eucaristía con sus visitas frecuentes
y fervorosas al Santísimo Sacramento.
En cada Sagrario se podría escribir aquellas
hermosas palabras que Marta le dijo a María: “El
Maestro está aquí y te llama” (Jn
11,28).
Los santos tuvieron grandísimo aprecio por
la visita a Jesús Eucaristía. Santa
Micaela, San Antonio Claret, San Luis, el Beato
Alberione, Santa Teresa y muchos más, pasaban
horas cada día ante el Sagrario, y repetían
hermosas frases del salmista: “Vale más
una hora en tu santuario que muchas horas en la
casa de los mundanos. El ave encuentra refugio
en su nido. Tus altares son para mí el mejor
refugio, Señor. Dichosos los que van a tu
casa a bendecirte. En ti encuentra su fuerza y
su ayuda, y al atravesar los áridos desiertos
de la vida los irán convirtiendo en agradables
oasis” (Salmo 84).
Pío XII preguntaba: ¿De dónde
sacaba San Francisco Javier esa admirable fortaleza
para no desanimarse nunca en la formidable tarea
de misionero? Y respondía: “En que
cada noche, al volver rendido de cansancio, iba
a postrarse ante el Sagrario a adorar, dar gracias
y pedir favor. A veces caía rendido por
el suelo pero después de descansar allí un
rato, volvía a arrodillarse ante el Santísimo
en adoración. Nada de raro que entonces
al día siguiente sus palabras fueran convirtiendo
gentes al por mayor. Llevaban la unción
de quien había estado hablando con Jesucristo”.
Santo Domingo Savio cada mañana al volver
del colegio iba a arrodillarse unos momentos ante
el Santísimo Sacramento. Y Juan Pablo II
cuando era simple obrero en Polonia, cada tarde
al volver del trabajo, iba con varios de sus compañeros
a adorar a Cristo en el Sagrario. Con razón
obtuvieron tantos favores divinos.
Dijo el Concilio Vaticano II: “La Eucaristía
nos une con Cristo y entre nosotros. Ella es la
lumbre que ilumina y da calor en la vida cristiana.
La Iglesia crece y vive mediante la Eucaristía.
Ella es el alma de todo apostolado y alimenta y
hace crecer el amor a Dios y al prójimo.
La Eucaristía renueva la alianza entre Dios
y nosotros. Ella contiene todo el bien espiritual
de la Iglesia. Es recomendable hacer visita diaria,
aquí está la señal segura
de nuestra esperanza para el futuro y alimento
para no desmayar”.
San Francisco de Asís cuando pasaba delante
de una Iglesia decía: “Te adoro, oh
Señor, en este Sagrario y en todos los Sagrarios
del mundo y te agradezco por haberte sacrificado
por nosotros”.
Las tres grandes ayudas para caminar en el camino
del cielo son: la Santa Misa, la Comunión
fervorosa y la visita diaria al Santísimo.
Las visitas al Santísimo son pruebas de
gratitud, señal de amor y expresión
de adoración debida al Señor. (Pablo
VI)
Podemos hacer las visitas al Santísimo en
la Iglesia, desde la casa, el trabajo, mientras
viajamos, al pasar delante de una iglesia o capilla,
antes de empezar la Santa Misa y después
de la misma. Recobremos la devoción y amor
a Jesús en la Eucaristía.
Acompañemos a Jesús en la soledad
de Su Sagrario y reparemos la indiferencia y frialdad
de muchas almas.
¿
Realmente me amas?
Entonces ven a mí.
Visítame frente al
Santísimo Sacramento.
Aprovecha tu corto tiempo
en la tierra. Haz las cosas que te llevarán
a la vida eterna.
Por favor, hazlo.
Ven a mí frecuentemente frente al Santísimo
Sacramento,
especialmente cuando estés lastimado por
preocupaciones,
miedos, ansiedades, dolor y sufrimiento de cualquier
clase.
Asiste a Misa y recibe la Santa Comunión
más frecuentemente.
Ora más y reza el Rosario. Conóceme
más para que yo pueda
ayudarte mejor a llevar tu cruz.
(Colaboración del Sr. William Arias, presidente
y co-fundador de los nuevos turnos en Bayamón
y Guaynabo de la Adoración Nocturna.)