Edición 07 •  13 al 19 de febrero de 2005
Hoy es viernes, 18 de mayo de 2012

El mandamiento del descanso

Padre Isaías Revilla Casado, OSA
frirevilla@hotmail.com
Para EL VISITANTE

P/ Con la respuesta que dio hace unas semanas sobre la creación usted ha destruido la obra creadora de Dios y su mandamiento del descanso. ¿Es que vale más la teoría de Darwin que la acción de Dios?

José Pérez

R/ Cuando yo digo que “comprendo a los judíos, pero a los adventistas no”, es porque, dada la mentalidad oriental, en que para explicar una cosa se sirven habitualmente de un cuento (parábola), no tiene nada de particular que los judíos se imaginasen a un hercúleo dios haciendo los mares y los abismos, y empleando una fuerza titánica. Naturalmente, este modo de hablar antropomórfico era comprensible que exigiese un descanso, como le había ocurrido a Hércules en sus doce trabajos. Era lo que vivían en medio del mundo mitológico egipcio. Y entiendo que al pueblo judío esto pudo servirle incluso para santificarse; pero no por haber imaginado así la creación, ni por haber elegido el sábado (podían haber elegido otro de la semana), sino por ser fieles en su observancia.

Sin embargo, a nuestra mente occidental, mucho más racional, todo esto nos repugna directamente. Y lo mismo que ya hoy a nadie se le ocurre decir que es el sol quien da vueltas en derredor de la tierra, a pesar de que eso es lo que se contempla en la Biblia y también en nuestras expresiones coloquiales: “el sol sale”, “la puesta del sol”; así tampoco se puede decir hoy que todos esos millones de años, comprobados científicamente en los fósiles, permitan la más mínima duda de que el relato bíblico de la creación no puede ser considerado histórico, sino didáctico. Y si a Galileo le bastó un rudimentario telescopio para convencerse de que la tierra era redonda, el “carbono 14” nos asegura mejor, que esos días de la creación no pueden ser medidos con nuestros relojes de 24 horas. Y si con el telescopio de Galileo no sufrió absolutamente nada el valor revelado de la Biblia, tampoco tiene por qué traer el carbono 14 ningún detrimento al texto bíblico, al decir que esos días no fueron de 24 horas, sino de un tiempo muchísimo más largo.

Los que sí pueden sentir que todo se les viene abajo son los adventistas, que se les acaba el fundamento de su dichoso “séptimo día”.

Yo no sé por qué los judíos eligieron para ese séptimo día el de Saturno (Saturday) y no el de Marte (Martes)... Llamarle sábado no entra en mis cabales, porque Dios es espíritu puro, infinitamente más poderoso que Hércules y no necesitó ningún descanso ni para los seis días, ni para los millones de años que supone toda la formación astronómica del Universo. Querer resucitar todo esto en el siglo XIX, como hacen los adventistas, cuando ya Orígenes y San Agustín lo vieron en el siglo IV, no deja de ser, al menos, un anacronismo descarado.

Por el contrario, sé muy bien por qué los cristianos elegimos para ese séptimo día el del Sol (Sunday) y por qué le cambiamos el nombre: ése fue el día del Señor, el “Dominicus dies”, el fundamento de nuestra fe (1 Cor. 15,17) y por eso le llamamos “Domingo”. El tercer mandamiento de la Ley de Dios no consiste en llamarse sábado o domingo, sino en dedicarle a ÉL una jornada entre seis.

Como ves lo que vale es la verdad y Dios es la VERDAD. Por eso yo no le tengo miedo a la verdad, venga de donde venga: “Andar en verdad”, que decía Santa Teresa, es andar humildemente ante Dios. Y eso nunca nos apartará de él. Leer mal la Biblia sí.

Para otros temas relacionados vea http://sududa.tripod.com sección Biblia.

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