Edición 07 •  13 al 19 de febrero de 2005
Hoy es martes, 7 de febrero de 2012

Primer Domingo de Cuaresma – Ciclo A
Las tentaciones de Jesús

P. Angel Manuel Santos Santos
Para EL VISITANTE

Génesis 2, 7-9.3, 1-7

Dios crea al hombre y le ofrece la gracia para que pueda obedecerle libremente en el amor. El ofrecimiento es rechazado por el hombre que, siendo tentado, cae en pecado y se aparta de Dios.

Salmo 50, 3-6. 12-14. 17

El salmista se reconoce pecador y suplica a Dios que lo salve purificándolo y renovándolo interiormente. Esta purificación y renovación la ofrece Dios en el Misterio Pascual de su Hijo Jesús. En Cristo, que nos perdona en la cruz, Dios muestra su gran misericordia hacia el pecador.

Romanos 5, 12-19

Este tema de este pasaje es la liberación del pecado y la muerte. Por Jesucristo la benevolencia y el don de Dios se desbordan sobre todos. Una sola culpa resultó en la condenación de todos y el acto de justicia de Jesús resultó en el perdón y vida para todos.

Mateo 4, 1-11

En la sección de la promulgación del Reino de los Cielos, san Mateo narra las tentaciones de Jesús en el desierto. Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para orar y para ayunar. Cuando Jesús se sintió débil por el hambre, se acercó el tentador.

La Eucaristía, fuerza en la tentación

El evangelio habla de un tiempo de retiro y soledad de Jesús en el desierto después de su bautismo por Juan en el Jordán. Durante la Cuaresma, la Iglesia se une al misterio de Cristo que pasó cuarenta días de ayuno y oración.. San Mateo apunta que Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu Santo, que vivió entre animales y los ángeles le servían. Después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, sintió hambre. Cuando el hombre deja de comer, su cuerpo siente hambre. Cuando hacemos ayuno, como obra de penitencia, es para aumentar el deseo de Dios. La Iglesia pide el ayuno de una hora antes de comulgar con el propósito suscitar en nosotros este anhelo de Dios.

Cuando tenemos apetencia de Dios, el enemigo se acerca para ofrecernos de comer y ocupar el lugar que le corresponde a Dios. El tentador le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan». La única manera de enfrentarnos a la tentación es reconociendo de nuevo que somos hijos amados de Dios. Es darnos cuenta que sólo Dios por Cristo en el Espíritu sacia nuestra hambre espiritual. Como hijos amados de Dios, los fieles se acercan a la Santa Misa para alimentarse espiritualmente con el sacramento del Cuerpo y la Sangre de Cristo.

El tentador intenta que nos alejemos de la única cosa necesaria, el mismo Jesús, Pan de Vida que nos alimenta con su Palabra y su Cuerpo. El tentador trata que los fieles olviden que la Iglesia vive para Cristo y Cristo le da vida a la Iglesia. La respuesta de Jesús al tentador es muy significativa: «No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios». La Palabra de Dios es el mismo Hijo de Dios. En la tierra, la Iglesia es como la boca de Dios que proclama continuamente esa Palabra y nos da como alimento al mismo Hijo de Dios hecho hombre. La Iglesia vive de la Eucaristía, de Jesús que es el Pan Vivo que bajó del cielo. Cuando participamos en la Santa Misa recibimos a Cristo, Pan de la Palabra y Pan de la Eucaristía.

En las tentaciones, Cristo se revela como el Siervo de Dios totalmente obediente a la voluntad divina. La victoria de Jesús en el desierto sobre el tentador es un anticipo de la victoria de la Pasión, suprema obediencia al Padre. Esa victoria de Jesús en la cruz se celebra y se vive en la Eucaristía. La Santa Misa es la celebración de la victoria de Cristo sobre la muerte, el pecado y el tentador. Esa victoria Jesús nos la entregó a cada uno de nosotros. En cada Santa Misa, recibimos el fruto de esa victoria y hacemos una gran celebración por tan sublime don, que es el mismo Jesucristo, nuestro Señor.

Recibimos a Cristo para adorarlo en la Eucaristía. La persona más importante en la Santa Misa es Cristo, el Señor. A veces, convertimos la Eucaristía en una colgadero donde todo se recoge allí. Se usa el espacio y el tiempo de la Eucaristía para celebrar y recordar otras cosas alejándonos del verdadero propósito de encontrar y adorar a Cristo. Jesús dijo: «Al Señor, tu Dios adorarás y sólo a él le darás culto». Cuando participamos en la Eucaristía nos unimos al cielo y a todos los ángeles en el servicio y a la alabanza a Dios. La Santa Misa tiene como prioridad la adoración de Cristo en unión con los hermanos para recibir la fuerza que supera la tentación.


lecturas

  FEBRERO
   
13 + I DOMINGO DE CUARESMA
mo Misa pr, Cr, Pf pr. BS pr.
  L 1 Gn 2, 7-9; 3, 1-7; Sal 50
  L 2 Rm 5, 12-19
  Ev Lc 4, 1-11
  Oficio dominical sin Te Deum.
  (OL: Dt 6, 4-25)
   
14 Lunes I s.C. Feria
mo Misa pr, Pf I-V Cuar.
  L 1 Lev 19, 1-2. 11-18; Sal 18
  Ev Mt 25, 31-46
  Oficio de feria
  (OL: Dt 7,6-14; 8,1-6)
   
15 Martes I s.C. Feria
mo Misa pr, Pf I-V Cuar.
  L 1 Is 55, 10-11; Sal 33
  Ev Mt 6, 7-15
  Oficio de feria
  (OL: Dt 10, 12—11,9.26-28)
   
16 Miércoles I s.C. Feria
mo Misa pr, Pf I-V Cuar.
  L 1 Jon 3, 1-10; Sal 50
  Ev Lc 11, 21-32
  Oficio de feria
  (OL: Dt 10, 12—11,9.26-28)
   
17 Jueves I s.C. Feria
mo Misa pr, Pf I-V Cuar.
  L 1 Est 14, 1. 3-5. 12-14; Sal 137
  Ev Mt 7, 7-12
  Oficio de feria
  (OL: Dt 12, 1-14)
   
18 Viernes I s.C. Feria
mo Misa pr, Pf I-V Cuar. o I-II Reconc.
  L 1 Ez 18, 21-28; Sal 129
  Ev Mt 5, 20-26
  Oficio de feria
  (OL: Dt 15,1-18)
  ABSTINENCIA
   
19 Sábado I s.C. Feria
mo Misa pr, Pf I-V Cuar.
  L 1 Dt 26, 16-19; Sal 18
  Ev Mt 5, 43-48
  Oficio de feria (OL: Dt 16, 1-17)
mo I Vísp. del domingo sig. Comp. Dom I
  Misa vespertina del domingo sig.
   
20 + II DOMINGO DE CUARESMA
mo Misa pr, Cr, Pf prop. BS pr.
  L 1 Gen 12, 1-4a; Sal 32
  L 2 2 Tim 1, 8b-10
  Ev Mt 17, 1-9
  Oficio dominical sin Te Deum.
  (OL: Dt 18, 1-22)

 

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