Edición 11 • 13 al 19 de marzo de 2005
Hoy es viernes, 18 de mayo de 2012

Delimitan rasgos del agresor y de la víctima

Vivian Maldonado Miranda
entrevistas@elvisitante.biz

Probablemente luce confiable. Puede que no sea un pedófilo, ni utilce pornografía infantil. ¿Piensa usted que podría identificar a un agresor sexual de niños?

Según la gerente de la región de Carolina del Programa de Emergencias Sociales (PES) del Departamento de la Familia de Puerto Rico (DF), María Teresa Otero Calderón, los agresores sexuales infantiles son personas que, por lo regular, gozan de solvencia moral en la comunidad.

“Al investigar los casos, muchas veces preguntas y la gente te dice que él es un hombre muy bueno y ejemplar, que es imposible que haya hecho algo incorrecto”, comentó Otero Calderón. “Las personas deben quitarse el estereotipo de hombre visiblemente malo que ponen en las películas. Los agresores infantiles lucen como personas normales”.

Por su parte, el ex agente del FBI Kenneth Lanning, desde su punto de vista de investigador, clasifica a los agresores infantiles en un rango que va desde los “situacionales” hasta los “preferenciales”, dependiendo de lo que motive al criminal. Aunque el autor señala que un tipo de agresor puede comportarse en ocasiones como el otro, se pueden delimitar ciertas características que predominan.

Un agresor “situacional” no tiene una preferencia por los niños, ni es pedófilo, sino que los usa porque están disponibles, según señaló Lanning. Un cuadro más específico ofrecido por el ex agente detalla:

“Ellos tienden a ver pornografía adulta en vez de infantil (…). Frecuentemente hostigan a niños a los que tienen acceso fácilmente, como sus propios hijos o aquéllos con los que vive o sobre los que tiene control. Los adolescentes en la pubertad son blancos sexuales viables de alto riesgo para el agresor. Los niños pequeños pueden ser seleccionados porque son débiles, vulnerables o por su disponibilidad”.

Lanning delimita tres tipos de agresores situacionales. Estos incluyen al “retraído”, quien por lo regular padece de baja autoestima. El “inadecuado”, que puede mostrarse solitario o tímido. Además, al tipo “moralmente indiscriminado”, que arremete con violencia contra cualquier persona que lo rodea, incluyendo el maltrato a su esposa, amigos y compañeros de trabajo.

En cuanto a los agresores “preferenciales”, Lanning explica que es el tipo de agresor que sí padece de algún desorden mental de naturaleza sexual, que puede incluir la pedofilia y el sadismo. Este tipo de agresor, según el autor, es más propenso a coleccionar pornografía de temas específicos. Además, el autor explica que ellos, por lo regular, sí prefieren a los niños y tienen el potencial de agredir a una gran cantidad de víctimas infantiles. El ex agente detalla que este tipo de agresor tiende a preferir a un varoncito, más que a una niña.

Dentro de los agresores preferenciales, Lanning identifica cuatro tipos: el seductor, que tiende a convencer al niño; el introvertido, que puede utilizar a sus propios hijos; el sadista, que induce dolor en sus víctimas; y el diverso, que intenta experimentar todo tipo de conducta sexual.

Conductas de un posible atacante

Dentro del artículo “Espectro del comportamiento sexualmente abusivo” (Handbook of Clinical Intervention in Chile Sexual Abuse, S. Sgroi, Adaptación: Semillas para el Cambio), se detallan varias conductas que puede asumir el agresor. Entre estas, se encuentra el nudismo, que es cuando el adulto se pasea desnudo por la casa ‘inocentemente’. Además, la información señala que el adulto puede quitarse la ropa o desvestirse delante del menor o la menor cuando están solos.

Otra conducta que puede manifestar el agresor, según el artículo, es la observación del menor. En la observación, el escrito señala que el agresor vigila al niño mientras se desviste, se baña, orina o defeca.

Por su parte, la psicóloga Daritza Orovi, del Centro de Ayuda a Víctimas de Violación del Departamento de Salud (CAVV) afirmó a El Visitante que la agresión sexual es una agresión que utiliza como arma el sexo. Por esta razón, no tiene que estar motivada por un deseo sexual, sino que puede estar guiada por el deseo de poder y control sobre los demás.

La doctora delimitó varias fases del abuso sexual, entre las que mencionó la del envolvimiento, en la que el agresor intenta convencer a la víctima. Las demás fases incluyen la interacción sexual, la secretividad—en la que se persuade al menor a guardar secreto—y el descubrimiento. La última fase citada por la doctora corresponde a la de supresión, en la que la familia puede intentar minar la credibilidad de la víctima y el menor puede llegar a negar los cargos para reestablecer el equilibrio familiar.

Señales del niño abusado

De acuerdo con la trabajadora social del CAVV, Carmen Rivera Cartagena, un menor abusado puede manifestar conductas sexualizadas en el juego que no son adecuadas para su edad. Además, detalló que la conducta puede ser hablada o a través de gestos.

“Muchas veces el menor piensa que el abuso es un juego, porque el agresor así se gana su confianza. Por lo tanto, el niño trata de jugar de la misma manera con otros”, comentó Rivera Cartagena.

Entre las señales de abuso sexual descritas en el material tomado del libro de Karp y Butler y suministrado por el CAVV, incluyen si un niño de cero a cuatro años explora su cuerpo en forma de repetición de una actividad adulta. Además, el folleto indica que es normal tener curiosidad intensa sobre el mundo y sus cuerpos, pero que es anormal que la curiosidad se torne en una preocupación obsesiva. Otra señal de abuso infantil durante esa edad, descrita en la información, es si la conducta del niño envuelve coerción dirigida a otros o daño a ellos mismos.

En niños de cinco a diez años, se considera altamente anormal que se envuelvan en penetración sexual, besos genitales o copulación oral, según detallado en la información de Karp y Butler. En niños de cinco a siete años se considera anormal el coito simulado, según el escrito. Además, el folleto detalla que es altamente inusual para preadolescentes de 10 a 12 años y para adolescentes el envolverse en juegos sexuales con niños menores. El escrito también señala que la conducta sexual agresiva, explotativa o coercitiva se considera anormal para todos los grupos de edades.

Otra conducta que puede asumir un niño abusado es la depresión, lo cual Rivera Cartagena señala que puede manifestarse con corajes constantes y agresividad, más que con encerrarse en su cuarto. En cuanto al aspecto académico, la trabajadora social señaló que no siempre bajan las notas. Sino que, por el contrario, algunos niños mantienen un buen promedio y tienden a involucrarse en muchas actividades extracurriculares, como si no quisiera irse de la escuela.

Entre los posibles indicadores de abuso sexual incluidos en el material informativo del CAVV, se encuentra el comportamiento excesivamente sumiso. También, conductas ‘pseudo-maduras’, mediante las que el menor es responsable de tareas adultas en su casa como cocinar y cuidar a los hermanos. De esta forma, el escrito detalla que estas responsabilidades le dan al menor un aire de falsa madurez.

El material también señala la inhabilidad para hacer amigos, la falta de confianza (el menor expresa que no puede confiar en nadie), comportamiento seductor con el sexo opuesto, mal dormir, sentimientos suicidas, auto-mutilación o escaparse de la casa.

Por su parte, la pisóloga Daritza Orovi, manifestó que los niños abusados presentan un cuadro con una combinación de conductas, por lo que un niño retador, no necesariamente significa que haya sido abusado. “En víctimas adolescentes, es un poco más común el aislamiento y la agresividad que en los más pequeños, pero no se puede categorizar qué conducta específica va a manifestar cada grupo de edades, porque cada caso es diferente”, agregó.

Archivo EV

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