Delimitan
rasgos del agresor y de la víctima
Vivian Maldonado Miranda
entrevistas@elvisitante.biz
Probablemente
luce confiable. Puede que no sea un pedófilo, ni utilce pornografía infantil. ¿Piensa
usted que podría identificar a un agresor
sexual de niños?
Según la gerente de la región de Carolina
del Programa de Emergencias Sociales (PES) del Departamento
de la Familia de Puerto Rico (DF), María Teresa
Otero Calderón, los agresores sexuales infantiles
son personas que, por lo regular, gozan de solvencia
moral en la comunidad.

“Al investigar los casos, muchas veces preguntas
y la gente te dice que él es un hombre muy
bueno y ejemplar, que es imposible que haya hecho
algo
incorrecto”, comentó Otero Calderón. “Las
personas deben quitarse el estereotipo de hombre
visiblemente malo que ponen en las películas.
Los agresores infantiles lucen como personas normales”.
Por su
parte, el ex agente del FBI Kenneth Lanning, desde
su punto de vista de investigador, clasifica
a los agresores infantiles en un rango que va desde
los “situacionales” hasta los “preferenciales”,
dependiendo de lo que motive al criminal. Aunque
el autor señala que un tipo de agresor puede
comportarse en ocasiones como el otro, se pueden
delimitar ciertas características que predominan.
Un agresor “situacional” no tiene una
preferencia por los niños, ni es pedófilo,
sino que los usa porque están disponibles,
según señaló Lanning. Un cuadro
más específico ofrecido por el ex agente
detalla:
“Ellos tienden a ver pornografía adulta
en vez de infantil (…). Frecuentemente hostigan
a niños a los que tienen acceso fácilmente,
como sus propios hijos o aquéllos con los
que vive o sobre los que tiene control. Los adolescentes
en la pubertad son blancos sexuales viables de alto
riesgo para el agresor. Los niños pequeños
pueden ser seleccionados porque son débiles,
vulnerables o por su disponibilidad”.
Lanning
delimita tres tipos de agresores situacionales.
Estos incluyen al “retraído”,
quien por lo regular padece de baja autoestima. El “inadecuado”,
que puede mostrarse solitario o tímido. Además,
al tipo “moralmente indiscriminado”,
que arremete con violencia contra cualquier persona
que lo rodea, incluyendo el maltrato a su esposa,
amigos y compañeros de trabajo.
En cuanto
a los agresores “preferenciales”,
Lanning explica que es el tipo de agresor que sí padece
de algún desorden mental de naturaleza sexual,
que puede incluir la pedofilia y el sadismo. Este
tipo de agresor, según el autor, es más
propenso a coleccionar pornografía de temas
específicos. Además, el autor explica
que ellos, por lo regular, sí prefieren a
los niños y tienen el potencial de agredir
a una gran cantidad de víctimas infantiles.
El ex agente detalla que este tipo de agresor tiende
a preferir a un varoncito, más que a una niña.
Dentro
de los agresores preferenciales, Lanning identifica
cuatro tipos: el seductor, que tiende
a convencer
al niño; el introvertido, que puede utilizar
a sus propios hijos; el sadista, que induce dolor
en sus víctimas; y el diverso, que intenta
experimentar todo tipo de conducta sexual.
Conductas de un posible atacante
Dentro
del artículo “Espectro del comportamiento
sexualmente abusivo” (Handbook of Clinical
Intervention in Chile Sexual Abuse, S. Sgroi, Adaptación:
Semillas para el Cambio), se detallan varias conductas
que puede asumir el agresor. Entre estas, se encuentra
el nudismo, que es cuando el adulto se pasea desnudo
por la casa ‘inocentemente’. Además,
la información señala que el adulto
puede quitarse la ropa o desvestirse delante del
menor o la menor cuando están solos.
Otra
conducta que puede manifestar el agresor, según
el artículo, es la observación del
menor. En la observación, el escrito señala
que el agresor vigila al niño mientras se
desviste, se baña, orina o defeca.
Por su
parte, la psicóloga Daritza Orovi,
del Centro de Ayuda a Víctimas de Violación
del Departamento de Salud (CAVV) afirmó a
El Visitante que la agresión sexual es una
agresión que utiliza como arma el sexo. Por
esta razón, no tiene que estar motivada por
un deseo sexual, sino que puede estar guiada por
el deseo de poder y control sobre los demás.
La doctora
delimitó varias fases del abuso
sexual, entre las que mencionó la del envolvimiento,
en la que el agresor intenta convencer a la víctima.
Las demás fases incluyen la interacción
sexual, la secretividad—en la que se persuade
al menor a guardar secreto—y el descubrimiento.
La última fase citada por la doctora corresponde
a la de supresión, en la que la familia puede
intentar minar la credibilidad de la víctima
y el menor puede llegar a negar los cargos para reestablecer
el equilibrio familiar.
Señales del niño
abusado
De acuerdo
con la trabajadora social del CAVV, Carmen Rivera
Cartagena, un menor abusado puede manifestar
conductas sexualizadas en el juego que no son adecuadas
para su edad. Además, detalló que la
conducta puede ser hablada o a través de gestos.
“Muchas veces el menor piensa que el abuso
es un juego, porque el agresor así se gana
su confianza. Por lo tanto, el niño trata
de jugar de la misma manera con otros”, comentó Rivera
Cartagena.
Entre
las señales de abuso sexual descritas
en el material tomado del libro de Karp y Butler
y suministrado por el CAVV, incluyen si un niño
de cero a cuatro años explora su cuerpo en
forma de repetición de una actividad adulta.
Además, el folleto indica que es normal tener
curiosidad intensa sobre el mundo y sus cuerpos,
pero que es anormal que la curiosidad se torne en
una preocupación obsesiva. Otra señal
de abuso infantil durante esa edad, descrita en la
información, es si la conducta del niño
envuelve coerción dirigida a otros o daño
a ellos mismos.
En niños de cinco a diez años, se considera
altamente anormal que se envuelvan en penetración
sexual, besos genitales o copulación oral,
según detallado en la información de
Karp y Butler. En niños de cinco a siete años
se considera anormal el coito simulado, según
el escrito. Además, el folleto detalla que
es altamente inusual para preadolescentes de 10 a
12 años y para adolescentes el envolverse
en juegos sexuales con niños menores. El escrito
también señala que la conducta sexual
agresiva, explotativa o coercitiva se considera anormal
para todos los grupos de edades.
Otra
conducta que puede asumir un niño abusado
es la depresión, lo cual Rivera Cartagena
señala que puede manifestarse con corajes
constantes y agresividad, más que con encerrarse
en su cuarto. En cuanto al aspecto académico,
la trabajadora social señaló que no
siempre bajan las notas. Sino que, por el contrario,
algunos niños mantienen un buen promedio y
tienden a involucrarse en muchas actividades extracurriculares,
como si no quisiera irse de la escuela.
Entre
los posibles indicadores de abuso sexual incluidos
en el material informativo del CAVV, se
encuentra
el comportamiento excesivamente sumiso. También,
conductas ‘pseudo-maduras’, mediante
las que el menor es responsable de tareas adultas
en su casa como cocinar y cuidar a los hermanos.
De esta forma, el escrito detalla que estas responsabilidades
le dan al menor un aire de falsa madurez.
El material
también señala la inhabilidad
para hacer amigos, la falta de confianza (el menor
expresa que no puede confiar en nadie), comportamiento
seductor con el sexo opuesto, mal dormir, sentimientos
suicidas, auto-mutilación o escaparse de la
casa.
Por su
parte, la pisóloga Daritza Orovi, manifestó que
los niños abusados presentan un cuadro con
una combinación de conductas, por lo que un
niño retador, no necesariamente significa
que haya sido abusado. “En víctimas
adolescentes, es un poco más común
el aislamiento y la agresividad que en los más
pequeños, pero no se puede categorizar qué conducta
específica va a manifestar cada grupo de edades,
porque cada caso es diferente”, agregó.