Afanes
El
uso de esteroides anabólicos refleja
el descontento interior y una autoestima demasiado
baja. Los recursos externos para equilibrar el
yo en necesidad y en urgencia están de moda,
porque la decadencia espiritual y el virus de verse
bien a toda costa, acaparan el entendimiento y
la voluntad. El primer contacto con la substancia
prodigiosa llega vía espejo, es decir, el
interlocutor habló y dijo: “hay un
déficit corpóreo, busca tu imagen”.
La
experiencia humana, rica en aventuras y espontaneidad,
es un trago amargo para los que viven de siluetas,
cuerpos adónicos y figuras de pasarela.
En el mundo de los espejismos y las visiones ópticas,
los desilusionados de sí mismos se encargan
de modelar la perfección en vasijas moldeadas
por quimeras. Lucir bien para ellos es construir
otra piel, abrir paso a los sentidos como rutas
ascendentes.

El
formalismo prevalesciente y el “me veo
mal”, que es casi un lamento en las nuevas
generaciones, arrojan un saldo de manipulaciones
a la misma naturaleza humana. Somos más
que un cuerpo y una belleza física. Lo importante
es dar con la fórmula de la felicidad que
viene acompañada del oxígeno espiritual
y de las virtudes que regulan y equilibran las
relaciones con los demás.
A mayor
alejamiento de la belleza primera, que es Dios,
más grande será la porfía
consigo mismo. Hay que valorar la estética,
la higiene, el rostro y el cuerpo como carta de
presentación en el mundo de las apariencias
y de la supervivencia. Los que recurren a la magia
de los esteroides se inflan y se desinflan y ese
forcejeo les lleva a chocar con los inconvenientes
de la existencia, que son herencia y hechura nuestra.
Los
que gozan de buena salud económica son
víctimas de los afanes que colindan con
el endiosamiento y el síndrome Ponce de
León. La eterna juventud sólo se
alcanza en el perímetro del bien, en la
vida que se ofrece y se gasta por los demás.
Esa alegría interior se dibuja en el cuerpo
y hace que la persona quede iluminada, eternamente
joven.
Pasa
el país por mil problemas y vicisitudes
que empañan el porvenir de la bella Isla.
Hay problemas traídos por los pelos que
surgen de lo fantasioso y los cuentos de camino
que rondan por las grandes ciudades. Falta el sentido
real, la aceptación de las personas como
son, y el esplendor de la vida interior que representa
lo mejor de la existencia.
aplaude
Días
completos
Que
el calendario escolar, raquítico en
días, sea elevado a intocable para que nuestros
niños y jóvenes aprovechen el tiempo
y puedan dominar las disciplinas fundamentales.
Poco
a poco, las festividades han penetrado en el ámbito educacional y se da la impresión
de que la enseñanza es cosa de poca monta,
un pasatiempo para despertar curiosidades momentáneas.
El
aula puede ser ampliada con otras actividades
de índole intelectual que son luz y andamiaje
para la mente y el corazón.
Conviene mantener la agenda escolar y evitar
que los alumnos se cuelen por los espacios abiertos
que propician los oasis festivos.
Envejecientes
Que
se construyan viviendas de interés social
para las personas mayores que necesitan unas instalaciones
propias.
Nuestros
envejecientes, generación que dio
el máximo por el país, no pueden
andar errantes buscando un lugar tranquilo y digno.
Toda sociedad civilizada cuida y protege a los
distintos grupos que integran la totalidad.
En
la edad avanzada, cuando la preocupación
es mayor, los esfuerzos colectivos deben ser organizados
para ayudar, y servir al prójimo de la tercera
edad.
Editor
censura
Indiferencia
A
los ciudadanos que se contentan con lo mínimo
y no contribuyen al bienestar social y económico
de los demás.
Los
municipios pasan por su peor momento y no se
observa una adecuada participación de
aquellos que nacen, viven y mueren en esas jurisdicciones.
La
costumbre de mirar y dejar pasar, patrocinadas
por los primeros ejecutivos de esos municipios,
ha creado las diferencias abismales. “Allá el
alcalde, acá nosotros” parece ser
la consigna más cotizada en estos días.
Los
años de enajenación política
y del fanatismo como estilo son los causantes de
esos déficits que convierten todo en hojarasca
destructiva.
Solos y sin cirineos
A las nuevas generaciones que se engalanan con
el reggae y el perreo y no saben dar la mano
al que porta canas y arrugas.
Es
tal el convencimiento mental de que los que valen
son los jóvenes, que los mayores han
tenido que vestirse de paciencia y convertirse
en defensores de esas actitudes para no caer en
la crítica y el desprecio.
La
sociedad no puede estar a merced de los grupos
porque esto nos llevaría a la tiranía
de los más fuertes.
Editor