Edición 11 • 13 al 19 de marzo de 2005
Hoy es viernes, 18 de mayo de 2012

Afanes

El uso de esteroides anabólicos refleja el descontento interior y una autoestima demasiado baja. Los recursos externos para equilibrar el yo en necesidad y en urgencia están de moda, porque la decadencia espiritual y el virus de verse bien a toda costa, acaparan el entendimiento y la voluntad. El primer contacto con la substancia prodigiosa llega vía espejo, es decir, el interlocutor habló y dijo: “hay un déficit corpóreo, busca tu imagen”.

La experiencia humana, rica en aventuras y espontaneidad, es un trago amargo para los que viven de siluetas, cuerpos adónicos y figuras de pasarela. En el mundo de los espejismos y las visiones ópticas, los desilusionados de sí mismos se encargan de modelar la perfección en vasijas moldeadas por quimeras. Lucir bien para ellos es construir otra piel, abrir paso a los sentidos como rutas ascendentes.

El formalismo prevalesciente y el “me veo mal”, que es casi un lamento en las nuevas generaciones, arrojan un saldo de manipulaciones a la misma naturaleza humana. Somos más que un cuerpo y una belleza física. Lo importante es dar con la fórmula de la felicidad que viene acompañada del oxígeno espiritual y de las virtudes que regulan y equilibran las relaciones con los demás.

A mayor alejamiento de la belleza primera, que es Dios, más grande será la porfía consigo mismo. Hay que valorar la estética, la higiene, el rostro y el cuerpo como carta de presentación en el mundo de las apariencias y de la supervivencia. Los que recurren a la magia de los esteroides se inflan y se desinflan y ese forcejeo les lleva a chocar con los inconvenientes de la existencia, que son herencia y hechura nuestra.

Los que gozan de buena salud económica son víctimas de los afanes que colindan con el endiosamiento y el síndrome Ponce de León. La eterna juventud sólo se alcanza en el perímetro del bien, en la vida que se ofrece y se gasta por los demás. Esa alegría interior se dibuja en el cuerpo y hace que la persona quede iluminada, eternamente joven.

Pasa el país por mil problemas y vicisitudes que empañan el porvenir de la bella Isla. Hay problemas traídos por los pelos que surgen de lo fantasioso y los cuentos de camino que rondan por las grandes ciudades. Falta el sentido real, la aceptación de las personas como son, y el esplendor de la vida interior que representa lo mejor de la existencia.


aplaude

Días completos

Que el calendario escolar, raquítico en días, sea elevado a intocable para que nuestros niños y jóvenes aprovechen el tiempo y puedan dominar las disciplinas fundamentales.

Poco a poco, las festividades han penetrado en el ámbito educacional y se da la impresión de que la enseñanza es cosa de poca monta, un pasatiempo para despertar curiosidades momentáneas.

El aula puede ser ampliada con otras actividades de índole intelectual que son luz y andamiaje para la mente y el corazón.

Conviene mantener la agenda escolar y evitar que los alumnos se cuelen por los espacios abiertos que propician los oasis festivos.

Envejecientes

Que se construyan viviendas de interés social para las personas mayores que necesitan unas instalaciones propias.

Nuestros envejecientes, generación que dio el máximo por el país, no pueden andar errantes buscando un lugar tranquilo y digno.

Toda sociedad civilizada cuida y protege a los distintos grupos que integran la totalidad.

En la edad avanzada, cuando la preocupación es mayor, los esfuerzos colectivos deben ser organizados para ayudar, y servir al prójimo de la tercera edad.

Editor


censura

Indiferencia

A los ciudadanos que se contentan con lo mínimo y no contribuyen al bienestar social y económico de los demás.

Los municipios pasan por su peor momento y no se observa una adecuada participación de aquellos que nacen, viven y mueren en esas jurisdicciones.

La costumbre de mirar y dejar pasar, patrocinadas por los primeros ejecutivos de esos municipios, ha creado las diferencias abismales. “Allá el alcalde, acá nosotros” parece ser la consigna más cotizada en estos días.

Los años de enajenación política y del fanatismo como estilo son los causantes de esos déficits que convierten todo en hojarasca destructiva.

Solos y sin cirineos

A las nuevas generaciones que se engalanan con el reggae y el perreo y no saben dar la mano al que porta canas y arrugas.

Es tal el convencimiento mental de que los que valen son los jóvenes, que los mayores han tenido que vestirse de paciencia y convertirse en defensores de esas actitudes para no caer en la crítica y el desprecio.

La sociedad no puede estar a merced de los grupos porque esto nos llevaría a la tiranía de los más fuertes.

Editor

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