Edición 11 • 13 al 19 de marzo de 2005
Hoy es viernes, 18 de mayo de 2012

¡Adiós! a la decencia

J.J. Koppany Santa Pinter
Para EL VISITANTE

Por años me ha preocupado la misteriosa pregunta de Nuestro Señor: “Cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?” (Lc 18:8) y la asociaba a otro pasaje, de San Mateo, donde Jesús predice los sufrimientos e inclusive la muerte por causa de Su nombre terminando con una triste sentencia que por venir de El debe calar muy hondo en nuestra conciencia; “Y por haberse multiplicado la iniquidad, se enfriará la caridad de las multitudes” (Mt 24:9-12).

No deseo repetir opiniones “déjà vu”[ya vista], pues todas las épocas se caracterizan en una forma u otra tal que las profecías de Nuestro Señor pueden aplicarse fácilmente a todas y a cualquiera de ellas y así también a nuestros tiempos donde pululan los delitos, crímenes y mentiras, sin embargo nuestros tiempos se destacan tristemente por encima de varias épocas pasadas.

Lo más grave es nuestra actitud de justificarlos, de institucionalizarlos, alabándolos, adaptándolos y practicándolos a tal punto que muchos ya ni se emocionan si uno se escandaliza por las actitudes oficiales que o se basan o que sirven a las actitudes individuales por el temor de perder sus puestos si no lo hacen. Pienso en el aborto, especialmente el partial birth abortion [aborto de nacimiento parcial], en los mal llamados “matrimonios” (!) entre gente del mismo sexo que “claman al cielo” (Gen 18:20 y 19:1-29) y CAT (Catequesis) 1867), el suicidio asistido por médicos y otras tantas fechorías inhumanas. Y es más grave aún, si cabe: políticos, abogados, jueces y otros intelectuales caen de rodillas ante el nonsense [desatino] declarado por ciertas mentes perturbadas y les hacen el juego repulsivo a la razón –por no decir a la moral sana y natural.

Su escándalo universal les responsabiliza pues actúan a sabiendas: “¡Ay del mundo por los escándalos! Porque no puede menos de haber escándalos, pero ¡ay de aquél por quien viniere el escándalo!” (Mt 18:7 y Lc 17:1).

Las noticias no sólo perturban la tranquilidad colectiva sino se presentan en forma tendenciosa como para provocar un “bellum omnium contra omnes” –una guerra de todos contra todos,– una especie de “guerra total” como solía decir un tal Hitler.

Nace así el fantasma del egoísmo, del desacuerdo, la irreligiosidad, la falta de fe en lo trascendental ridiculizado, el creciente desinterés por la dignidad innata de la persona, por el interés común, por lo bueno y estético como antiguado, sin valor moderno lo noble, lo decente, lo íntimo, lo sincero para dar lugar al surgimiento de la violencia personal, familiar, comunitaria e internacional, la satisfacción cacareada de los instintos y deseos bajos, de lo oculto, lo vulgar, lo indecente, lo absurdo, lo bizarro [estrambótico].

Al decir esto estamos pisando tierra bien firme pues en nuestro propio país tenemos acumulados los ejemplos para todo lo que antecede, inclusive el protoejemplo del más alto nivel nacional para el escándalo mayor de hace muy poco...

Archivo EV

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