15
de enero de 2005
Semblanza
de Sor Trinidad Irizarry Rodríguez
Raymond Irizarry
Para EL VISITANTE
Nuestra querida Sor Trini ya está en la
Casa del Padre. ¡Voló a El de la misma
forma que vivió: en una total entrega!
Hermanas de distintas casas [de la Congregación]
que han conocido a Sor Trini expresan su cariño,
su admiración y sobre todo el recuerdo del
testimonio de vida que ella nos dejó. Queremos
decir que Sor Trini “conservó siempre
su juventud”. El peso de los años,
marcado por una vida de intenso trabajo mientras
estuvo activa hasta el 2002 no se dejaba sentir
en su espíritu. Por eso siempre se conservó joven...
Joven por su deseo de trabajar, por su entusiasmo,
porque siempre tenía un plan de acción
entre sus manos, una nueva iniciativa y un deseo
de crear y de servir...

Justamente, después de un año de
grave enfermedad, cuando en el verano de 2003 creía
que había recuperado algo, estaba en los
planes de la Provincia, a petición de ella,
el que fuera a ayudar en el Colegio de la Inmaculada
de Manatí. Cuánta alegría
sentía al pensar que volvería a trabajar
con los niños y jóvenes de la Escuela,
a quienes había dedicado toda su vida. Pero
eso no fue posible, no se lo permitió su
condición de salud.
Aún así, en nuestra Casa de Santa
Luisa, Casa de las Hermanas Mayores, cuánto
hacía ayudando, desde su limitación
a las demás Hermanas ancianas y enfermas,
animándolas, escuchándolas, sosteniendo
su fe y su esperanza en medio del dolor. Contagiaba
su espiritualidad y su amor a la Santísima
Virgen. En los intercambios comunitarios compartía
los favores que la Virgen le había concedido.
Una gran virtud en Sor Trini era su arte de recibir
con cariño y agrado los favores que se le
hacían; realmente, era agradable estar con
ella y ofrecerle cualquier ayuda que necesitaba.
Era una persona transparente, candorosa, con una
especial inocencia. Aun en sus días de intenso
dolor si aparecía la oportunidad de hacer
sus aeróbicos en la piscina no se los perdía,
tenía gran esperanza de recuperar y volver
a su vida activa de trabajo. Sí, Sor Trini
se conservó siempre joven. No se dejaba
decaer aunque había momentos tan duros que
el sufrimiento parecía insuperable.
¡Qué grande fue en Sor Trini su
capacidad de amar, amaba mucho, a todos y siempre!
En todo
momento mostraba un rostro reluciente por su don
de acogida, su cariño, su escucha, su delicadeza,
su sonrisa y su alegría. Gustaba de hablar
con sus Hermanas, compartir, preparar pasadías
a nivel zona y a nivel de la Provincia, como también
gustaba de ver a sus Hermanas tomarse un día
de asueto disfrutando juntas. ¡Qué bien
entendía ella ese “Rían y gocen
juntas” de que nos hablan los Superiores
Mayores!
Era una Hija de la Caridad de fe robusta, de
oración,
amante de la Santísima Virgen, piadosa,
sufrida. En su enfermedad, que fue dura, muy dura,
en su dolor, en sus complicaciones, ella supo levantar
el ánimo viviendo y aceptando con profunda
fe la misteriosa e insondable voluntad del Señor.
En carta que escribió a una Hermana le decía: “Procura
seguir creciendo en la virtud, todo por El y para
El. El nunca nos deja solos, por experiencia te
lo digo. Gracias que en todo momento me he puesto
en sus manos y esa ha sido mi paz, alegría
y tranquilidad en todo momento”.
Su amor a los pobres fue en ella un distintivo
constante a través de toda su vida, en los
diferentes servicios que tuvo la dicha de ejercer,
en las diferentes casas y con toda persona. Para
las niñas del Hogar Colegio La Milagrosa
de Arecibo siempre tuvo un gran empeño por
ayudarles en todo momento, aún después
que salían del hogar. Era con ellas una
verdadera madre, pero sabía exigirles y
ser firme en su formación.
Era una mujer fuerte, trabajadora. En las obras
en que trabajó pudo lograr muchas mejoras
para bien del servicio a los pobres. De ello quedará siempre
como “antorcha puesta sobre el celemín” el
querido Hogar Colegio La Milagrosa de Arecibo.
Podemos decir que es “su hija predilecta,
su niña mimada” y todo por los pobres,
por sus niñas. Quienes vivieron ese momento
de la historia con Sor Trini, saben cuantas dificultades
tuvo que afrontar para lograr ese nuevo “Hogar
Colegio La Milagrosa de Arecibo”.
Su misión como Hija de la Caridad empezó en
1951 en el Asilo de Mayagüez, que era entonces
conocido como el “Arca de Noé” porque
allí se albergaban diversidad de pobres,
en diversidad de edades y en múltiples formas
de pobreza. Ella que entonces tendría unos
17 años supo ser la Hermana joven que respondía
a toda llamada y a toda urgencia. Allí,
sin duda, aprendió a trabajar duro y sin
tregua, a vivir el espíritu de sacrificio,
a darse sin medida y eso sólo por Dios se
puede hacer. Es contemplando a Cristo donde aprende
la Hija de la Caridad el verdadero servicio al
pobre. No es de extrañar que así fuera
toda su vida porque desde el inicio de su vocación
fue “mujer de trabajo, mujer de entrega”.
Son muchas las Hermanas a quienes se les oye
hablar de Sor Trini en estos días y todas desde
distintas casas y de distintas edades van repitiendo
una y otra vez las virtudes que admiran y han visto
vivir a Sor Trini. Todas coinciden en su apreciación
al decir las cualidades que la caracterizaban:
su humildad, su sencillez, su desprendimiento,
su generosidad, su espíritu de trabajo,
su espíritu de sacrificio y su comprensión.
En Comunidad, siendo Hermana Sirviente, tenía
el arte de reconocer los valores de las Hermanas
apreciando cuanto hacían, apoyándolas
y animándolas. Vivía su servicio
con gran sencillez, no era el exigir su estilo,
sino el compartir y el motivar con cariño.
Jamás ofendía, ni hería, era
ecuánime, igual con todas, atenta, caritativa
y sabía alegrarnos con pequeños detalles.
Se ocupaba también de que las Hermanas estudiaran
y crecieran en su preparación profesional.
Así también era con los maestros
y los empleados de la casa.
Estaba atenta también a las necesidades
de su familia ayudando en ello cuando le era posible.
Cuánto cariño se notaba en ella hacia
cada uno de sus hermanos y sobrinos. Siempre se
mantenían en contacto y las visitas y encuentros
eran momentos de gran gozo para unos y otros. Aún
viven sus hermanos, José, Justa, Raymond,
Reyes, Antonio, Providencia y Sor Carmen que es
Sierva de María. Murieron sus padres y uno
de sus hermanos.
Hoy todos nos unimos para decirle a nuestro Padre
Dios, “Gracias por darnos a Sor Trini con
todo lo que ella ha significado para cada uno de
nosotros, su familia natural y su familia espiritual”.
Porque has amado mucho, Sor Trini, el Señor
mismo es tu recompensa. Ya pasó todo dolor
y ahora para ti todo es gloria. ¡Gracias,
Sor Trini!