Edición 11 • 13 al 19 de marzo de 2005
Hoy es miércoles, 8 de febrero de 2012

15 de enero de 2005
Semblanza de Sor Trinidad Irizarry Rodríguez

Raymond Irizarry
Para EL VISITANTE

Nuestra querida Sor Trini ya está en la Casa del Padre. ¡Voló a El de la misma forma que vivió: en una total entrega!

Hermanas de distintas casas [de la Congregación] que han conocido a Sor Trini expresan su cariño, su admiración y sobre todo el recuerdo del testimonio de vida que ella nos dejó. Queremos decir que Sor Trini “conservó siempre su juventud”. El peso de los años, marcado por una vida de intenso trabajo mientras estuvo activa hasta el 2002 no se dejaba sentir en su espíritu. Por eso siempre se conservó joven... Joven por su deseo de trabajar, por su entusiasmo, porque siempre tenía un plan de acción entre sus manos, una nueva iniciativa y un deseo de crear y de servir...

Justamente, después de un año de grave enfermedad, cuando en el verano de 2003 creía que había recuperado algo, estaba en los planes de la Provincia, a petición de ella, el que fuera a ayudar en el Colegio de la Inmaculada de Manatí. Cuánta alegría sentía al pensar que volvería a trabajar con los niños y jóvenes de la Escuela, a quienes había dedicado toda su vida. Pero eso no fue posible, no se lo permitió su condición de salud.

Aún así, en nuestra Casa de Santa Luisa, Casa de las Hermanas Mayores, cuánto hacía ayudando, desde su limitación a las demás Hermanas ancianas y enfermas, animándolas, escuchándolas, sosteniendo su fe y su esperanza en medio del dolor. Contagiaba su espiritualidad y su amor a la Santísima Virgen. En los intercambios comunitarios compartía los favores que la Virgen le había concedido.

Una gran virtud en Sor Trini era su arte de recibir con cariño y agrado los favores que se le hacían; realmente, era agradable estar con ella y ofrecerle cualquier ayuda que necesitaba. Era una persona transparente, candorosa, con una especial inocencia. Aun en sus días de intenso dolor si aparecía la oportunidad de hacer sus aeróbicos en la piscina no se los perdía, tenía gran esperanza de recuperar y volver a su vida activa de trabajo. Sí, Sor Trini se conservó siempre joven. No se dejaba decaer aunque había momentos tan duros que el sufrimiento parecía insuperable.

¡Qué grande fue en Sor Trini su capacidad de amar, amaba mucho, a todos y siempre! En todo momento mostraba un rostro reluciente por su don de acogida, su cariño, su escucha, su delicadeza, su sonrisa y su alegría. Gustaba de hablar con sus Hermanas, compartir, preparar pasadías a nivel zona y a nivel de la Provincia, como también gustaba de ver a sus Hermanas tomarse un día de asueto disfrutando juntas. ¡Qué bien entendía ella ese “Rían y gocen juntas” de que nos hablan los Superiores Mayores!

Era una Hija de la Caridad de fe robusta, de oración, amante de la Santísima Virgen, piadosa, sufrida. En su enfermedad, que fue dura, muy dura, en su dolor, en sus complicaciones, ella supo levantar el ánimo viviendo y aceptando con profunda fe la misteriosa e insondable voluntad del Señor. En carta que escribió a una Hermana le decía: “Procura seguir creciendo en la virtud, todo por El y para El. El nunca nos deja solos, por experiencia te lo digo. Gracias que en todo momento me he puesto en sus manos y esa ha sido mi paz, alegría y tranquilidad en todo momento”.

Su amor a los pobres fue en ella un distintivo constante a través de toda su vida, en los diferentes servicios que tuvo la dicha de ejercer, en las diferentes casas y con toda persona. Para las niñas del Hogar Colegio La Milagrosa de Arecibo siempre tuvo un gran empeño por ayudarles en todo momento, aún después que salían del hogar. Era con ellas una verdadera madre, pero sabía exigirles y ser firme en su formación.

Era una mujer fuerte, trabajadora. En las obras en que trabajó pudo lograr muchas mejoras para bien del servicio a los pobres. De ello quedará siempre como “antorcha puesta sobre el celemín” el querido Hogar Colegio La Milagrosa de Arecibo. Podemos decir que es “su hija predilecta, su niña mimada” y todo por los pobres, por sus niñas. Quienes vivieron ese momento de la historia con Sor Trini, saben cuantas dificultades tuvo que afrontar para lograr ese nuevo “Hogar Colegio La Milagrosa de Arecibo”.

Su misión como Hija de la Caridad empezó en 1951 en el Asilo de Mayagüez, que era entonces conocido como el “Arca de Noé” porque allí se albergaban diversidad de pobres, en diversidad de edades y en múltiples formas de pobreza. Ella que entonces tendría unos 17 años supo ser la Hermana joven que respondía a toda llamada y a toda urgencia. Allí, sin duda, aprendió a trabajar duro y sin tregua, a vivir el espíritu de sacrificio, a darse sin medida y eso sólo por Dios se puede hacer. Es contemplando a Cristo donde aprende la Hija de la Caridad el verdadero servicio al pobre. No es de extrañar que así fuera toda su vida porque desde el inicio de su vocación fue “mujer de trabajo, mujer de entrega”.

Son muchas las Hermanas a quienes se les oye hablar de Sor Trini en estos días y todas desde distintas casas y de distintas edades van repitiendo una y otra vez las virtudes que admiran y han visto vivir a Sor Trini. Todas coinciden en su apreciación al decir las cualidades que la caracterizaban: su humildad, su sencillez, su desprendimiento, su generosidad, su espíritu de trabajo, su espíritu de sacrificio y su comprensión.

En Comunidad, siendo Hermana Sirviente, tenía el arte de reconocer los valores de las Hermanas apreciando cuanto hacían, apoyándolas y animándolas. Vivía su servicio con gran sencillez, no era el exigir su estilo, sino el compartir y el motivar con cariño. Jamás ofendía, ni hería, era ecuánime, igual con todas, atenta, caritativa y sabía alegrarnos con pequeños detalles. Se ocupaba también de que las Hermanas estudiaran y crecieran en su preparación profesional. Así también era con los maestros y los empleados de la casa.

Estaba atenta también a las necesidades de su familia ayudando en ello cuando le era posible. Cuánto cariño se notaba en ella hacia cada uno de sus hermanos y sobrinos. Siempre se mantenían en contacto y las visitas y encuentros eran momentos de gran gozo para unos y otros. Aún viven sus hermanos, José, Justa, Raymond, Reyes, Antonio, Providencia y Sor Carmen que es Sierva de María. Murieron sus padres y uno de sus hermanos.

Hoy todos nos unimos para decirle a nuestro Padre Dios, “Gracias por darnos a Sor Trini con todo lo que ella ha significado para cada uno de nosotros, su familia natural y su familia espiritual”.

Porque has amado mucho, Sor Trini, el Señor mismo es tu recompensa. Ya pasó todo dolor y ahora para ti todo es gloria. ¡Gracias, Sor Trini!

Archivo EV

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