solemnidad
19
de marzo
San
José, Patrono de la Iglesia universal
y Jefe de la Sagrada Familia
La
devoción al Santo Patriarca es hasta el punto de que nadie separa hoy
los nombres de Jesús y María del de San José. Ya San Juan
Crisóstomo hablaba de San José con gran veneración, al comentar
la palabra “Justo” que se le aplica a San José en el Evangelio
(Mt 1, 19), como síntesis de todas las virtudes: “Justo significa
en este caso la perfección en todas las virtudes”.
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Más tarde San Bernardino de Sena celebra
el poder y santidad de San José, y con
potente voz arenga al pueblo cristiano e incita
a todos a la imitación y devoción
al Santo Patriarca. Santa Teresa de Jesús
era devotísima de San José y
afirma haber obtenido siempre las gracias que
le había pedido. Del mismo modo, San
Francisco de Sales, San Alfonso de Ligorio
y tantos otros. |
Igualmente
nosotros hemos de recurrir a él con plena confianza en todas
nuestras necesidades de alma y cuerpo. También en nuestras necesidades
temporales, porque está probado con hechos que San José, que tanto
hubo de sufrir para hacer frente a las estrecheces económicas y a las
necesidades y peligros de todo género que afligieron a la Sagrada Familia,
es especialmente sensible a cualquier súplica nuestra, con tal que se
haga con viva fe y plena entrega a la voluntad de Dios.
San
José es Patrono universal de la Iglesia, por tanto nosotros, como
hijos devotos de ella, debemos invocar a San José de modo particular para
pedir el triunfo y dilatación del reino de Dios sobre la tierra. Es un
hecho doloroso, pero cierto, que en todo tiempo se ha perseguido a la Iglesia;
si no en todas partes, al menos en algún lugar de la tierra. Siempre hay
alguna nación –a veces muchas- en que se dificulta a la Iglesia
la realización de su misión para salud de las almas y para el verdadero
bien de la sociedad. Otras veces se ve obligada a combatir desde las trincheras
con todas sus armas espirituales. “Las armas de nuestro combate no son
humanas, sino que su potencia les viene de Dios” (2 Cor 10, 4).
A veces
se encuentra la Iglesia encadenada, en prisiones,
y derrama la sangre de sus mártires, que será semilla de nuevos cristianos. No hay
por ello que maravillarse, y menos escandalizarse; el mismo Jesús lo predijo
con claridad: “Me han perseguido a mí, y por tanto también
os perseguirán a vosotros... pero las puertas del infierno no prevalecerán” (Jn
15, 20; Mt 16, 18). Pero nosotros como hijos amantes y fieles de la Iglesia tenemos
que pedir mucho por su triunfo y en particular hemos de dirigir nuestras súplicas
a San José, su celestial Patrono.
En
fin, hay un momento en que tendremos necesidad
muy particular del Patrocinio de San José; es el momento supremo de la muerte. San José tuvo
la muerte más hermosa; tuvo a su lado a Jesús y María. Toda
su vida había sido para ellos; por ellos había trabajado, se había
afanado y a ellos había amado; y he aquí que en el momento del
paso supremo, los ve junto a sí: su Jesús y su querida esposa.
Qué muerte tan serena tuvo que ser la suya; él había cumplido
su misión; Jesús y María recibieron su último aliento;
y el último latido de su corazón. También nosotros llegaremos
un día al término de nuestra vida, quizá antes de lo que
pensamos; pidamos al Santo Patriarca, una muerte santa, como la suya; pidámosle
que en nuestra muerte nos asistan Jesús y María.
Fuente: Meditaciones
Mons. Antonio Bacci (Mensajero)