Edición 11 • 13 al 19 de marzo de 2005
Hoy es viernes, 18 de mayo de 2012

solemnidad

19 de marzo
San José, Patrono de la Iglesia universal y Jefe de la Sagrada Familia

La devoción al Santo Patriarca es hasta el punto de que nadie separa hoy los nombres de Jesús y María del de San José. Ya San Juan Crisóstomo hablaba de San José con gran veneración, al comentar la palabra “Justo” que se le aplica a San José en el Evangelio (Mt 1, 19), como síntesis de todas las virtudes: “Justo significa en este caso la perfección en todas las virtudes”.

Más tarde San Bernardino de Sena celebra el poder y santidad de San José, y con potente voz arenga al pueblo cristiano e incita a todos a la imitación y devoción al Santo Patriarca. Santa Teresa de Jesús era devotísima de San José y afirma haber obtenido siempre las gracias que le había pedido. Del mismo modo, San Francisco de Sales, San Alfonso de Ligorio y tantos otros.

Igualmente nosotros hemos de recurrir a él con plena confianza en todas nuestras necesidades de alma y cuerpo. También en nuestras necesidades temporales, porque está probado con hechos que San José, que tanto hubo de sufrir para hacer frente a las estrecheces económicas y a las necesidades y peligros de todo género que afligieron a la Sagrada Familia, es especialmente sensible a cualquier súplica nuestra, con tal que se haga con viva fe y plena entrega a la voluntad de Dios.

San José es Patrono universal de la Iglesia, por tanto nosotros, como hijos devotos de ella, debemos invocar a San José de modo particular para pedir el triunfo y dilatación del reino de Dios sobre la tierra. Es un hecho doloroso, pero cierto, que en todo tiempo se ha perseguido a la Iglesia; si no en todas partes, al menos en algún lugar de la tierra. Siempre hay alguna nación –a veces muchas- en que se dificulta a la Iglesia la realización de su misión para salud de las almas y para el verdadero bien de la sociedad. Otras veces se ve obligada a combatir desde las trincheras con todas sus armas espirituales. “Las armas de nuestro combate no son humanas, sino que su potencia les viene de Dios” (2 Cor 10, 4).

A veces se encuentra la Iglesia encadenada, en prisiones, y derrama la sangre de sus mártires, que será semilla de nuevos cristianos. No hay por ello que maravillarse, y menos escandalizarse; el mismo Jesús lo predijo con claridad: “Me han perseguido a mí, y por tanto también os perseguirán a vosotros... pero las puertas del infierno no prevalecerán” (Jn 15, 20; Mt 16, 18). Pero nosotros como hijos amantes y fieles de la Iglesia tenemos que pedir mucho por su triunfo y en particular hemos de dirigir nuestras súplicas a San José, su celestial Patrono.

En fin, hay un momento en que tendremos necesidad muy particular del Patrocinio de San José; es el momento supremo de la muerte. San José tuvo la muerte más hermosa; tuvo a su lado a Jesús y María. Toda su vida había sido para ellos; por ellos había trabajado, se había afanado y a ellos había amado; y he aquí que en el momento del paso supremo, los ve junto a sí: su Jesús y su querida esposa. Qué muerte tan serena tuvo que ser la suya; él había cumplido su misión; Jesús y María recibieron su último aliento; y el último latido de su corazón. También nosotros llegaremos un día al término de nuestra vida, quizá antes de lo que pensamos; pidamos al Santo Patriarca, una muerte santa, como la suya; pidámosle que en nuestra muerte nos asistan Jesús y María.

Fuente: Meditaciones
Mons. Antonio Bacci (Mensajero)

Archivo EV

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