Edición 11 • 13 al 19 de marzo de 2005
Hoy es martes, 7 de febrero de 2012

Quinto Domingo de Cuaresma - Ciclo A
La resurrección de Lázaro

Padre Angel Manuel Santos Santos
liturgia@elvisitante.biz
Para EL VISITANTE

Ezequiel 37, 12-14.

Ezequiel profetiza que los huesos secos recibirán el Espíritu y revivirán. Estas palabras se cumplen de modo perfecto en Cristo que salió del sepulcro por el poder de Dios sin experimentar la corrupción. Jesús es el primero de todo un pueblo llamado a la resurrección.

Salmo 129, 1-3. 7-8.

Este salmo expresa la súplica y la confianza de un hombre en peligro de muerte. Reconoce que la causa de todos sus males es el pecado. Clama a Dios esperando el perdón y la curación.

Romanos 8, 8-11.

El Espíritu que recibió a Jesús mora en el fiel cristiano por la gracia. Éstos poseen una vida nueva que brota del Espíritu. Ya no viven en la carne, sino según el Espíritu Santo.

Juan 11, 1-45.

Según san Juan, durante la fiesta de la Dedicación se determinó acabar con Jesús. Éste, acercándose a la hora de su muerte, se da a conocer como la Resurrección y la Vida. La resurrección de Lázaro es signo del poder de Jesús sobre la muerte.

El pan de la Resurrección

Lázaro llevaba cuatro días enterrado cuando Jesús llegó. Marta y María estaban muy dolidas no sólo por la muerte de su hermano Lázaro, sino también porque no comprendían la tardanza de Jesús. Estando tan cerca de Betania, Jesús no había llegado para la enfermedad, ni para la muerte, ni para el entierro de Lázaro. Cuando llegó, las hermanas lo recriminaron: «Si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano». María llora, Jesús se conmueve y llora con ella. Marta, en cambio, profesa la fe en Jesús diciendo: «Sé que todo lo que pidas, Dios te lo concederá». Ante la respuesta a Marta, Jesús se da a conocer como la Resurrección y la Vida y promete la resurrección y la vida eterna al que crea en Él.

Aunque el asunto no esté de moda, la resurrección de la carne y la vida eterna eran temas favoritos de Jesús y los traía a colación en muchos de sus discursos. Cuando se presentó como el Pan Vivo que bajó del Cielo, habló de ello ampliamente. Jesús invitó a Marta a creer para tener vida eterna. En el discurso del Pan de Vida, Jesús afirma: «Esta es la voluntad del Padre: que todo el que cree en él, tenga vida eterna y yo lo resucitaré el último día» (Juan 6, 40). La fe en Jesús es el camino de la resurrección y la vida. Sólo con fe podemos acercarnos a la Eucaristía para recibir a Cristo, que es la vida.

Los tres versículos, del 54 al 56, constituyen el corazón del discurso del Pan de Vida. En ellos, Jesús introduce el sacramento de su Cuerpo y de su Sangre a los discípulos. Esta enseñanza fue tan dura a los oídos de los oyentes que muchos de sus discípulos se echaron atrás y ya no andaban con Él (Juan 6, 66). Dijo Jesús: «El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día» (Juan 6, 54). El santísimo Sacramento no es un alimento común porque tiene el poder, por la fe en Cristo Jesús, de darnos la vida y la Resurrección. Por eso, podemos llamar a la Eucaristía el Sacramento de la Vida eterna y de la Resurrección.

Jesús le dijo a Marta: «Si crees, verás la gloria de Dios» Cuando vamos a comulgar, se nos pide la fe en Jesús y en su presencia en el sacramento. Se nos pide creer que la Eucaristía es el sacramento del Cuerpo y la Sangre de Cristo. Debemos creer que bajo las apariencias del pan y el vino se contiene el Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Cristo Jesús. «Bienaventurados los que crean sin haber visto». Primero creemos en la presencia real de Cristo en la Eucaristía y luego vemos, con los ojos de la fe, la gloria de Dios.

Por la presencia de Cristo Vivo, que es la Resurrección y la Vida, la santa Misa siempre es de curación. Jesús, cuando resucitó a Lázaro dijo: Desátenlo y déjenlo andar. La presencia de Jesús, cuando lo recibimos en la Eucaristía, siempre es curadora. Cristo vivo nos da la vida, nos desata y nos deja andar. La curación es sobre todo, interior, del alma. Cuando el Señor viene al fiel en la Eucaristía sana las heridas que dejaron los pecados perdonados en la Confesión, nos desata todos los egoísmos infundiendo amor y bondad, y nos dejar caminar con la fuerza de lo alto, que se llama el Espíritu Santo. La esperanza que viene de recibir bien la Sagrada Comunión la expresa san Pablo de este modo: «Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús, vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros».


lecutas

13 + V DOMINGO DE CUARESMA
mo Misa pr, Cr, Pf pr. BS pr.
  L 1 Ez 37, 12-14; Sal 129
  L 2 Rm 8, 8-11
  Ev Jn 11, 1-45
  Oficio dominical sin Te Deum.
  (OL: Hb 10, 26-39)
   
14 Lunes V s.C. Feria
mo Misa pr, Pf I Pasión.
  L 1 Dan 13, 1-9. 15-17. 19-30. 33-62; Sal 22
  Ev Jn 8, 1-11
  Oficio de feria
  (OL: Hb 11, 1-19)
   
15 Martes V s.C. Feria
mo Misa pr, Pf I Pasión.
  L 1 Núm 21, 4-9; Sal 101
  Ev Jn 8, 1-11
  Oficio de feria
  (OL: Hb 11, 20-31)
   
16 Miércoles V s.C. Feria
mo Misa pr, Pf I Pasión.
  L 1 Dan 3, 14-20. 91-92. 95; Sal Dan 3
  Ev Jn 8, 31-42
  Oficio de feria
  (OL: Hb 11, 32-40)
 
17 Jueves V s.C. Feria
mo Misa pr, Pf I Pasión.
  L 1 Gen 17, 3-9; Sal 104
  Ev Jn 8, 51-59
  Oficio de feria
  (OL: Hb 12, 1-13)
  (Se puede hacer conmemoración
  de San Patricio)
   
18 Viernes V s.C. Feria
mo Misa pr, Pf I Pasión.
  L 1 Jr 20, 10-13; Sal 17
  Ev Jn 10, 31-42
  Oficio de feria
  (OL: Hb 12, 14-29)
  ABSTINENCIA
bl 1 Vísp de la solemnidad sig. Comp. Dom I
  Misa vespertina de la solemnidad sig.
   
19 Sábado V s.C. Solemnidad.
bl San José, esposo de la Virgen María
  Misa pr, Gl, Cr, Pf pr, BS núm. 24
  L 1 2 Sam 7, 4-5a. 12-14a. 16; Sal 88
  L 2 Rm 4, 13. 16-18. 22
  Ev Mt 1, 16.18-21. 24a ó Lc 2, 41-51
  Oficio de la solemnidad. Te Deum.
  Hr ant pr con Salm complementaria
ro I Vísp. del domingo sig. Comp. Dom I
  Misa vespertina del domingo sig.
   
20 + DOMINGO DE RAMOS DE
  LA PASIÓN DEL SEÑOR
ro Misa pr, Cr, Pf pr. BS pr.
  Bendición de Ramos: Mt 21, 1-11
  L 1 Is 50, 4-7; Sal 21
  L 2 Fil 2, 6-11
  Ev Mt 26, 14—27, 66
  Oficio dominical sin Te Deum.
  (OL: Is 50, 4—51,3)

 

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