El
episodio más largo de la Pasión
de Cristo
Padre José Pascual Benabarre Vigo
benigno_benabarre@hotmail.com
Para EL VISITANTE
Me refiero a las horas en que Cristo estuvo en poder de la
chusma heterogénea que le prendió en el Huerto de los
Olivos hasta su entrega a Pilatos. Recordemos la escena.
Al terminar su oración en el Huerto de los Olivos, Jesús,
reconfortado ya por el ángel, se dirigió a sus
discípulos que, por estar muertos de sueño (Mc
14, 40) y por la tristeza (Lc 22, 45), se habían dormido, “Todavía
estaba hablando, cuando llegó Judas, acompañado
de un grupo numeroso con espadas y palos” (Mt 26, 47) de
parte de los sumos sacerdotes, de los escribas y de los ancianos” (Mc
14, 43). “Entonces la cohorte, el tribuno y los guardias
prendieron a Jesús, y lo llevaron, primero a casa de Anás,
suegro de Caifás, el Sumo Sacerdote de aquel año” (Jn
18, 12-13).
“
El Sumo Sacerdote interrogó a Jesús sobre sus discípulos
y su doctrina..., quien le contestó que preguntara a los
que le han habían oído de qué les he había
hablado; ellos saben lo que les he dicho...; y uno de los guardias
que estaba allí, le dio una bofetada a Jesús” (mismo
lugar 19-22)
“
Los hombres que le tenían preso, se burlaban de Él
y le golpeaban; y cubriéndole con un velo, le preguntaban: ‘Adivina
quién te ha pegado?’ Y le insultaban diciéndole
otras muchas cosas” (Lc 22, 63-65; Marcos 14, 65). Mateo
añade que también le escupían en la cara
(26, 67-68).
¿Cuántas horas duró esa detención?
En estas vergonzosas y humillantes acciones se entretuvieron
los rastreros servidores de los sumos sacerdotes desde la llegada
de Jesús a la casa de Anás—Lucas indica que
los ultrajes comenzaron ya en su casa (ver Lc 22, 63-66), mientras
que Mateo, que no menciona el episodio de la bofetada, habla
de los ultrajes después de que el Sanedrín declaró a
Jesús reo de muerte (ver Mt 26, 65-69)--hasta su entrega
a Pilatos “al amanecer” (Mc 15. 1), “llegada
la mañana” (Mt 27, 1) , “era de madrugada” (Jn
18, 28).
Como puede verse, tres de los cuatro evangelistas señalan
que Jesús fue conducido al tribunal del Gobernador al
amanecer— ¡tenían prisa de terminar con Jesús!_
Pero como ninguno de ellos nos da indicación alguna sobre
el momento de su prendimiento, no es posible establecer con exactitud
las horas en que el manso Jesús tuvo que sufrir los asaltos
de esbirros tan rabiosos, y de sus no menos indignos jefes (ver
Mc 14, 66).
Suponiendo, sin embargo, que la detención fuera no más
tarde de las 12 de la noche, fueron no menos de 6 horas las que
Jesús estuvo a merced de una chusma malvada y aduladora
en las casas de Anás y Caifás, ante la mirada consentidora
de ambos. Fue un abuso abominable, pues si el Sanedrín
no estaba autorizado para condenar a muerte a nadie (ver Jn 18,
31), tampoco lo estaba estaba para infligir tal ignominia a ninguno.
Las
horas más dolorosas de la Pasión
Por lo largas, esas fueron las horas más dolorosas de
la Pasión. En cuanto a mí, tengo que confesar que
sólo en estos últimos años he parado mientes
[pensado] en esas horas interminables de humillación,
de afrenta y de dolor.
Los azotes pudieron durar algunos minutos; bastantes más
la pesada y humillante broma de la coronación de espinas.
Y se supone que el buen Jesús estuvo pendiente de la cruz
unas tres horas. Todo ello, doloroso en extremo, pero de corta
duración, si lo comparamos con las horas en que Jesús
estuvo a merced de chusma tan desalmada, azuzada por sus mismos
jefes.
Cansado, hambriento y sediento, Jesús sufrió golpes de todas clases,
salivazos e invectivas que hirieron tanto su alma como su cuerpo delicado.
Le invito, lector, a que si no lo ha hecho hasta ahora, medite
algunas veces sobre lo que el buen Jesús sufrió por nosotros durante aquellas
horas interminables.