editorial
Domingo de Ramos
Semana sin tiempo
La prisa instituida por la vida acelerada
nos arrastra con vehemencia insospechada. El tiempo no da para
la multiplicidad
de afanes,
proyectos, agendas a punto de estallar. La era de la informática
y las comunicaciones forcejea con el paso lento y la abulia que
se levanta como obstáculo y detente a los impulsos que
queman el horizonte. El pocito del tiempo, que era garantía
de cierta paz interior, ha quedado reducido a una ilusión
agrícola, parte de lo que el viento se llevó.
Este estilo de vida
que va con la globalización y el planeta
reducido a villa, trae sus males y su talón de Aquiles.
La mente desequilibrada no se adapta a ese trajín aceptado
y echa sombras sobre las raíces fundamentales que son
el hogar, el vecindario, los del corazón. El nuevo régimen
tiene que acoplarse necesariamente a la versión primera
de que estamos para dominar esta tierra y tender un puente a
la otra, que es miel globada y eterna. Sin esa apertura se intoxica
el alma y se cae en el desequilibrio más desolador.
Dentro de esta cosmovisión se celebra la Semana Santa
con sus siete días en espiral de fe y de alegría.
Se impone una cordial mirada que cala hasta los huesos e impone
una reflexión profunda para advertir el oleaje impetuoso
que pasa por todo el organismo dejando desolación y tristeza.
Los días santos contrastan con otros, que aunque reales,
no centralizan su vigencia en “Aquel que nos amó sin
límites”.
Ese amor baña la amplitud terrenal del ser humano necesitado
de luz y santidad. El Cristo resucitado no es una añadidura
a los recovecos de pobreza espiritual que están por todas
partes en el ser humano. Representa una presencia única
en que ya no soy yo el que vivo; “Cristo es el que vive
en mí”. Esa verdad ha sido casi olvidada por los
bautizados que proyectan un Cristo distante y aparente.
La Santa Iglesia
nos ofrece un calendario enmarcado en la generosidad, la entrega,
la fraternidad, que
es un don y una garantía
de tocar el cielo. No hay prisa en esos días de drama
salvífico en que se junta el cielo y la tierra y el amén
es estruendoso y fértil. Afloran los sí oportunos
sobre la cruz y la muerte de Cristo.
Participa en la Semana
Santa con entusiasmo renovador y confírmate
en la verdad y en la justicia. Pasa el Señor por entre
nosotros; carga su cruz y nos mira a todos con compasión
y con amor. Nos basta seguir sus pasos.
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aplaude
Observantes
A los que cumplieron cabalmente con lo
establecido por la Santa Iglesia durante cuarenta días para una renovación
en el espíritu y el compromiso social.
El ayuno, la abstinencia, las obras de caridad,
son aliados de la virtud, que es vigor interior para rescatar
el bien y
poner
un detente al mal.
El pueblo de Dios purifica su ser en las
prácticas cuaresmales
para organizar la fiesta de la Pascua de la Resurrección.
Sin cruz, no hay vida, ni felicidad. Se abraza
el madero no por puro sadismo, sino por una convicción ascética
de que esa es la ruta más corta cuando se acepta y se
vive según la mente de Cristo.
Limpios
A los que decidieron romper con los vicios
para afianzar su voluntad en lo justo y razonable y huir del
deterioro mental
y físico
que éstos acarrean.
Esa resolución cuaresmal debe enraizarse en lo más
profundo del corazón para que no se lo lleve el viento
en un momento de encuentro con los amigos o en una jarana pasajera.
Las substancias tóxicas dañan la salud y convierten
el ser humano en marionetas de la existencia.
Es oportuno alargar el proceso de recuperación en diálogo
con Dios y con los hermanos.
Editor
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censura
Lo mismo
A los que no hicieron un alto en el camino
para reflexionar, cambiar de actitudes y dar tregua a la vida
familiar.
Hay seres humanos que sólo tienen un uniforme: lo mismo;
los mismos temas, las mismas palabras, los mismos gestos. Están
habituados a las estrategias de los sentidos y su quehacer diario
está sometido a un sistema primitivo y rutinario.
Muchos son víctimas de una mentalidad enfermiza que provee
para sus amigos y cuates, y se sienten mal cuando tienen que
enfrentar a otras personas y grupos.
En vez de crecer como personas se quedan
inmersos en su yo sin alas.
Pura materia
A los que no entienden la espiritualidad
del ser humano y se sumergen en el afán económico
y en la materia.
Algunos creen que para ser compasivos, buena
gente y buenos amigos hay que tener diploma de excelente tipo
firmado por
algún
practicante religioso.
La virtud humana se torna rica en potencialidad
cuando la fe la penetra y la aviva, pero, desde adentro, en conformidad
con la ley natural, el ser humano puede sacar conclusiones
muy sabias
y propias que son preámbulo a la fe para rechazar el egoísmo
y la ambición.
Editor
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