Edición 12 • 20 al 26 de marzo de 2005
Hoy es martes, 7 de febrero de 2012

editorial

Domingo de Ramos
Semana sin tiempo

La prisa instituida por la vida acelerada nos arrastra con vehemencia insospechada. El tiempo no da para la multiplicidad de afanes, proyectos, agendas a punto de estallar. La era de la informática y las comunicaciones forcejea con el paso lento y la abulia que se levanta como obstáculo y detente a los impulsos que queman el horizonte. El pocito del tiempo, que era garantía de cierta paz interior, ha quedado reducido a una ilusión agrícola, parte de lo que el viento se llevó.

Este estilo de vida que va con la globalización y el planeta reducido a villa, trae sus males y su talón de Aquiles. La mente desequilibrada no se adapta a ese trajín aceptado y echa sombras sobre las raíces fundamentales que son el hogar, el vecindario, los del corazón. El nuevo régimen tiene que acoplarse necesariamente a la versión primera de que estamos para dominar esta tierra y tender un puente a la otra, que es miel globada y eterna. Sin esa apertura se intoxica el alma y se cae en el desequilibrio más desolador.

Dentro de esta cosmovisión se celebra la Semana Santa con sus siete días en espiral de fe y de alegría. Se impone una cordial mirada que cala hasta los huesos e impone una reflexión profunda para advertir el oleaje impetuoso que pasa por todo el organismo dejando desolación y tristeza. Los días santos contrastan con otros, que aunque reales, no centralizan su vigencia en “Aquel que nos amó sin límites”.

Ese amor baña la amplitud terrenal del ser humano necesitado de luz y santidad. El Cristo resucitado no es una añadidura a los recovecos de pobreza espiritual que están por todas partes en el ser humano. Representa una presencia única en que ya no soy yo el que vivo; “Cristo es el que vive en mí”. Esa verdad ha sido casi olvidada por los bautizados que proyectan un Cristo distante y aparente.

La Santa Iglesia nos ofrece un calendario enmarcado en la generosidad, la entrega, la fraternidad, que es un don y una garantía de tocar el cielo. No hay prisa en esos días de drama salvífico en que se junta el cielo y la tierra y el amén es estruendoso y fértil. Afloran los sí oportunos sobre la cruz y la muerte de Cristo.

Participa en la Semana Santa con entusiasmo renovador y confírmate en la verdad y en la justicia. Pasa el Señor por entre nosotros; carga su cruz y nos mira a todos con compasión y con amor. Nos basta seguir sus pasos.

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aplaude

Observantes

A los que cumplieron cabalmente con lo establecido por la Santa Iglesia durante cuarenta días para una renovación en el espíritu y el compromiso social.

El ayuno, la abstinencia, las obras de caridad, son aliados de la virtud, que es vigor interior para rescatar el bien y poner un detente al mal.

El pueblo de Dios purifica su ser en las prácticas cuaresmales para organizar la fiesta de la Pascua de la Resurrección.

Sin cruz, no hay vida, ni felicidad. Se abraza el madero no por puro sadismo, sino por una convicción ascética de que esa es la ruta más corta cuando se acepta y se vive según la mente de Cristo.

Limpios

A los que decidieron romper con los vicios para afianzar su voluntad en lo justo y razonable y huir del deterioro mental y físico que éstos acarrean.

Esa resolución cuaresmal debe enraizarse en lo más profundo del corazón para que no se lo lleve el viento en un momento de encuentro con los amigos o en una jarana pasajera.

Las substancias tóxicas dañan la salud y convierten el ser humano en marionetas de la existencia.

Es oportuno alargar el proceso de recuperación en diálogo con Dios y con los hermanos.

Editor
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censura

Lo mismo

A los que no hicieron un alto en el camino para reflexionar, cambiar de actitudes y dar tregua a la vida familiar.

Hay seres humanos que sólo tienen un uniforme: lo mismo; los mismos temas, las mismas palabras, los mismos gestos. Están habituados a las estrategias de los sentidos y su quehacer diario está sometido a un sistema primitivo y rutinario.

Muchos son víctimas de una mentalidad enfermiza que provee para sus amigos y cuates, y se sienten mal cuando tienen que enfrentar a otras personas y grupos.

En vez de crecer como personas se quedan inmersos en su yo sin alas.

Pura materia

A los que no entienden la espiritualidad del ser humano y se sumergen en el afán económico y en la materia.

Algunos creen que para ser compasivos, buena gente y buenos amigos hay que tener diploma de excelente tipo firmado por algún practicante religioso.

La virtud humana se torna rica en potencialidad cuando la fe la penetra y la aviva, pero, desde adentro, en conformidad con la ley natural, el ser humano puede sacar conclusiones muy sabias y propias que son preámbulo a la fe para rechazar el egoísmo y la ambición.

Editor
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Cierre de la edición: viernes, 8 de abril de 2005.

Fecha de publicación: domingo, 17 de abril de 2005.

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