Las playas están
llenas; las salas de cine, abarrotadas; los espacios para el
ocio, completamente saturados. Es semana santa, tiempo de descanso
y
esparcimiento.
Tristemente, la semana
santa ha pasado al catálogo de periodo vacacional,
como el verano. Su valor se reduce a esa nota característica de los días
soleados.
Sin embargo, la semana
santa es la oportunidad propicia para acompañar
a Jesús en la última etapa del camino hacia la cruz. ¿Cuántas
veces nos detenemos a meditar este hecho durante los días santos? Pocas,
muy pocas. Es más importante reservar el hotel, organizar itinerarios
y preparar el equipaje que contemplar esa última etapa en la senda
que lleva al Calvario.
El ambiente no ayuda mucho para
contrarrestar esa tendencia. “¿A
dónde irán de vacaciones en semana santa?”, nos preguntan
en cualquier sitio. “Tal playa ya está llena, en tal otra ya no
hay cupo, estamos en lista de espera…”
Hacemos a un lado lo verdaderamente
importante, la esencia de la semana santa: el sacrificio de Cristo
en la cruz.
Cuentan las abuelas que en otros
años ni música se escuchaba a
lo largo de la semana santa, que la vida en las calles perdía actividad
a la espera del Domingo de Resurrección. Tampoco se trata de enclaustrarse
durante esos días ni de olvidar que el mundo existe.
Lo primordial es no dejar pasar
esos días para acercarnos a Nuestro Señor
y llevar a la oración su pasión y muerte en la cruz. Lo primordial
es tener presente que se trata de un tiempo de recogimiento y conversión,
una verdadera oportunidad para reencontrarnos con Cristo y revisar a conciencia
nuestra vida interior, un alto en el camino para retomar fuerzas y volver
a empezar.
Aunque estemos descansando,
aunque el sol brille o la montaña ofrezca
paisajes inigualables, durante las vacaciones de semana santa debemos encontrar
un espacio para meditar el sacrificio de Jesucristo. Será más difícil,
claro, bajo una sombrilla o tirados en la arena, pero no podemos olvidar todo
lo que padeció Jesús en su camino rumbo a la muerte —y muerte
de cruz— por nosotros. No es imposible abrirnos un espacio para orar.
Santa María será inspiración y sostén en ese tiempo
reservado para repensar la pasión y muerte de Cristo. Ella, que acompañó a
su Hijo hasta el último momento, también nos acompañará durante
la semana santa para entender el amor de Dios por los hombres.
(Fuente: Encuentra.com)