El
Papa insiste en la práctica de la Confesión
antes de comulgar [próximo]
VATICANO, 12 Mar. 05 (ACI).-En un mensaje dirigido a los participantes
en el curso sobre el “fuero interno” promovido por
la Penitenciería Apostólica que preside el Cardenal
Francis Stafford, el Papa Juan Pablo II destacó la necesidad
de mantener la práctica de confesarse ante de recibir
la Comunión.
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“Vivimos en una sociedad que parece haber perdido
el sentido de Dios y del pecado”; escribe el Santo
Padre desde el Policlínico Gemelli, y señala
que “más urgente se hace, por tanto, en este
contexto, la invitación de Cristo a la conversión,
que supone la conciente confesión de los propios pecados
y el apropiado pedido de perdón y de salvación”. |
El Pontífice recuerda que en la tradición de la
Iglesia, la reconciliación sacramental siempre ha sido
considerada en estrecha relación con la Eucaristía”. “En
este año, particularmente dedicado al Misterio eucarístico,
me parece aún más útil atraer vuestra atención
sobre la vital relación entre estos dos sacramentos”,
agrega.
Juan Pablo II señala en su mensaje que es “muy útil
recordar las exhortaciones de Pablo a los fieles de Corinto,
los cuáles tomaban a la ligera la celebración de
la ‘cena eucarística’ sin atender al sentido
profundo del memorial de la muerte del Señor y a sus exigencias
de comunión fraterna”.
“Sólo quien tiene la sincera conciencia de no
haber cometido un pecado mortal puede recibir el Cuerpo de Cristo”,
enfatiza el Santo Padre en el mensaje; y exhorta a los sacerdotes a
predicar “con claridad y simplicidad” la “recta
doctrina acerca de la necesidad del sacramento de la Reconciliación
para acercarse a la Comunión”.
“Sed para todos –insiste finalmente el Papa a los
sacerdotes- ministros asiduos, disponibles y competentes del
sacramento de
la Reconciliación, verdaderas imágenes de Cristo,
santo y misericordioso”.
En
el XXV aniversario de la muerte de Monseñor Oscar
Romero [arriba] [próximo]
El 24 de marzo de 1980 fue asesinado el Arzobispo de San Salvador,
Monseñor Oscar Romero mientras oficiaba una misa para
enfermos de cáncer en la capilla de la Divina Providencia.
La vida de Monseñor Romero estuvo marcada por “el
heroísmo para con los pobres”, “la correcta
doctrina” y “la sincera piedad” expresa el
Arzobispo actual de san Salvador, Monseñor Fernando Sáenz
Lacalle. La causa de canonización de Monseñor Romero
concluyó en su fase diocesana en noviembre de 1996. Toda
la documentación fue enviada a la Congregación
para la Causa de los Santos en el Vaticano.El martirio es una
gracia que no creo merecer, peri si Dios acepta el sacrificio
de mi vida, que mi sangre sea semilla de libertad y la señal
de que la esperanza será pronto una realidad. (Monseñor
Romero, marzo de 1980)
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“Al término del segundo milenio, la Iglesia
ha vuelto de nuevo a ser iglesia de mártires. Las
persecuciones de creyentes – sacerdotes, religiosos
y laicos - han puesto una gran siembra de mártires
en varias partes del mundo. El testimonio ofrecido a Cristo
hasta el derramamiento de la sangre se ha hecho patrimonio
común de católicos, ortodoxos, anglicanos y
protestantes… Es un testimonio que no hay que olvidar.
En nuestro siglo han vuelto los mártires… Es
preciso que las Iglesias locales hagan todo lo posible por
no perder el recuerdo de quienes han sufrido el martirio”.
(Juan Pablo II, Tertio Millenio, Nos. 47-48) |
Hna.
Francisca Darías
Religiosa del Amor de Dios [arriba] [anterior]
Sor María Uña, RAD
Para EL VISITANTE
La Hermana Francisca Darías Rodríguez nació en
Santa Clara, Provincia de Las Villas, Cuba. Desde su temprana
edad sentía que el Señor la llamaba a la vida religiosa.
Durante su adolescencia y juventud trabajó incansablemente
como catequista en todos los momentos libres de que disponía.
El 2 de agosto de 1932 ingresa en el noviciado que las Religiosas
del Amor de Dios tenían en Santa Clara para realizar su
mayor anhelo: entregarse a Cristo para siempre. Eligió esta
Congregación por la sencillez y humildad que caracterizaba
a esta familia religiosa.
El 29 de marzo de 1935, la plantita ya vigorosa y dispuesta
a vencer en el camino que le había señalado su Dueño
hizo los votos temporales, ocasión que le permitió decirle
al Sembrador: Aquí estoy Señor, sé que me
estás esperando, haz de mí lo que quieras.
El 29 de marzo de 1940, quedó definitivamente formando
parte del “Jardín Usera” de la Congregación
fundada por el Venerado Padre Jerónimo Usera. Aquí comienza
el período de su mayor actividad: Trabaja como maestra
y directora en varios colegios en Cuba; dirige la asociación
de Hijas de María y la de antiguas alumnas del Colegio,
quienes la llaman cariñosamente “Sor Fran”;
estudia la carrera de pedagogía en la Universidad de la
Habana donde alcanza el grado de Doctora en pedagogía.
Sin dejar de cumplir sus deberes como religiosa, la Hermana Francisca
lleva a cabo, junto a su congregación, otras funciones
en toda la Isla. Sin embargo, con la llegada de la revolución
cubana su vida dio un cambio total.
El 31 de mayo de 1961, salen las Hermanas rumbo al exilio después
de haber entregado sus esfuerzos físicos y sus desvelos
por la fe en Cristo. En uno de los últimos vuelos sale
Sor Francisca hacia Miami. Tras una corta estancia allí junto
a otras religiosas de su Congregación, se traslada a Puerto
Rico. Monseñor Luis Cardenal Aponte Martínez, Arzobispo
Emérito de San Juan, la llevó al Obispado de Ponce
donde ella sirvió con el mismo amor y entrega que siempre
la caracterizó.
Pasado un período en el Obispado de Ponce es trasladada
a Villalba, donde en 1962 establece el Colegio Nuestra Señora
del Carmen. Los largos años en el Colegio de Villalba
no fueron fáciles, pero Sor Francisca no se dejaba vencer
ante las dificultades; por el contrario, los desafíos
y dificultades de la misión la unían más
al Señor y como ella siempre decía: “con
la ayuda de El, María y San José seguiremos adelante”.
Como gran educadora y creyente de que la educación integral
es la clave para la promoción de los pueblos, la semilla
que comenzó con un grupito de niños villalbeños,
y el amor que sembró en aquellos niños/as sigue
prendido en los corazones de padres y estudiantes y hoy esa obra
sigue viva. Aquella débil plantita que cuidó su
SÍ incondicional a la voluntad de Dios, puede regocijarse
al ver ella misma cómo se gastó, dando todo el
fruto que Jesús mismo le pedía.
Sor Francisca tenía una disposición abierta y estaba
siempre a la escucha de Dios y los hermanos. Esta disponibilidad
le exigía no ocuparse de ella ni ir con prisas, ni caer
en un activismo desbordante que no le permitiese interesarse
por nada que no fuera “urgente”.
Su generosidad era parte de su persona. Y sabía que la
vocación “no se puede dar en forma de dominio o
posición”. Estaba convencida que el ser generoso
es el que crea vida, la otorga y la incrementa. Su actitud de
agradecimiento la llevaba a asombrarse ante lo más humilde,
aceptarse a sí misma como un don inmenso e inmerecido.
Como fiel amante y servidora de la Iglesia, y modelo de religiosa,
siempre tenía en sus labios aquel legado de su Fundador:
el Amor de Dios hace sabios y santos; dame Dios mío, más
dilatados horizontes, nuevas tierras para extender tu Reino;
siempre hemos de decir la verdad y hacer el bien; reclutaré almas
generosas que quieran servir a Dios de balde. En sus últimos
días resonó constantemente en ella algo que la
caracterizó durante toda su vida: “Vivan siempre
alegres”. Descansa en paz.