Edición 12 • 20 al 26 de marzo de 2005
Hoy es miércoles, 8 de febrero de 2012

El Papa insiste en la práctica de la Confesión antes de comulgar [próximo]

VATICANO, 12 Mar. 05 (ACI).-En un mensaje dirigido a los participantes en el curso sobre el “fuero interno” promovido por la Penitenciería Apostólica que preside el Cardenal Francis Stafford, el Papa Juan Pablo II destacó la necesidad de mantener la práctica de confesarse ante de recibir la Comunión.

“Vivimos en una sociedad que parece haber perdido el sentido de Dios y del pecado”; escribe el Santo Padre desde el Policlínico Gemelli, y señala que “más urgente se hace, por tanto, en este contexto, la invitación de Cristo a la conversión, que supone la conciente confesión de los propios pecados y el apropiado pedido de perdón y de salvación”.

El Pontífice recuerda que en la tradición de la Iglesia, la reconciliación sacramental siempre ha sido considerada en estrecha relación con la Eucaristía”. “En este año, particularmente dedicado al Misterio eucarístico, me parece aún más útil atraer vuestra atención sobre la vital relación entre estos dos sacramentos”, agrega.

Juan Pablo II señala en su mensaje que es “muy útil recordar las exhortaciones de Pablo a los fieles de Corinto, los cuáles tomaban a la ligera la celebración de la ‘cena eucarística’ sin atender al sentido profundo del memorial de la muerte del Señor y a sus exigencias de comunión fraterna”.

“Sólo quien tiene la sincera conciencia de no haber cometido un pecado mortal puede recibir el Cuerpo de Cristo”, enfatiza el Santo Padre en el mensaje; y exhorta a los sacerdotes  a predicar “con claridad y simplicidad” la “recta doctrina acerca de la necesidad del sacramento de la Reconciliación para acercarse a la Comunión”.

“Sed para todos –insiste finalmente el Papa a los sacerdotes- ministros asiduos, disponibles y competentes del sacramento de la Reconciliación, verdaderas imágenes de Cristo, santo y misericordioso”.

 

En el XXV aniversario de la muerte de Monseñor Oscar Romero [arriba] [próximo]

El 24 de marzo de 1980 fue asesinado el Arzobispo de San Salvador, Monseñor Oscar Romero mientras oficiaba una misa para enfermos de cáncer en la capilla de la Divina Providencia. La vida de Monseñor Romero estuvo marcada por “el heroísmo para con los pobres”, “la correcta doctrina” y “la sincera piedad” expresa el Arzobispo actual de san Salvador, Monseñor Fernando Sáenz Lacalle. La causa de canonización de Monseñor Romero concluyó en su fase diocesana en noviembre de 1996. Toda la documentación fue enviada a la Congregación para la Causa de los Santos en el Vaticano.El martirio es una gracia que no creo merecer, peri si Dios acepta el sacrificio de mi vida, que mi sangre sea semilla de libertad y la señal de que la esperanza será pronto una realidad. (Monseñor Romero, marzo de 1980)

“Al término del segundo milenio, la Iglesia ha vuelto de nuevo a ser iglesia de mártires. Las persecuciones de creyentes – sacerdotes, religiosos y laicos - han puesto una gran siembra de mártires en varias partes del mundo. El testimonio ofrecido a Cristo hasta el derramamiento de la sangre se ha hecho patrimonio común de católicos, ortodoxos, anglicanos y protestantes… Es un testimonio que no hay que olvidar. En nuestro siglo han vuelto los mártires… Es preciso que las Iglesias locales hagan todo lo posible por no perder el recuerdo de quienes han sufrido el martirio”. (Juan Pablo II, Tertio Millenio, Nos. 47-48)

 

Hna. Francisca Darías Religiosa del Amor de Dios [arriba] [anterior]

Sor María Uña, RAD
Para EL VISITANTE

La Hermana Francisca Darías Rodríguez nació en Santa Clara, Provincia de Las Villas, Cuba. Desde su temprana edad sentía que el Señor la llamaba a la vida religiosa. Durante su adolescencia y juventud trabajó incansablemente como catequista en todos los momentos libres de que disponía.

El 2 de agosto de 1932 ingresa en el noviciado que las Religiosas del Amor de Dios tenían en Santa Clara para realizar su mayor anhelo: entregarse a Cristo para siempre. Eligió esta Congregación por la sencillez y humildad que caracterizaba a esta familia religiosa.

El 29 de marzo de 1935, la plantita ya vigorosa y dispuesta a vencer en el camino que le había señalado su Dueño hizo los votos temporales, ocasión que le permitió decirle al Sembrador: Aquí estoy Señor, sé que me estás esperando, haz de mí lo que quieras.

El 29 de marzo de 1940, quedó definitivamente formando parte del “Jardín Usera” de la Congregación fundada por el Venerado Padre Jerónimo Usera. Aquí comienza el período de su mayor actividad: Trabaja como maestra y directora en varios colegios en Cuba; dirige la asociación de Hijas de María y la de antiguas alumnas del Colegio, quienes la llaman cariñosamente “Sor Fran”; estudia la carrera de pedagogía en la Universidad de la Habana donde alcanza el grado de Doctora en pedagogía. Sin dejar de cumplir sus deberes como religiosa, la Hermana Francisca lleva a cabo, junto a su congregación, otras funciones en toda la Isla. Sin embargo, con la llegada de la revolución cubana su vida dio un cambio total.

El 31 de mayo de 1961, salen las Hermanas rumbo al exilio después de haber entregado sus esfuerzos físicos y sus desvelos por la fe en Cristo. En uno de los últimos vuelos sale Sor Francisca hacia Miami. Tras una corta estancia allí junto a otras religiosas de su Congregación, se traslada a Puerto Rico. Monseñor Luis Cardenal Aponte Martínez, Arzobispo Emérito de San Juan, la llevó al Obispado de Ponce donde ella sirvió con el mismo amor y entrega que siempre la caracterizó.

Pasado un período en el Obispado de Ponce es trasladada a Villalba, donde en 1962 establece el Colegio Nuestra Señora del Carmen. Los largos años en el Colegio de Villalba no fueron fáciles, pero Sor Francisca no se dejaba vencer ante las dificultades; por el contrario, los desafíos y dificultades de la misión la unían más al Señor y como ella siempre decía: “con la ayuda de El, María y San José seguiremos adelante”.

Como gran educadora y creyente de que la educación integral es la clave para la promoción de los pueblos, la semilla que comenzó con un grupito de niños villalbeños, y el amor que sembró en aquellos niños/as sigue prendido en los corazones de padres y estudiantes y hoy esa obra sigue viva. Aquella débil plantita que cuidó su SÍ incondicional a la voluntad de Dios, puede regocijarse al ver ella misma cómo se gastó, dando todo el fruto que Jesús mismo le pedía.

Sor Francisca tenía una disposición abierta y estaba siempre a la escucha de Dios y los hermanos. Esta disponibilidad le exigía no ocuparse de ella ni ir con prisas, ni caer en un activismo desbordante que no le permitiese interesarse por nada que no fuera “urgente”.

Su generosidad era parte de su persona. Y sabía que la vocación “no se puede dar en forma de dominio o posición”. Estaba convencida que el ser generoso es el que crea vida, la otorga y la incrementa. Su actitud de agradecimiento la llevaba a asombrarse ante lo más humilde, aceptarse a sí misma como un don inmenso e inmerecido.

Como fiel amante y servidora de la Iglesia, y modelo de religiosa, siempre tenía en sus labios aquel legado de su Fundador: el Amor de Dios hace sabios y santos; dame Dios mío, más dilatados horizontes, nuevas tierras para extender tu Reino; siempre hemos de decir la verdad y hacer el bien; reclutaré almas generosas que quieran servir a Dios de balde. En sus últimos días resonó constantemente en ella algo que la caracterizó durante toda su vida: “Vivan siempre alegres”. Descansa en paz.

 

 

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Fecha límite para separar espacio: viernes, 1 de abril de 2005.

Cierre de la edición: viernes, 8 de abril de 2005.

Fecha de publicación: domingo, 17 de abril de 2005.

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