Los apelativos del Papa
Padre Isaías Revilla
Casado, OSA
frirevilla@hotmail.com
P/ ¿Por qué se le llama a Juan
Pablo II “Santo Padre”, “Pontífice”, “Santidad”...? ¿Ha
sido elegido por Dios o por los hombres? ¿Cómo
puede apoyarse esta elección en la Biblia?
Johara Méndez
R/ Hay preguntas tontas. La primera es una
de ellas, si miramos el aspecto lógico. ¿Por
qué a un objeto cuadrado o rectangular
con cuatro patas le llamamos “mesa”? ¿Por
qué en otras partes le llaman “table”…?
Y es que no hay verdaderas razones, han sido
circunstancias históricas, lingüísticas
o geográficas las que provocan estas palabras.
Es cierto que todos esos apelativos tienen
un significado y que no han sido elegidos al
azar.
Por eso, responder a esa pregunta supone una
amplitud histórica que desborda esta columna.
Desde luego que no se refieren a la persona,
Karol Wojtyla, sino a Juan Pablo II; es decir,
al cargo que representa. Eso significa el cambio
de nombre. El Papa, cada uno en su momento histórico,
es el heredero de la responsabilidad que Jesús
puso en Pedro, en relación a su Iglesia.
“
Santidad”, “Santo Padre”, hacen
alusión a la santidad de la Iglesia que
preside, más que a sus cualidades personales,
(aunque es cierto que los últimos papas
han dado una impresión de dignidad y sensatez
extraordinarias); “Pontífice”,
a la responsabilidad que tiene de ser Vicario
de Cristo, su cabeza visible entre los hombres; “Papa”,
entiendo que es un nombre cariñoso en
medio de la familia cristiana. Son, pues, expresiones
que fluyen espontáneamente a través
de los 20 siglos de existencia de ese ministerio
en el mundo; y fluyen del cariño y veneración
que se merecen, no por sí mismos, sino
por estar representando visiblemente a Jesús,
el Hijo de Dios. Y sólo molestan a los
que no se desenvuelven entre los “hombres
de buena voluntad”.
En cuanto a la segunda, la tontez se ha cambiado
en necedad. Ya me canso de repetir que la Biblia
nace en la Iglesia. Y que no es la Iglesia la
que tiene que aprender de la Biblia, sino que
es la Biblia la que recoge parte (si hubiese
recogido todo, el libro no cabría en el
mundo) (Jn. 21,25), de lo que ya hacía
y reconocía la Iglesia.
Pero, ya que te empeñas en relatos bíblicos,
dime: ¿Quién eligió a S.
Matías (Hech. 1, 15-26), Dios o los hombres?
Pues eso mismo es lo que se hace para elegir
a un Papa: Se invoca al Espíritu Santo
y se procede, desde su inspiración, a
la elección. La normativa para llevarlo
a cabo en el llamado Cónclave, por parte
de los Cardenales de la Iglesia, no es otra cosa
que dar forma actualizada a ese relato de los
Hechos de los Apóstoles. No hay ninguna
contradicción entre lo que hacía
la Iglesia antes de escribir el Nuevo Testamento
y de lo que sigue haciendo después. Es
la misma Iglesia de Jesucristo, que sigue haciéndose
visible a través del que la preside: el
Papa.
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