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Padre Efraín Zabala |
Trabajador “Full
Time”
Porta casi un siglo sobre sus
espaldas y el Señor
Serafín Cotto se niega a enfundar su machete.
A los noventa y siete no se amilana y su labor
la cumple hasta el último “round”.
Sus compañeros de labores son todos más
jóvenes y fornidos que él, pero
se mantiene erguido, como un quijote con causa;
la suya es peinar el pasto y ofrecerse como custodio
de los márgenes de las carreteras.
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Los camineros, expertos estilistas de las
cabelleras frondosas de las carreteras, eran
juiciosos por demás y a la vez que
talaban, sembraban arbustos, flores, enredaderas.
Hubo un tiempo en que cada cierta distancia
se erguía una estructura con sabor
a tierra, como una reverencia al esfuerzo
de todos. De Aibonito a Cayey todavía
se observan “esas pausas” que
marcaban el camino responsable y audaz. |
Don Serafín Cotto no ha “enganchado
los guantes” y su figura de guerrero empedernido
arrastra preguntas de todas índoles. Esos
que gastan su ser en devota actitud laboral dejan
un halo de perplejidad a sus compañeros
y vecinos. Mientras los especuladores más
jóvenes buscan las mil formas de darse
de baja de las ocho horas, personas como Don
Serafín dan gracias por su existencia
y por su taller.
Los de los noventa o más no padecen del
síndrome del cansancio y no pierden oportunidad
de caminar la milla extra cuando las circunstancias
lo exigen. Asisten a la Iglesia, hacen labores
de limpieza, y se presenta como profeta de la
verdad. Se puede confiar en ellos porque ya no
tienen hachas que amolar y saben distinguir la
paja del grano. Como gastan lo mínimo,
a no ser que los medicamentos recetados les congelen
el segurito social, tienen la mente libre del
consumismo y de la telaraña que se acumula
en la mente y el corazón de los que no
tienen normas ni reglas fijas.
A pesar de que esos hermanos mayores
son héroes
de la jornada, no se les da el honor y la debida
reverencia que ellos merecen. Pasan desapercibidos
en esta sociedad de “burruelos” continuos.
Se ha perdido la justa preparación de
las cosas y se le da aplausos a los seudo-héroes
que abundan en la política y en la farándula.
El país, agobiado por los problemas económicos,
sociales, morales pide el consenso de los que
trabajan a tiempo completo sin exigir demás.
Cuando se tupe el camino de yerbajos, espinas
y matojos, se requiere la intervención
de muchos Serafines, que junto a los arcángeles
den la mano a los 97 años.