A
10 años de la encíclica
sobre el carácter inviolable de la vida
Juan
Pablo II predijo hace diez años casos
como el de Terri Schiavo
ROMA (ZENIT.org).- Si la justicia
no lo impide, la agonía de Terri Schiavo tendrá lugar
en el décimo aniversario de la firma de
la «Evangelium Vitae», la encíclica
de Juan Pablo II «sobre el carácter
inviolable de la vida humana», en particular,
sobre las últimas fases de su existencia. «El
caso Schiavo demuestra que aquel documento fue
profético», explica el padre Thomas
Williams, L.C., decano de Teología del
Ateneo Pontificio «Regina Apostolorum» en
Roma.
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«El Santo Padre acuñó la
expresión “cultura de la muerte” para
referirse a la tendencia de la sociedad moderna
a despreciar la inviolable dignidad de la
vida humana --aclara el teólogo--.
El caso Schiavo ilustra las preocupaciones
de Juan Pablo II porque las personas humas
sean más valoradas por su utilidad
y “calidad de la vida” que por
su dignidad inherente». |
De hecho, en la encíclica, el Santo Padre
escribe que «estamos aquí ante uno
de los síntomas más alarmantes
de la “cultura de la muerte”, que
avanza sobre todo en las sociedades del bienestar,
caracterizadas por una mentalidad eficientista
que presenta el creciente número de personas
ancianas y debilitadas como algo demasiado gravoso
e insoportable», afirmaba el Papa en el
número 64.
El padre Williams, estadounidense,
añade
que el problema se plantea de manera incorrecta. «No
se trata de los padres de Terri tengan razón
y de que su marido no la tenga», aclara. «El
problema está en dar a una persona el
poder sobre otra vida. La sociedad no debe permitir
que la vida o la muerte de una persona se pongan
en la balanza de los sentimientos que los demás
sienten por ella. Toda vida humana debe ser defendida
y protegida por la ley, no por lo que significa
para los demás, sino por lo que es en
sí misma».
Juan Pablo II firmó la encíclica «Evangelium
Vitae» el 25 de marzo de 1995, en la solemnidad
de la Anunciación del Señor, cuando
el ángel anunció a María
que concebiría a Jesús.
En su documento, el Papa distingue
entre eutanasia --«una acción o una omisión
que por su naturaleza y en la intención
causa la muerte, con el fin de eliminar cualquier
dolor»-- y «ensañamiento terapéutico»,
--«ciertas intervenciones médicas
ya no adecuadas a la situación real del
enfermo, por ser desproporcionadas a los resultados
que se podrían esperar o, bien, por ser
demasiado gravosas para él o su familia»--
(número 65).
El padre Williams explica que «esta distinción
es sutil pero sumamente importante desde un punto
de vista moral. El caso de Terri Schiavo no tiene
nada que ver con tratamientos desproporcionados
para mantener la vida de una persona cueste lo
que cueste, sin tener en cuenta los sufrimientos
que estas medidas pueden provocar. Estamos hablando
de la atención más básica
que consiste en proporcionar agua y alimentación.
Terri no es una enferma terminal, pero si se
le quita el tubo que le permite alimentarse y
recibir hidratación será condenada
a muerte de hambre y de sed».
En la «Evangelium Vitae», el Santo
Padre condena la eutanasia con términos
durísimos: «De acuerdo con el Magisterio
de mis predecesores y en comunión con
los obispos de la Iglesia católica, confirmo
que la eutanasia es una grave violación
de la ley de Dios, en cuanto eliminación
deliberada y moralmente inaceptable de una persona
humana. Esta doctrina se fundamenta en la ley
natural y en la Palabra de Dios escrita; es transmitida
por la tradición de la Iglesia y enseñada
por el Magisterio ordinario y universal».
«
El Papa nos alienta a llamar a las cosas por
su nombre», añade Williams. «Y
la eutanasia, independientemente de sus motivos,
siempre es un homicidio: la deliberada eliminación
de una vida humana inocente».
El decano subraya: «si matar a otra persona
con su consentimiento es siempre moralmente equivocado,
hacerlo sin su consentimiento es todavía
más grave. En 1995, el Santo Padre alertó ante
la tentación de quienes se arrogan la
autoridad para decidir quién debería
vivir y quién debería morir. Nos
recordó que esta autoridad pertenece sólo
a Dios».
Juan Pablo II escribió: «La opción
de la eutanasia es más grave cuando se
configura como un homicidio que otros practican
en una persona que no la pidió de ningún
modo y que nunca dio su consentimiento».
«
El Santo Padre no sólo denunció los
males de la cultura de la muerte», afirma
el padre Williams. «Indicó también
el camino de una auténtica cultura de
la vida. Nos alienta a reafirmar nuestro compromiso
de vida y a ser solidarios con los que sufren.
Cuando la gente se da cuenta de que es apreciada
por la sociedad como una persona preciosa e irrepetible,
y no como un peso que hay que cargar, con frecuencia
encuentran la fuerza para cargar su cruz con
alegría».
«
Nuestra fe cristiana nos enseña que el
sufrimiento y la muerte no tienen la última
palabra --concluye el padre Williams--. A través
de su cruz y resurrección, Cristo triunfó sobre
la muerte y nos abrió a todos las puertas
de la vida eterna».