Dijo
Jesús
Afirmó el Señor Jesús que Él
estaba místicamente presente en cada preso,
en aquellos que pierden su libertad y viven detrás
de los barrotes. Esos, que queman su ser sobre
el filo de la indiferencia del mundo, representan
el fracaso de todos y un reto grande para la comunidad
que engendra vacíos y calamidades. Los reclusos,
los encarcelados por su delitos, no dejan de ser
miembros de una familia o de un país. Los
que en un momento de ceguera se comieron la manzana,
gracias a los ofrecimientos de una sociedad en
gula y derroche de bienes, extinguen sentencias
por su osadía y afrenta.
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El almacenamiento de seres humanos siempre
conlleva el virus de la implosión
y el exterminio, ya sea personal o colectivo.
La misma naturaleza humana, creada para la
libertad detesta el encerramiento como alimento
diario. |
El odio vertido sobre el que cae
en desgracia por sus ofensas, desgarra el
corazón y logra crear la distancia
y la categoría que fomenta la opresión
y el miedo. Lo demás son escenas dantescas,
suplicios, muerte y destrucción.
La
justicia, virtud primordial, es el mejor
antídoto
contra esas enfermedades y quistes sociales que
se agrandan a medida que los gobernantes elegidos
en las urnas, dan la espalda al pueblo y se acomodan
a las directrices de los poderosos y ricos. Esa
oligarquía se erige como un pueblo, como
un poderío que ordena, manda, legisla y
ahoga a los disidentes a la primera provocación.
“Si vuestra justicia no es mejor todos
pereceréis”,
dijo Jesús el profeta con reverencia divina.
No se puede echar en saco roto la palabra imán
de verdades que es un detente a la corrupción
propiciada por la increencia y los apetitos desordenados.
El Señor nos ilustró con ternura
de maestro de los siglos para que evitáramos
las masacres, las guerras, las divisiones que malogran
la unidad y la fraternidad.
La hoguera de seres humanos, que se levantó en
la cárcel de Higüey en la hermosa Quisqueya,
es una advertencia de marca mayor para que se deje
a un lado la apatía y la indiferencia. Hay
que dar rienda suelta a la revolución social
esencial para que los hermanos dominicanos no tengan
que surcar los mares detrás de una visa
para un sueño. El adiós patrio es
un fuetazo sobre el corazón. Jamás
se recuperan aquellos que dejaron su huerto íntimo
y pernoctan en otras tierras.
El contrato social no puede ser letra muerta,
ni pura palabrería y ostentación democrática.
Debe contener una cátedra de altura que
incluya a los pobres y necesitados que esperan
a la vera del camino.
aplaude
Servidores
A
los jóvenes estilistas que voluntariamente
se acercaron a los Hogares de ancianos para recortarlos
y edificar el puente generacional necesario y
vital.
Los hábiles de las tijeras no tienen reparos
en dar su talento y su tiempo para que los de
mayor edad luzcan su cabello bien cortado y bien
peinado.
Esta obra de caridad habla bien de estos barberos
que a pesar de que están inmersos en su
mundo juvenil, entienden de bondad y sacrificio.
El servicio desinteresado imprime huellas de
solidaridad y se convierte en bendición
y éxito.
Los entusiastas del “hoy por ti y mañana
por mi” se liberan de sus ansiedades al
acercarse a los ancianos con amor y reverencia.
Puertorriqueño de Corazón
A
Tony Croatto, quien por décadas ha sabido
vivir en esta isla luz y ha contribuido a exaltar
lo boricua con entusiasmo y amor.
Ahora que siente la espina de la enfermedad,
los agradecidos del país se unen para
revitalizarlo con oraciones, aplausos y buenos
pensamientos.
El pueblo sabe distinguir a los que tienen
corazón
de ¡Ay bendito! y a los que son mercaderes
de la belleza y la verdad y no dudan en servirse
con la cuchara grande.
El Señor Tony Croatto, quien vino de lejos,
se ha hecho cercano, emancipador de nuestro folklore
y de nuestras más preciadas tradiciones.
Editor
censura
Pillaje
A
los que se roban las pastillas, medicamentos útiles
para muchos, con el propósito de tener
ganancias instantáneas y vivir el estilo
de los petroleros.
Los sagaces que roban y distribuyen en la calle
ofenden a Dios y el país que es víctima
de la droga y de sus consecuencias.
El deseo de aumentar los caudales económicos
y fingir de gran capataz lleva a muchos a ingeniárselas
para lograr su cometido.
Los distribuidores de pastillas se topan con
un pueblo necesitado de fármacos que no
sabe decir NO a las propuestas de muerte.
Mientras haya consumidores ávidos de substancias
de toda índole habrá vendedores
en cada esquina.
Estrechez
A
los que han dejado las tradiciones del país,
su forma de alimentarse y su fe, para acogerse
a ritos, estilos y maneras tan opuestas a nuestra
idiosincrasia.
Al dejar el pocito dulce, con agua propia,
se acercan a cisternas lejanas en ideas, conceptos,
actitudes. Muy cerca, a la vera del camino
o
en casa del compay brotan arroyos de verdad,
mansedumbre, humildad.
Los que han vivido bien, inspirados en el bien
y en el amor están ahí como cirios
encendidos. La espiritualidad de los que tienen
a Dios por Padre está a la mano en aquellos
que dan testimonio de su fe.
Editor