Edición 14 • 3 al 9 de abril de 2005
Hoy es viernes, 18 de mayo de 2012

Dijo Jesús

Afirmó el Señor Jesús que Él estaba místicamente presente en cada preso, en aquellos que pierden su libertad y viven detrás de los barrotes. Esos, que queman su ser sobre el filo de la indiferencia del mundo, representan el fracaso de todos y un reto grande para la comunidad que engendra vacíos y calamidades. Los reclusos, los encarcelados por su delitos, no dejan de ser miembros de una familia o de un país. Los que en un momento de ceguera se comieron la manzana, gracias a los ofrecimientos de una sociedad en gula y derroche de bienes, extinguen sentencias por su osadía y afrenta.

El almacenamiento de seres humanos siempre conlleva el virus de la implosión y el exterminio, ya sea personal o colectivo. La misma naturaleza humana, creada para la libertad detesta el encerramiento como alimento diario.

El odio vertido sobre el que cae en desgracia por sus ofensas, desgarra el corazón y logra crear la distancia y la categoría que fomenta la opresión y el miedo. Lo demás son escenas dantescas, suplicios, muerte y destrucción.

La justicia, virtud primordial, es el mejor antídoto contra esas enfermedades y quistes sociales que se agrandan a medida que los gobernantes elegidos en las urnas, dan la espalda al pueblo y se acomodan a las directrices de los poderosos y ricos. Esa oligarquía se erige como un pueblo, como un poderío que ordena, manda, legisla y ahoga a los disidentes a la primera provocación.

“Si vuestra justicia no es mejor todos pereceréis”, dijo Jesús el profeta con reverencia divina. No se puede echar en saco roto la palabra imán de verdades que es un detente a la corrupción propiciada por la increencia y los apetitos desordenados. El Señor nos ilustró con ternura de maestro de los siglos para que evitáramos las masacres, las guerras, las divisiones que malogran la unidad y la fraternidad.

La hoguera de seres humanos, que se levantó en la cárcel de Higüey en la hermosa Quisqueya, es una advertencia de marca mayor para que se deje a un lado la apatía y la indiferencia. Hay que dar rienda suelta a la revolución social esencial para que los hermanos dominicanos no tengan que surcar los mares detrás de una visa para un sueño. El adiós patrio es un fuetazo sobre el corazón. Jamás se recuperan aquellos que dejaron su huerto íntimo y pernoctan en otras tierras.

El contrato social no puede ser letra muerta, ni pura palabrería y ostentación democrática. Debe contener una cátedra de altura que incluya a los pobres y necesitados que esperan a la vera del camino.


aplaude

Servidores

A los jóvenes estilistas que voluntariamente se acercaron a los Hogares de ancianos para recortarlos y edificar el puente generacional necesario y vital.

Los hábiles de las tijeras no tienen reparos en dar su talento y su tiempo para que los de mayor edad luzcan su cabello bien cortado y bien peinado.

Esta obra de caridad habla bien de estos barberos que a pesar de que están inmersos en su mundo juvenil, entienden de bondad y sacrificio.

El servicio desinteresado imprime huellas de solidaridad y se convierte en bendición y éxito.

Los entusiastas del “hoy por ti y mañana por mi” se liberan de sus ansiedades al acercarse a los ancianos con amor y reverencia.

Puertorriqueño de Corazón

A Tony Croatto, quien por décadas ha sabido vivir en esta isla luz y ha contribuido a exaltar lo boricua con entusiasmo y amor.

Ahora que siente la espina de la enfermedad, los agradecidos del país se unen para revitalizarlo con oraciones, aplausos y buenos pensamientos.

El pueblo sabe distinguir a los que tienen corazón de ¡Ay bendito! y a los que son mercaderes de la belleza y la verdad y no dudan en servirse con la cuchara grande.

El Señor Tony Croatto, quien vino de lejos, se ha hecho cercano, emancipador de nuestro folklore y de nuestras más preciadas tradiciones.

Editor


censura

Pillaje

A los que se roban las pastillas, medicamentos útiles para muchos, con el propósito de tener ganancias instantáneas y vivir el estilo de los petroleros.

Los sagaces que roban y distribuyen en la calle ofenden a Dios y el país que es víctima de la droga y de sus consecuencias.

El deseo de aumentar los caudales económicos y fingir de gran capataz lleva a muchos a ingeniárselas para lograr su cometido.

Los distribuidores de pastillas se topan con un pueblo necesitado de fármacos que no sabe decir NO a las propuestas de muerte.

Mientras haya consumidores ávidos de substancias de toda índole habrá vendedores en cada esquina.

Estrechez

A los que han dejado las tradiciones del país, su forma de alimentarse y su fe, para acogerse a ritos, estilos y maneras tan opuestas a nuestra idiosincrasia.

Al dejar el pocito dulce, con agua propia, se acercan a cisternas lejanas en ideas, conceptos, actitudes. Muy cerca, a la vera del camino o en casa del compay brotan arroyos de verdad, mansedumbre, humildad.

Los que han vivido bien, inspirados en el bien y en el amor están ahí como cirios encendidos. La espiritualidad de los que tienen a Dios por Padre está a la mano en aquellos que dan testimonio de su fe.

Editor

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