| Edición 14 • 3 al 9 de
abril de 2005 |
Hoy es martes, 7 de febrero de 2012
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Domingo
de la Divina Misericordia
Señor mío y Dios mío
P. Angel Manuel Santos Santos
liturgia@elvisitante.biz
Para EL VISITANTE
Hechos 2, 41-47.
Este pasaje expone cómo era la vida de la primera comunidad cristiana.
Los hermanos perseveraban en la escucha de la enseñanza de los apóstoles,
en la vida en común, en la fracción del pan y en las oraciones.
Esos siguen siendo hoy los elementos esenciales de la Iglesia.
Salmo 117, 2-4. 13-14. 22-23.
Este salmo es un himno de acción de gracias al Salvador de Israel después
de la victoria. Con este salmo, la Iglesia da gracias a Dios por la victoria
de Cristo sobre el pecado y la muerte.
I Pedro 1, 3-9
La primera parte de este pasaje es una acción de gracias por la herencia
concedida a los hombres en Cristo Jesús. La segunda parte es una exhortación
a amar y a ser fieles a Cristo. Por su resurrección nos ha hecho renacer
a una esperanza viva. Debemos rebosar de alegría.
Juan 20, 19-31.
Jesús se apareció por primera vez a los apóstoles el mismo
día de la Resurrección al atardecer. En esta aparición,
Jesús les infundió el Espíritu Santo dándole potestad
para perdonar los pecados. A los ocho días se apareció de nuevo
y, viendo la incredulidad de Tomás, enseña lo que es la fe.
La
fe de Santo Tomás
Cristo Resucitado está presente en la Iglesia, en todos los sacramentos;
pero de modo sublime, está presente en el Sacramento de su Cuerpo y de
Sangre. Sin embargo, hace falta la capacidad, el cuidado o la atención,
para darnos cuenta de la presencia de Cristo vivo en la Santa Misa. Esto es así,
porque sólo los creyentes atentos descubren la presencia de Cristo resucitado
en la Eucaristía. La fe nos capacita para ver al Señor actuando
en la celebración de la Eucaristía. Ante la presencia de Cristo
Resucitado decimos con Santo Tomás: «Señor mío y Dios
mío». Para llegar a esa profesión de fe sobre Cristo resucitado
se recorre el mismo itinerario de santo Tomás.
Como santo Tomás, los discípulos hoy no estaban con los apóstoles
cuando vino a visitarles Jesús resucitado. Los fieles no han tenido el
privilegio de las apariciones del Resucitado, pero creemos en la Resurrección
porque la Iglesia lo enseña. La Iglesia ha transmitido la experiencia
de los primeros discípulos. La Iglesia de hoy, siendo la misma del primer
siglo, sigue proclamando: «Hemos visto al Señor». En los apóstoles
y en los primeros discípulos, la Iglesia de todos los tiempos ha visto
al Señor.
Hoy, como santo Tomás, dicen: «Si no lo veo, no lo creo».
Hoy el argumento de Tomás se expresa de otro modo, pero diciendo lo mismo: «Si
no lo siento, no lo creo». Por eso, el crecimiento tan grande de las iglesias
que dicen que sienten el Espíritu Santo. Pero la fe no es cuestión
de sentir, sino cuestión de vivir. Con la fe, el hombre se entrega totalmente
a Dios como respuesta a su amor y a su Palabra. La fe no es una experiencia sólo
de los sentimientos sino de toda la persona, intelecto y voluntad.
El evangelio relata que el discípulo amado vio el sepulcro vacío
y creyó. Santo Tomás vio y creyó. Pero la fe no se apoya
en la visión con los ojos de la carne, sino en la visión con los
ojos del alma. Jesús le dijo a santo Tomas: «Bienaventurados los
que creen sin haber visto». Para el cristiano, primero es creer para luego
poder ver con los ojos de la fe.
«
Estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos».
Los discípulos de hoy, para descubrir a Cristo Resucitado con los ojos
de la fe, deben estar dentro de la Iglesia y del templo junto a los demás
cristianos. El itinerario del fiel para descubrir a Cristo comenzó con
la recepción del bautismo, por el cual entró a la Iglesia y se
injertó en el cuerpo de Cristo. Luego, cada domingo, acude al templo junto
a los hermanos para encontrarse con Cristo vivo en la Santa Misa.
San Juan narra la forma portentosa de la aparición de Cristo Resucitado: «Llegó Jesús,
con las puertas cerradas y se puso en medio». En cada Eucaristía,
el Señor resucitado se pone en medio de los fieles por el Sacramento de
su Cuerpo y de su Sangre. El comulgante tiene la oportunidad de entrar al mismo
corazón abierto del Salvador. No sólo Jesús viene a nosotros,
sino que nosotros entramos en Él. La divina misericordia de Dios se manifiesta
a través de este sublime sacramento porque llegamos hasta el mismo corazón
del Salvador, lleno de amor y misericordia por nosotros.
lecturas
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ABRIL |
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| 3 |
+II Domingo de Pascua o de la Divina |
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Misericordia |
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(Octava de Pascua) |
| Bl |
Misa pr, Gl, Secuencia opcional, Pf Pasc.
I con |
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las mismas peculiaridades del Domingo de |
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Pascua. |
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L1 Hech 4, 42-47; Sal 117 |
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L2 1 Ped 1, 3-9 |
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Ev Jn 20, 19-31 |
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Oficio pr, Te Deum. Las demás horas (excepto |
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Comp.) con las mismas peculiaridades del |
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domingo de Pascua. |
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| 4 |
Lunes II s.P. SOLEMNIDAD. La Anunciación |
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del Señor trasladada del 25 de marzo). |
| B1 |
Misa, pr, GL, Cr (genuflexión), Pf pr ,
Or sobre |
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el pueblo núm. 20. |
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L1 Is 7, 10-14; Sa; 39 |
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L2 Hb 10, 4-10 |
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Ev Lc 1, 26-38 |
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Oficio pr Te Deum, Hr ant pr y Salm |
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complementaria. Comp Dom II. |
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| 5 |
Martes II S. P. FERIA o MEMORIA LIBRE: |
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San Vicente Ferrer, pbro. |
| B1 |
Misa pr, o de la memoria, Pf. I-V Pasc. |
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L1 Hch 4, 32-37; Sal 92 |
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Ev Jn 3, 7b-15 |
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Oficio de feria o de la memoria (OL: Ap
2, 1-11) |
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| 6 |
Miércoles II S. P. FERIA |
| B1 |
Misa pr, Pf I-V Pasc. |
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L1 Hch 5, 17-26; Sal 33 |
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Ev Jn 3, 16-21 |
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Oficio de feria (OL: Ap 2, 1-11) |
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| 7 |
Jueves II s.P. MEMORIA ABLIGATORIA: |
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San Juan bautista de la Salle, pbro. |
| B1 |
Misa de la memoria, Pf. I-V Pasc |
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L1 Hech 5, 27-33; Sal 33 |
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Ev Jn 3, 31-36 |
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Oficio de la memoria (OL: Ap 2, 12-29) |
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| 8 |
Viernes II s. P. FERIA. |
| B1 |
Misa pr. Pf I-V Pasc |
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L1 Hch 5, 34-42; Sal. 26 |
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Ev Jn 6, 1-15 |
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Oficio de feria (OL: Hch Ap 3, 1-22) |
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| 9 |
Sábado II s.P. FERIA. |
| B1 |
Misa pr,Pf I-V Pasc. |
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L1 Hch 6,1-7; Sal 32 |
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Ev Jn 6,16-21 |
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Oficio de feria (OL: Ap 4, 1-11) |
| B1 |
Vísperas del domingo sig. Comp Dom I Misa |
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vespertina del domingo sig. |
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TERCERA SEMANA DEL SALTERIO |
| 10 |
+III Domingo de Pascua |
| B1 |
Misa pr, Gl, Cr, Pf I-V Pasc. Bs pr. |
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L1 Hech 2, 14.22-28; Sal 15 |
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L2 1Ped 1,17-21 |
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Ev Lc 24, 13-35 |
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Oficio dominical Te Deum. (OL: Ap 6,1-17) |
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