Madre
Dominga Guzmán frente al sucesor de Pedro
Sor Ana Chévere
Para EL VISITANTE
La fundadora de la orden puertorriqueña de las Hermanas
Dominicas del Santo Rosario de Fátima, Madre Dominga,
mostró gran reverencia al Santo Padre. Era muy fiel a
su magisterio. Cuando se enteró que él venía
para Puerto Rico, se llenó de gran emoción, orando
y sacrificándose, para que esta visita trajera muchas
gracias y bendiciones a nuestra Isla. Consideraba, como Santa
Catalina de Siena, que el Santo Padre era el “Vicario
de Cristo en la tierra”, por lo cual a través de
él, era el mismo Cristo el que nos visitaría.
Madre
Dominga conoció a Juan Pablo II en la visita de este
a Puerto Rico.
El Papa le pidió a la fundadora de las Dominicas que
orara por él.
(Fotos suministradas)
Con gran ilusión, entusiasmo y alegría, preparó
su viaje para llegar a San Juan, a sus 86 años. Estaba
recién salida del hospital. Logró venir con permiso
de sus médicos, acompañada de la Superiora General,
su enfermera y otras hermanas. Podemos imaginarnos como estaría
su corazón, rebosante de júbilo, por tan gran
acontecimiento para la Iglesia de Puerto Rico: ¡La visita
por primera vez del Papa, Mensajero de la Paz, a nuestra Isla!
Madre Dominga y sus Hermanas viajaron desde Guánica
el día antes. Pernoctó en el Convento de Bayamón
y desde allí partió para Plaza Las Américas
bien temprano. Ese día ayunó y, con gran paciencia
y mucha paz, esperó todo el día hasta lograr ver
a su lado al Santo Padre que al saludarle le dijo: “Ora
por mí”. Momentos memorables que grabó en
su alma con una profunda acción de gracias a Dios por
haberle concedido esa gran bendición de ver y escuchar
en su patria amada al Santo Padre Juan Pablo II.
Debido a la extrema seguridad que había en el lugar,
los arreglos para tomar fotos fallaron, lo cual se lamentó
mucho.
Una vez más Dios le proveyó. Sor Celeste Ortiz,
O.P., quien en ese tiempo estudiaba en Roma con Sor Amada Ríos,
O.P. un año de espiritualidad en “Regina Mundi”,
consiguió las fotos del viaje del Santo Padre a Puerto
Rico. Nos podemos imaginar el gozo y la alegría de Madre
Dominga, al contemplar esas fotos. Gracias damos a Dios y a
sor M. Celeste, O.P., por la gestión realizada. Elevó
sus brazos a Dios, alabándole por tantos gestos de amor
¡A Él la gloria para siempre!
El Señor le había mostrado otro gesto de amor,
por haber sido bendecida por Juan Pablo II, quien en 1983, le
había dado la alegría de otorgarle la aprobación
de la Congregación como derecho Pontificio y las Constituciones
renovadas después de la aprobación del nuevo derecho
canónico. Dos experiencias que vivió Madre Dominga
y celebró gracias a Juan Pablo II.