Edición 15 • 10 al 16 de abril de 2005
Hoy es miércoles, 8 de febrero de 2012


Madre Dominga Guzmán frente al sucesor de Pedro

Sor Ana Chévere
Para EL VISITANTE

La fundadora de la orden puertorriqueña de las Hermanas Dominicas del Santo Rosario de Fátima, Madre Dominga, mostró gran reverencia al Santo Padre. Era muy fiel a su magisterio. Cuando se enteró que él venía para Puerto Rico, se llenó de gran emoción, orando y sacrificándose, para que esta visita trajera muchas gracias y bendiciones a nuestra Isla. Consideraba, como Santa Catalina de Siena, que el Santo Padre era el “Vicario de Cristo en la tierra”, por lo cual a través de él, era el mismo Cristo el que nos visitaría.


Madre Dominga conoció a Juan Pablo II en la visita de este a Puerto Rico.
El Papa le pidió a la fundadora de las Dominicas que orara por él.
(Fotos suministradas)

Con gran ilusión, entusiasmo y alegría, preparó su viaje para llegar a San Juan, a sus 86 años. Estaba recién salida del hospital. Logró venir con permiso de sus médicos, acompañada de la Superiora General, su enfermera y otras hermanas. Podemos imaginarnos como estaría su corazón, rebosante de júbilo, por tan gran acontecimiento para la Iglesia de Puerto Rico: ¡La visita por primera vez del Papa, Mensajero de la Paz, a nuestra Isla!

Madre Dominga y sus Hermanas viajaron desde Guánica el día antes. Pernoctó en el Convento de Bayamón y desde allí partió para Plaza Las Américas bien temprano. Ese día ayunó y, con gran paciencia y mucha paz, esperó todo el día hasta lograr ver a su lado al Santo Padre que al saludarle le dijo: “Ora por mí”. Momentos memorables que grabó en su alma con una profunda acción de gracias a Dios por haberle concedido esa gran bendición de ver y escuchar en su patria amada al Santo Padre Juan Pablo II.

Debido a la extrema seguridad que había en el lugar, los arreglos para tomar fotos fallaron, lo cual se lamentó mucho.

Una vez más Dios le proveyó. Sor Celeste Ortiz, O.P., quien en ese tiempo estudiaba en Roma con Sor Amada Ríos, O.P. un año de espiritualidad en “Regina Mundi”, consiguió las fotos del viaje del Santo Padre a Puerto Rico. Nos podemos imaginar el gozo y la alegría de Madre Dominga, al contemplar esas fotos. Gracias damos a Dios y a sor M. Celeste, O.P., por la gestión realizada. Elevó sus brazos a Dios, alabándole por tantos gestos de amor ¡A Él la gloria para siempre!

El Señor le había mostrado otro gesto de amor, por haber sido bendecida por Juan Pablo II, quien en 1983, le había dado la alegría de otorgarle la aprobación de la Congregación como derecho Pontificio y las Constituciones renovadas después de la aprobación del nuevo derecho canónico. Dos experiencias que vivió Madre Dominga y celebró gracias a Juan Pablo II.

 

 

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