Edición 15 • 10 al 16 de abril de 2005
Hoy es miércoles, 8 de febrero de 2012


Roberto Octavio González Nieves, Ofm
Arzobispo Metropolitano de San Juan
de Puerto Rico

Más que un recuerdo

Queridos hermanos y hermanas en Jesús Resucitado:

Saludos de paz y bien.

Cierto es que ya han pasado veinte años de la histórica e inolvidable visita del Su Santidad, Juan Pablo II a nuestras tierras borincanas. Hoy, al conmemorar esta visita no podemos únicamente pensar en que fue la primera vista de un Papa a Puerto Rico, en que ha sido la actividad más multitudinaria en nuestra historia que reunió cerca de un millón de personas. Pensar en estos eventos solamente sería perder la esencia misma de la visita papal.


De izquierda a derecha, Monseñor Fremiot Torres Oliver,
Luis Cardenal Aponte Martínez, Su Santidad Juan Pablo II,
Monseñor Ricardo Suriñach.
(Foto: Archivo Histórico Biblioteca
Madre Teresa Guevara, USC)

Esta visita del Santo Padre, más que un recuerdo histórico debe ser una continua vivencia de fe para nuestro pueblo. Hoy, veinte años después nuestras almas deben estremecerse con aquel beso amoroso que el Santo Padre nos dio a todos al besar suelo boricua manifestando su profundo amor por nuestra patria, gesto que realiza al visitar por primera vez a una nación. Aún debemos todos, como multitud, seguir gritándole al Papa: “Tú eres Pedro” y pedirle que nos confirme en la fe inquebrantable para que el poder de las tinieblas no arrebate el alma de nuestro pueblo de la presencia amorosa de Dios y para permanecer siempre unidos a Cristo Jesús.

El Santo Padre, en su homilía aquel día, en alusión al episodio de las Bodas de Caná, repetía las palabras de María “Haced lo que Él os diga”. Nos decía que este hacer lo que Jesús nos diga significa: escuchar su palabra, porque Él es enviado del Padre; seguirlo con fidelidad porque Él es el camino, la verdad y la vida; ser en el mundo de hoy luz y sal de la tierra; ser operadores de la paz, de justicia, de misericordia, de limpieza de corazón; ver en el hambriento, en el enfermo, en el forastero, la presencia de Cristo que reclama ayuda.

Al conmemorar el vigésimo aniversario de la visita del sucesor de Pedro nuestro compromiso como pueblo cristiano debe estar enmarcado en tener una firme disposición en hacer todo cuanto Jesús nos diga, según nos exhortó nuestro querido Papa. Cuando aquellos sirvientes hicieron caso a las palabras de María e hicieron lo que Jesús les dijo, acaeció el primer milagro de Jesús poniendo de manifiesto su gloria y su poder. Si nosotros hiciéramos como aquellos sirvientes que escucharon obedientemente las palabras de María y actuásemos de acuerdo a la voluntad de Jesús, su gloria y su poder también se harían manifiesto en nuestras familias y nuestros corazones.

Ayer, igual que hoy, tiene una inmensa importancia la exhortación que nos hiciera el Papa de no permitir que se destruya la familia, especialmente cuando se ataca la unidad y la indisolubilidad del matrimonio. Tristemente hemos visto como se ha querido transformar a la familia y como se ha intentando desprestigiar la institución del matrimonio. El matrimonio no puede ser reducido a un mero contrato. Para los católicos el matrimonio es un sacramento, es una canal de gracia e instrumento de salvación y bendición para la familia. Hagamos lo que Jesús nos diga, hagamos de nuestras familias y matrimonios instituciones de amor al servicio de la salvación.

También al revivir esta visita papal, vienen a mi mente y hacen arder mi corazón las palabras a los sacerdotes, religiosos, religiosas y seminaristas que Su Santidad dijo en el palacio de los Deportes en la Universidad del Sagrado Corazón. El Papa en esa ocasión nos llamó: “mensajeros del Evangelio, testigos de la fe y servidores de los hombres”. Estas palabras describen nuestra misión como personas consagradas y denotan la grandeza y responsabilidad de nuestro apostolado. Hoy más que nunca urge que todos seamos mensajeros, heraldos del Evangelio para anunciar la Buena Nueva de la salvación en Cristo Jesús.

Ruego a Dios para que nuestra Patria siempre abra su corazón a las palabras y mensaje del Papa y siempre muestre su adhesión al Vicario de Cristo, quien ama y ora por Puerto Rico.

 

 

Ir al tope del documento
Ir atrs
Página PrincipalDe PortadaEsta SemanaEn FocoFormaciónLiturgiaPor las diócesisEV de Revista