Edición 15 • 10 al 16 de abril de 2005
Hoy es miércoles, 8 de febrero de 2012


+Rubén Antonio González Medina, c.m.f.
Obispo de Caguas

Juan Pablo II, veinte años después...

“Aquella hermosa tarde, el Papa con su rápida visita, confirmó la fe de la Iglesia...”

Al releer las palabras que el Papa Juan Pablo II nos dirigió a los puertorriqueños y puertorriqueñas, en aquella breve, pero histórica visita que nos hizo en el 1984, descubro un hilo conductor que las hacen tan actuales como entonces.

Aquel 12 de octubre, con fuerte voz, nos dijo: “Qué gozo produce en mi ánimo constatar que en estas tierras rodeadas por el Océano Atlántico, sus gentes han acogido a Cristo, dan testimonio de Él y lo proclaman como Hijo de Dios y Salvador, como la cabeza de la Iglesia y el objeto de su fe”.

Aquella hermosa tarde, el Papa con su rápida visita, confirmó la fe de la Iglesia que peregrina guiada por la Palabra de Dios y que intenta, pese a las dificultades y problemas, responder con generosidad a los retos que se nos presentan.

Juan Pablo II reconoció nuestra firme devoción a la Virgen María, cuando nos dijo:“Sé muy bien que en esta tierra borinqueña ha sido siempre muy profunda la devoción a la Madre de Cristo y de la Iglesia. A Ella el puertorriqueño la siente de veras como la propia Madre del cielo”.

El Santo Padre en aquella histórica visita nos animó a que “Ese profundo sentimiento de hermanos en la fe e hijos de una Madre común que nos ha enseñado la mutua comprensión, la hospitalidad, el amor a la convivencia en paz, la capacidad de entendimiento por encima de las diversas opciones sociales.” no lo perdiéramos sino que nos instó a preservarlo “en todo momento y circunstancias”.

Ese día motivó de una manera especial a la juventud y la invitó a asumir valientemente el compromiso de la fe, urgió a no dejarse vencer por el mal, porque “La juventud huye de la mediocridad, vive la esperanza y quiere encontrar su debido puesto en la sociedad de hoy. Por ello su voz debe ser escuchada y debe tener acceso a los bienes espirituales, culturales y materiales de nuestro mundo, para evitar que sea víctima de la frustración, de la evasión y las drogas.”

También alentó a los laicos en su dinamismo cristiano, a:

1. “Imbuir la realidad temporal de los valores del Evangelio”.

2. “Luchar desde dentro en la transformación de la sociedad según Dios”.

3. “Contribuir con todas sus fuerzas a la mejora social en la difícil situación económica presente”.

4. No cansarse, ya que en “su tarea generosa queda abierta la necesaria obra de moralización de la vida pública”.

5. “La lucha contra lo que trastorna la convivencia social, la delincuencia, la drogadicción, la corrupción, el alcoholismo”.

6. “Con insobornable sentido ético y de amor el hombre, imagen de Dios, pueda cambiar los corazones y elevar así el tono moral de la sociedad”.

Estas fueron algunas de las palabras que el Santo Padre Juan Pablo II nos dirigió en aquella memorable tarde del 12 de octubre de 1984. Hoy, veinte años después, las leo con emoción. Vienen a mi memoria un sinnúmero de recuerdos, entre otros, la hermosa peregrinación de tantos hombres y mujeres de fe, grandes y pequeños que regresaban a sus hogares a pie... cantando. Si por casualidad les preguntabas ¿cómo se sienten? Te respondían con alegría desbordante en sus rostros: “Muy bien, valió la pena. Sí, valió la pena, las largas horas de espera, el aguantar el sol abrasador, la lluvia... valió la pena”. ¿La razón? Bien sencilla, sus corazones estaban encendidos, porque al escuchar a Juan Pablo II, habían vivido la experiencia de Emaús...ya que, “Ardían sus corazones mientras él les hablaba en el camino y les explicaba las Escrituras” (Lc. 24.32). Que hoy, como ayer, sus palabras llenas de sabiduría resuenen en nuestros corazones, y que al recordarlas y meditarlas, nos sirvan de estímulo para reafirmar nuestro compromiso de trabajar cada día más, por nuestra querida nación puertorriqueña.

¡Dios bendiga a Puerto Rico!

 

 

Ir al tope del documento
Ir atrs
Página PrincipalDe PortadaEsta SemanaEn FocoFormaciónLiturgiaPor las diócesisEV de Revista