Edición 15 • 10 al 16 de abril de 2005
Hoy es miércoles, 8 de febrero de 2012


Monseñor Ulises Aurelio Casiano Vargas
Obispo de Mayagüez

Una efeméride indeleble

Recordar es vivir; y qué agradable resulta recordar aquel 12 de octubre de 1984. Hacía 492 años que América se declaraba para Cristo y nada menos que el sucesor de Pedro llegaba a nuestra tierra para confirmar con un beso el gran amor que Dios tiene a sus hijos los puertorriqueños y cuánto les necesita en el desempeño de las actividades propias del Reino de Dios. Aquella feliz tarde del viernes marcó un hecho trascendental para todo Puerto Rico y para cada puertorriqueño. Jamás en nuestra historia se había congregado tanta gente para recibir a alguien. Jamás un Papa había pisado nuestro suelo, y más aún, besarlo en señal de santificarlo. Por doquier había motivo de celebración. En lo personal, no pocos sintieron una llamada interna a la conversión y otros, parecido al centurión, al ver la manifestación, tuvieron que decir: “verdaderamente este es un emisario de paz”.


El gobernador Carlos Romero Barceló recibe el saludo del Papa a la llegada del Pontífice a la Isla. Acompaña a su Santidad el cardenal Luis Aponte Martínez. (Foto: Proyecto de Digitalización de la Colección de Fotos del Periódico El Mundo, Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras) La fotografía se publicó en la edición del 13 de octubre de 1984 del periódico El Mundo. Los fotógrafos de El Mundo para esa fecha eran: Juan Rivas, Vicente Grande Mauricio Pascual, Alina Luciano, Lou Alers, Teodoro Torres, César Silva y Eddie Figueroa.

En nuestra diócesis, para aquellos días, se desplegó una amplia preparación espiritual que convergía con el anuncio de la llegada del Papa. Multiplicidad de horas santas en las parroquias, jornadas de oración y reflexión, retiros, conferencias, vigilias con el Santísimo Sacramento, celebraciones penitenciales, rezo del santo rosario antes del inicio de cada misa; catequesis en las homilías acerca del Papa; peregrinaciones al Santuario de la Monserrate en Hormigueros; ambientación para los enfermos y ancianos en hospitales y asilos respectivamente; ambientación en los colegios católicos y el rezo de la oración por el Papa, con la distribución de fotos, afiches y pegatinas conmemorativas. Todo este marco de oración y reflexión sirvió como fermento en una masa de católicos que necesitaban ese estímulo para revivir la fe y más que revivirla testimoniarla. Fe, que el Papa confirmó con su visita.

Hoy, a los veinte años de aquel magno acontecimiento, continuamos orando por su Santidad, el Papa Juan Pablo II, por su salud y por lo prolijo de su pontificado. Que sus enseñanzas y pastoreo continúen llevando a todos el mensaje de la Paz. Hoy, debemos, al reflexionar sobre aquella memorable visita, preguntarnos, cuánto hemos aquilatado de aquellas palabras del Santo Padre, cuánto la hemos puesto en práctica y cuánto nos falta por hacer. La figura de Juan Pablo II, es hoy por hoy, un monumento a la inquebrantable alianza de Dios con su pueblo, a su infinita misericordia y a su fidelidad. El recuerdo perdura no solamente en la mente de quienes vivimos aquella tarde, sino en la propia historia que a lo largo de su paso nos cuestionará cuánto aprovechamos de aquel maravilloso regalo de Dios, de tener a su mensajero entre nosotros.

Les bendice;

Mons. Ulises Aurelio Casiano Vargas
Obispo de Mayagüez

 

 

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