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Monseñor
Ulises Aurelio Casiano Vargas
Obispo de Mayagüez |
Una
efeméride indeleble
Recordar es vivir; y qué agradable resulta recordar
aquel 12 de octubre de 1984. Hacía 492 años que
América se declaraba para Cristo y nada menos que el
sucesor de Pedro llegaba a nuestra tierra para confirmar con
un beso el gran amor que Dios tiene a sus hijos los puertorriqueños
y cuánto les necesita en el desempeño de las actividades
propias del Reino de Dios. Aquella feliz tarde del viernes marcó
un hecho trascendental para todo Puerto Rico y para cada puertorriqueño.
Jamás en nuestra historia se había congregado
tanta gente para recibir a alguien. Jamás un Papa había
pisado nuestro suelo, y más aún, besarlo en señal
de santificarlo. Por doquier había motivo de celebración.
En lo personal, no pocos sintieron una llamada interna a la
conversión y otros, parecido al centurión, al
ver la manifestación, tuvieron que decir: “verdaderamente
este es un emisario de paz”.

El
gobernador Carlos Romero Barceló recibe el saludo del
Papa a la llegada del Pontífice a la Isla. Acompaña
a su Santidad el cardenal Luis Aponte Martínez. (Foto:
Proyecto de Digitalización de la Colección de
Fotos del Periódico El Mundo, Universidad de Puerto Rico,
Recinto de Río Piedras) La fotografía se publicó
en la edición del 13 de octubre de 1984 del periódico
El Mundo. Los fotógrafos de El Mundo para esa fecha eran:
Juan Rivas, Vicente Grande Mauricio Pascual, Alina Luciano,
Lou Alers, Teodoro Torres, César Silva y Eddie Figueroa.
En nuestra diócesis, para aquellos días, se
desplegó una amplia preparación espiritual que
convergía con el anuncio de la llegada del Papa. Multiplicidad
de horas santas en las parroquias, jornadas de oración
y reflexión, retiros, conferencias, vigilias con el Santísimo
Sacramento, celebraciones penitenciales, rezo del santo rosario
antes del inicio de cada misa; catequesis en las homilías
acerca del Papa; peregrinaciones al Santuario de la Monserrate
en Hormigueros; ambientación para los enfermos y ancianos
en hospitales y asilos respectivamente; ambientación
en los colegios católicos y el rezo de la oración
por el Papa, con la distribución de fotos, afiches y
pegatinas conmemorativas. Todo este marco de oración
y reflexión sirvió como fermento en una masa de
católicos que necesitaban ese estímulo para revivir
la fe y más que revivirla testimoniarla. Fe, que el Papa
confirmó con su visita.
Hoy, a los veinte años de aquel magno acontecimiento,
continuamos orando por su Santidad, el Papa Juan Pablo II, por
su salud y por lo prolijo de su pontificado. Que sus enseñanzas
y pastoreo continúen llevando a todos el mensaje de la
Paz. Hoy, debemos, al reflexionar sobre aquella memorable visita,
preguntarnos, cuánto hemos aquilatado de aquellas palabras
del Santo Padre, cuánto la hemos puesto en práctica
y cuánto nos falta por hacer. La figura de Juan Pablo
II, es hoy por hoy, un monumento a la inquebrantable alianza
de Dios con su pueblo, a su infinita misericordia y a su fidelidad.
El recuerdo perdura no solamente en la mente de quienes vivimos
aquella tarde, sino en la propia historia que a lo largo de
su paso nos cuestionará cuánto aprovechamos de
aquel maravilloso regalo de Dios, de tener a su mensajero entre
nosotros.
Les bendice;
Mons. Ulises Aurelio Casiano Vargas
Obispo de Mayagüez