Edición 15 • 10 al 16 de abril de 2005
Hoy es miércoles, 8 de febrero de 2012


Nuestra Casa fue su Casa

¡…Y el Sucesor de Pedro estuvo con nosotros! Con nervios, tensión ansiedad y, al final, una profunda alegría, nuestra Universidad del Sagrado Corazón recibió a Su Santidad Juan Pablo II, cabeza de la Iglesia Católica, Sucesor de Pedro y Obispo de Roma. Todos querían saludarle, estar cerca de él, sentir su presencia, fotografiarle, poder decir “sí, yo di la mano al Papa polaco”.

Pero quizás, lo que los lectores quieran saber es qué hizo Juan Pablo en el campus, por dónde se movió, a quién vio y a quién saludó.

El Papa llegó a la Universidad por la calle de las Flores, acompañado de un despliegue de seguridad que, en ocasiones, llegó a considerarse excesivo. Siguió en la limusina del Presidente Reagan (…), [hasta] estacionarse frente a la entrada del Centro de Estudiantes.

Fue aquí donde rompió el protocolo y dirigiéndose al grupo de personas (…) comenzó a saludar e impartir bendiciones a un público que no cesaba de llamarle. Manos, brazos, tirones de ropa: todos querían tocarle y después lloraban con una emoción plena de alegría.

(…) En ese momento se encontró unas monjitas que, haciendo caso omiso de las medidas de seguridad, pudieron llegar hasta él: “Déjenlas, déjenlas”, repetía el Santo Padre a unos guardias de seguridad norteamericanos que intentaban sacarlas fuera.

Al costado derecho de la entrada del Centro, el coro de los estudiantes de la UNIV no cesaba de cantar el “Gaudeamus Igitur” [“Alegrémonos pues”], viejísima canción universitaria europea. También ellos pudieron disfrutar de su saludo y bendición, mientras sus voces de barítonos se debilitaban por la emoción del encuentro.

A continuación, le tocó el turno al presidente, el doctor Pedro González Ramos, y a su esposa Nelky, anfitriones de una visita histórica que por muchos años permanecerá en el recuerdo de todos. Dos niñas del Colegio San José y de ascendencia polaca le entregaban un ramo de flores y le daban un saludo en polaco. Tras ellas, nuestro presidente de la Junta de Síndicos, licenciado Juan Doval y señora, estrechaban la mano de un Pontífice que no cesaba de sonreír, mostrando una alegría contagiosa a todos cuantos le rodeaban.

Cena de Presentación

(…) Su Santidad Pablo II subió las escaleras, para dirigirse al salón en que iba a tener lugar la cena, acompañado del séquito y de los obispos puertorriqueños.

Después de unos 40 minutos, el Papa fue a saludar a los miembros del V Centenario del Descubrimiento, que ya han comenzado sus estudios preparatorios sobre la evangelización de América, centrándose en el estudio de los sucesos más notables de la Iglesia en Puerto Rico.

El siguiente acto tendría lugar en el salón de juegos, donde la Junta de Síndicos de nuestra institución y decanos, junto a los invitados especiales del Arzobispado, esperaban ordenadamente sentados, la llegada del Santo Padre. De nuevo los nervios aparecían dibujados en las caras de los allí presentes. Sin embargo, el orden y el respeto por el momento tan especial que estaban viviendo fueron la nota más brillante de esos instantes: uno a uno saludó el Pontífice, de nuevo rodeado por una barrera de seguridad que no le dejaba solo en ningún momento. Eran ya más de las 9:30 pm y el rostro de Juan Pablo II denotaba cansancio, todo el cansancio de un periplo agotador que comenzó en Zaragoza, España, y finalizaba en Puerto Rico.

Pero él continuaba ofreciendo su tierna sonrisa a todos y cada uno. Todavía faltaba una parte muy importante de la jornada: su encuentro con más de 2,000 sacerdotes, religiosos, religiosas y seminaristas de Puerto Rico en la cancha bajo techo, adornada para esta ocasión por el profesor Rafael Márquez.

Era impresionante ver cómo entraba y saludaba, mientras el resto de los asistentes entonaban el himno compuesto para la visita del Pontífice a la Isla. Durante más de veinte minutos, Su Santidad habló a los presentes de fe, fortaleza y de su misión. Además, tuvo tiempo para hacer reír un poco a los presentes con algunos comentarios que ayudaron a dignificar, aún más, una figura tierna y solemne que vino a confortar nuestra tierra en momentos difíciles.

¡Gracias, Juan Pablo! Gracias en nombre de un pueblo que cree, de un pueblo que trabaja, ama y sufre. ¡Gracias en nombre de tu pueblo!

Publicado en la edición de octubre de 1984 en el Boletín Informativo Quincenal ¨Ecos¨ de la Universidad del Sagrado Corazón
Fuente: Archivo Histórico de la USC (editado)

 

 

 

Ir al tope del documento
Ir atrs
Página PrincipalDe PortadaEsta SemanaEn FocoFormaciónLiturgiaPor las diócesisEV de Revista