‘‘Un
Papa extraordinario”
José A. Rodríguez González
redaccionsjc@elvisitante.biz
 |
Monseñor Fernando Felices,
en la actualidad, párroco de la Gruta de Lourdes,
Trujillo Alto (Foto: JARG)
|
Juan Pablo II “el Grande”, así es como Monseñor
Fernando Felices describió al Papa que nos visitó
en el 1984, haciéndose eco de la expresión de
nuestro anterior Delegado Apostólico Monseñor
Francois Bacqué.
¿Cuál
era su responsabilidad pastoral, como sacerdote diocesano, cuando
Juan Pablo II visitó la Isla?
Dos circunstancias me permitieron apreciar más la visita
del Papa a Puerto Rico. En 1984 acababa de ser nombrado Rector
del Seminario Mayor Santa María de los Ángeles
de la Arquidiócesis de San Juan. Los seminaristas ayudaron
en la celebración de la Santa Misa como ministros menores
del altar. La segunda razón fue que era también
miembro de la Comisión que la Conferencia Episcopal Puertorriqueña
había nombrado con motivo del Quinto Centenario.

El
Santo Padre en la USC.
(Foto: Archivo Histórico Biblioteca
Madre Teresa Guevara - USC)
Juan Pablo II visitó a Puerto Rico el 12 de octubre
de 1984 como parte de las iniciativas pontificias para fomentar
en América Latina el novenario para celebrar el Quinto
Centenario de la Evangelización de América.
¿Cómo
se preparó la visita de Juan Pablo II?
Primero, hubo predicación. En nuestra Arquidiócesis
se hicieron una serie de predicaciones que el Arzobispado mandó
a las parroquias para explicar la misión de Pedro en
la Iglesia de hoy y de siempre. En segundo lugar hubo una gran
motivación espiritual e incluso entre los medios noticiosos
que se unieron para transmitir y comentar la visita. Monseñor
Francisco Arenas compuso una canción que se difundió
a nivel de toda la Isla. También, como se trataba de
la figura del Sumo Pontífice, - y ya que era la primera
vez que un Papa visitaba la Isla -, había mucho deseo
entre todos los miembros de la comunidad puertorriqueña
de participar. El Visitante publicó una serie de artículos
sobre la vida de Juan Pablo II y la misión del Papa en
la Iglesia.
A Juan Pablo II lo conocí desde que era seminarista.
Precisamente un mes después de haber entrado al Seminario
a empezar mis estudios de teología eligieron a Juan Pablo
II. Para mí fue algo muy especial porque ese Papa que
yo había estado acompañando a lo largo de los
cuatro años de estudios de teología lo iba a poder
conocer personalmente.
¿Quiénes
fueron los miembros de la Comisión del Quinto Centenario?
Entre los miembros, de la Comisión del Quinto Centenario
de la Evangelización, estaban Don Ricardo Alegría,
el Dr. Arturo Dávila, Sor Úrsula Quiñones,
P. Fernando Picó, SJ, el Dr. Torres Oliver y este servidor.
Estos son los miembros que recuerdo. Había un representante
por diócesis: por ejemplo, Sor Úrsula y el Dr.
Torres representaban a Mayagüez, el Dr. Arturo Dávila
y Don Ricardo Alegría representaban a San Juan.
¿Por
qué Juan Pablo II visitó a Puerto Rico?
El Papa no visita un lugar si no es invitado. Entiendo que
fue S.E.R Luis Cardenal Aponte quien, por ser Cardenal de la
Iglesia por decirlo así, tuvo la iniciativa principal
de la invitación.
¿Cuáles
fueron los lugares que visitó Juan Pablo II?
El Papa visitó fundamentalmente dos lugares fuera del
aeropuerto internacional: la gran explanada de Plaza Las Américas
para la celebración de la Santa Misa y luego la Universidad
del Sagrado Corazón, que prestó las facilidades
de la Cancha Bajo Techo para reunirse con los religiosos, seminaristas
y sacerdotes de Puerto Rico.
¿Cómo
describe usted la seguridad que se le brindó a Juan Pablo
II?
Aunque el Papa no iba a pasar la noche en Puerto Rico y sólo
estuvo un tiempo muy limitado, había que proveerle seguridad.
Ahora bien, la seguridad, - que estuvo a cargo del gobierno
federal y del servicio de seguridad del Vaticano -, fue , a
mi entender, un poco exagerada. Por ejemplo, no pudo montarse
en el Papa Móvil porque tenían miedo de que le
fueran a disparar. Fue en un carro blindado. Muchas de las personas
que lo fueron a saludar en la Avenida Baldorioty de Castro sólo
vieron dos personas dentro de un carro: a S.E.R. Luis Cardenal
Aponte Martínez y al Papa Juan Pablo II. Puedo decir
que la gente pudo ver muy poco del Papa por la “protección”
que se le dio. Su visita fue, por demás, muy breve y
los únicos tres momentos que tuvo Su Santidad para tener
contacto con el pueblo fueron: la recepción protocolar
en el Aeropuerto, en la explanada de Plaza Las Américas
y en la Universidad del Sagrado Corazón.
¿Tuvo
algún contacto directo con Su Santidad Juan Pablo II?
Después de la Misa, el Papa fue trasladado a la Universidad
del Sagrado Corazón en cuyas facilidades cenó,
en privado, con los Señores Obispos de Puerto Rico.Después
de dicha cena, y antes de dirigirse a los sacerdotes y consagrados
de Puerto Rico, visitó durante cinco minutos a la Comisión
del Quinto Centenario de la Evangelización. En este momento
fue que el Sr. Cardenal me presentó al Sumo Pontífice,
- ya que yo era quien presidía la Comisión -,
y le dice: “Este es el Rector del Seminario”. El
Pontífice lo único que dijo como respuesta fue
lo siguiente: “Es muy joven”. Luego saludó
a cada uno de los miembros de la Comisión y al acabar
el saludo y decirnos unas palabras se despidió. En este
instante le comento: “Rece por los seminaristas puertorriqueños”.
El Sumo Pontífice me contestó: “Los llevo
en mi corazón”.
¿Cuál
fue su impresión cuando lo vio?
Su mirada; es incomparable y no hay foto que pueda representarla.
Para mí, refleja una gran profundidad espiritual.
Después de esta experiencia y visita he acrecentado
mi admiración, devoción y adhesión a la
figura de Juan Pablo II como Papa, Teólogo y hombre de
fe. Ha dado ejemplo heroico de lo que es ser testigo de ella.
Por eso creo lo que dijo uno de los nuncios que hemos tenido,
- Monseñor Bacqué -, cuando afirmó de nuestro
Pontífice el siguiente atributo: “Juan Pablo II
el Grande”.
Del
mensaje que Juan Pablo II dirigió al pueblo, ¿cuáles
fueron sus exhortaciones principales? ¿Entiende usted
que se han realizado?
Todavía tenemos mucho que revisar y aprender de lo
que nos dijo y de lo que ha continuado diciendo Juan Pablo II
sobre la gestión de la Iglesia. Su gran preocupación,
que es la Nueva Evangelización, sigue pendiente. Uno
de los puntos, que como Rector a mí más me impresionó,
fue cuando dijo que las vocaciones sacerdotales y religiosas
en Puerto Rico son responsabilidad de toda la Iglesia y no sólo
de los sacerdotes y religiosos. En aquél momento, Juan
Pablo II felicitó a nuestra Iglesia porque todos los
Obispos del país eran nativos. Él lo veía
como un signo de madurez espiritual.
Juan Pablo II, en su mensaje en Plaza Las Américas,
recalcó que tuviéramos un laicado maduro espiritualmente.
Motivó a que se comprometieran los laicos, desde el seno
de la sociedad, a ser luz del mundo y sal de la tierra.
También queda pendiente lo que el Papa mencionó
con agrado, que es la construcción del Santuario a Nuestra
Señora de la Divina Providencia. Además mencionó,
citando a Fray Iñigo Abad y Lasierra, que el jíbaro
se destacaba por su devoción a la Virgen María;
y, una señal de esto era el llevar un rosario al cuello.
También debo señalar que después de la
visita de Juan Pablo II el número de ordenaciones sacerdotales
aumentó notablemente en nuestras diócesis y congregaciones
religiosas.
¿Quién
es, para usted, Juan Pablo II?
Para mí, Juan Pablo II ha sido un Papa que ha transformado
radicalmente el estilo de ser Pontífice Romano. Es decir,
ha roto muchos de los moldes de lo que se suponía que
un Pontífice fuese. Por ejemplo, muchas de sus enseñanzas
doctrinales son geniales, atrevidas y novedosas. También
la amplitud de sus viajes es inusitada. Ha tenido unos gestos
verdaderamente proféticos: por ejemplo, la petición
de perdón por los hijos de la Iglesia que habían
fallado en el milenio que terminaba; sus desvelos ecuménicos
han sido significativos; su afán por defender la dignidad
de todo ser humano (no sólo de los católicos o
de la Iglesia como tal) es sobresaliente; su teología
del cuerpo ha cambiado el panorama de la teología moral,
además de darle un fundamento metodológico sólido
a esa disciplina, gracias sobre todo a su Encíclica sobre
el Esplendor de la Verdad; su mariología es vivencial
y riquísima; sus aportaciones a la teología de
la familia, de los movimientos laicales, de la cultura y del
presbítero han sido importantísimas; es el Pontífice
que más católicos del mundo han podido ver y oír
de cerca. También, le ha dado un rostro y una voz a la
Iglesia de Cristo entre un inmenso número de personas
no creyentes que lo han podido ver porque ha visitado a países
musulmanes, budistas y ortodoxos. En Italia, creo que es el
Pontífice que más diócesis y parroquias
ha visitado.
Juan Pablo II ha sido una de las personas que más ha
influenciado en mí, específicamente en mi desarrollo
teológico y sacerdotal; después de San Agustín
y de Santa Teresa de Jesús.