Travesía
sobre los pasos de Su Santidad en el Campus
Vivian Maldonado Miranda
entrevistas@elvisitante.biz
El silencio predominaba en la cancha bajo techo de la Universidad
del Sagrado Corazón (USC), a las 10:30 de la mañana
del penúltimo martes de septiembre de 2004. No había
gente adentro, sólo las gradas y la malla de voleibol.
En el fondo se escuchaban las voces de los estudiantes que estaban
afuera de los salones. En el exterior, se encontraba el letrero
que rotula al edificio con el nombre del Papa Juan Pablo II
y la placa que conmemora aquél gran día del año
1984.
Así comenzó el recorrido por las huellas del
Santo Padre en el campus. “¿Sigue todo igual?”,
fue la pregunta que saltó al oído de la Hermana.
La estructura permanecía como testigo del momento en
que Juan Pablo II se dirigió a todo el clero puertorriqueño.
La cancha fue el último lugar que visitó el Santo
Padre antes de regresar al aeropuerto, donde tomaría
el vuelo de regreso a Roma, según relató Sor Socorro
Juliá, Decana de Desarrollo de la USC. El flash de la
cámara iluminó por varios segundos parte del lugar
y los pasos abandonaron el lugar.
Afuera, en las escaleras que llevan al Salón de Juegos
en el segundo piso, soplaba la brisa. Al subir, un empleado
de la Universidad sonríe junto al cuarto en el que la
Junta de Síndicos se reunió con el Papa, en una
recepción aquélla noche de octubre. En ese salón
fue donde la decana pudo mirar al Papa a los ojos por primera
vez. Hoy, las luces están apagadas. El destello de la
cámara ilumina nuevamente el ambiente y salen.
A pasos del Salón de Juego, se llega a donde se celebró
la cena de los obispos de Puerto Rico con el Nuncio de Su Santidad,
servida por el Banker’s Club. El espacio lo ocupan actualmente
salones de clases, separados por una pared corrediza. Los estudiantes
están adentro. “Con permiso, profesor…”,
interrumpió la Hermana. Luego de una breve explicación,
los alumnos y el docente accedieron a posar para la cámara
fotográfica. El destello de luz terminó el recorrido.
De
Plaza al Sagrado
“El recuerdo sigue vivo”, afirmó Sor Socorro
Juliá, de las Religiosas del Sagrado Corazón de
Jesús, mientras regresaba a su auto. La también
Decana de Desarrollo de la USC explica cómo fue que se
dio la oportunidad para que el Papa Juan Pablo II se dirigiera
hacia la institución universitaria, luego de la misa
en Plaza las Américas, el 12 de octubre de 1984. “En
ese año, el presidente de la Junta de Síndicos,
el licenciado Juan F. Doval, habló con el presidente
de la Universidad para aquél entonces, Pedro González
Ramos, y le ofrecieron al cardenal las instalaciones del Sagrado
para que el Papa viniera”, relata Sor Juliá al
afirmar que al cardenal le pareció buena idea, debido
a que la institución tenía el espacio y estaba
cerca del centro comercial.
A partir de ese momento, el proceso de preparación
para la visita incluyó la remoción de los lomos
reductores de velocidad en el camino, según explicó
la Hermana. Además, la decana detalló que fue
necesario preparar una lista con los nombres y números
de seguro social de cada una de las religiosas que vivían
en el Sagrado Corazón y en la Casa de las Mayores. “Todo
se organizó bajo la supervisión de los federales”,
comentó Sor Juliá al referirse a los oficiales
del FBI que custodiaban al Santo Padre. Las medidas de seguridad
descritas incluyeron el uso de identificaciones con foto como
control de entrada en el Salón de la recepción
del Papa.
Peregrinos y Madre Dominga
El día de la llegada del Papa, un grupo de las Hermanas
Dominicas de Fátima se presentó en la Casa de
las Mayores en la USC con Madre Dominga y esperaron a que el
Papa pasara, relató Sor Juliá. “El auto
cruzó por delante de donde estaba Madre Dominga”,
comentó la hermana. Además, la decana relató
que se preparó un salón para personas de la tercera
edad que no podían estar en Plaza las Américas,
vieran en la televisión lo que sucedía en Hato
Rey y luego se asomaran a mirar cuando el Papa bajara del carro
en el campus universitario. La decana relató que entre
los invitados que esperaban por el Santo Padre en las distintas
áreas de la institución también se encontraba
la animadora Sandra Zaiter.
Una
mirada a los ojos de Juan Pablo II
“El Papa estaba lleno de energía. Todo el grupo
de síndicos lo saludamos.”, relató la hermana
al recordar el momento de la recepción del Santo Padre.
“Me impactó mucho cuando le di la mano. No me acuerdo
lo que le dije, pero me impresionó su rostro y su presencia.
Él es una persona muy carismática y te mira a
los ojos.”, detalló la decana. “Fue corto
el momento, pero fue una gracia muy grande el haberlo tenido
aquí”. La \religiosa describió a su Santidad
como un hombre extraordinario que lleva paz a donde va.
Ambiente
de Tranquilidad
De acuerdo con la decana, Puerto Rico estaba en vísperas
de unas elecciones para el momento en que el Papa visitó
la Isla. Sin embargo, la Hermana describió que la paz
que trajo el Santo Padre se sintió en las calles del
país. “A menos de un mes de las elecciones, había
una gran unión en el pueblo. Yo sé que el ambiente
cambió”, agregó la religiosa al hacer referencia
a la tensión que predomina, por lo regular, en los procesos
eleccionarios locales. Sor Juliá concluyó con
el agradecimiento al Cardenal Aponte Martínez por haber
invitado a Juan Pablo II a tierra borinqueña.