Edición 15 • 10 al 16 de abril de 2005
Hoy es miércoles, 8 de febrero de 2012


Travesía sobre los pasos de Su Santidad en el Campus

Vivian Maldonado Miranda
entrevistas@elvisitante.biz

El silencio predominaba en la cancha bajo techo de la Universidad del Sagrado Corazón (USC), a las 10:30 de la mañana del penúltimo martes de septiembre de 2004. No había gente adentro, sólo las gradas y la malla de voleibol. En el fondo se escuchaban las voces de los estudiantes que estaban afuera de los salones. En el exterior, se encontraba el letrero que rotula al edificio con el nombre del Papa Juan Pablo II y la placa que conmemora aquél gran día del año 1984.

Así comenzó el recorrido por las huellas del Santo Padre en el campus. “¿Sigue todo igual?”, fue la pregunta que saltó al oído de la Hermana. La estructura permanecía como testigo del momento en que Juan Pablo II se dirigió a todo el clero puertorriqueño. La cancha fue el último lugar que visitó el Santo Padre antes de regresar al aeropuerto, donde tomaría el vuelo de regreso a Roma, según relató Sor Socorro Juliá, Decana de Desarrollo de la USC. El flash de la cámara iluminó por varios segundos parte del lugar y los pasos abandonaron el lugar.

Afuera, en las escaleras que llevan al Salón de Juegos en el segundo piso, soplaba la brisa. Al subir, un empleado de la Universidad sonríe junto al cuarto en el que la Junta de Síndicos se reunió con el Papa, en una recepción aquélla noche de octubre. En ese salón fue donde la decana pudo mirar al Papa a los ojos por primera vez. Hoy, las luces están apagadas. El destello de la cámara ilumina nuevamente el ambiente y salen.

A pasos del Salón de Juego, se llega a donde se celebró la cena de los obispos de Puerto Rico con el Nuncio de Su Santidad, servida por el Banker’s Club. El espacio lo ocupan actualmente salones de clases, separados por una pared corrediza. Los estudiantes están adentro. “Con permiso, profesor…”, interrumpió la Hermana. Luego de una breve explicación, los alumnos y el docente accedieron a posar para la cámara fotográfica. El destello de luz terminó el recorrido.

De Plaza al Sagrado

“El recuerdo sigue vivo”, afirmó Sor Socorro Juliá, de las Religiosas del Sagrado Corazón de Jesús, mientras regresaba a su auto. La también Decana de Desarrollo de la USC explica cómo fue que se dio la oportunidad para que el Papa Juan Pablo II se dirigiera hacia la institución universitaria, luego de la misa en Plaza las Américas, el 12 de octubre de 1984. “En ese año, el presidente de la Junta de Síndicos, el licenciado Juan F. Doval, habló con el presidente de la Universidad para aquél entonces, Pedro González Ramos, y le ofrecieron al cardenal las instalaciones del Sagrado para que el Papa viniera”, relata Sor Juliá al afirmar que al cardenal le pareció buena idea, debido a que la institución tenía el espacio y estaba cerca del centro comercial.

A partir de ese momento, el proceso de preparación para la visita incluyó la remoción de los lomos reductores de velocidad en el camino, según explicó la Hermana. Además, la decana detalló que fue necesario preparar una lista con los nombres y números de seguro social de cada una de las religiosas que vivían en el Sagrado Corazón y en la Casa de las Mayores. “Todo se organizó bajo la supervisión de los federales”, comentó Sor Juliá al referirse a los oficiales del FBI que custodiaban al Santo Padre. Las medidas de seguridad descritas incluyeron el uso de identificaciones con foto como control de entrada en el Salón de la recepción del Papa.

Peregrinos y Madre Dominga

El día de la llegada del Papa, un grupo de las Hermanas Dominicas de Fátima se presentó en la Casa de las Mayores en la USC con Madre Dominga y esperaron a que el Papa pasara, relató Sor Juliá. “El auto cruzó por delante de donde estaba Madre Dominga”, comentó la hermana. Además, la decana relató que se preparó un salón para personas de la tercera edad que no podían estar en Plaza las Américas, vieran en la televisión lo que sucedía en Hato Rey y luego se asomaran a mirar cuando el Papa bajara del carro en el campus universitario. La decana relató que entre los invitados que esperaban por el Santo Padre en las distintas áreas de la institución también se encontraba la animadora Sandra Zaiter.

Una mirada a los ojos de Juan Pablo II

“El Papa estaba lleno de energía. Todo el grupo de síndicos lo saludamos.”, relató la hermana al recordar el momento de la recepción del Santo Padre. “Me impactó mucho cuando le di la mano. No me acuerdo lo que le dije, pero me impresionó su rostro y su presencia. Él es una persona muy carismática y te mira a los ojos.”, detalló la decana. “Fue corto el momento, pero fue una gracia muy grande el haberlo tenido aquí”. La \religiosa describió a su Santidad como un hombre extraordinario que lleva paz a donde va.

Ambiente de Tranquilidad

De acuerdo con la decana, Puerto Rico estaba en vísperas de unas elecciones para el momento en que el Papa visitó la Isla. Sin embargo, la Hermana describió que la paz que trajo el Santo Padre se sintió en las calles del país. “A menos de un mes de las elecciones, había una gran unión en el pueblo. Yo sé que el ambiente cambió”, agregó la religiosa al hacer referencia a la tensión que predomina, por lo regular, en los procesos eleccionarios locales. Sor Juliá concluyó con el agradecimiento al Cardenal Aponte Martínez por haber invitado a Juan Pablo II a tierra borinqueña.

 

 

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