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Tercer
Domingo de Pascua
Los
discípulos de Emaús
P. Ángel Manuel Santos Santos
liturgia@elvisitante.biz
Para EL VISITANTE
Hechos 2, 14. 22-28.
Este pasaje es parte del discurso de
Pedro a la multitud el día de
Pentecostés después del
envío del Espíritu Santo.
Pedro habló de Jesús Nazareno
y de cómo Dios lo resucitó rompiendo
las ataduras de la muerte.
Salmo 15, 1-2 a. 7-11.
El salmista pone su confianza en Dios
porque el Señor es el lote
de su heredad. En este salmo, descubrimos
al mismo Cristo expresando su confianza
en Dios Padre. Los cristianos, con
este
salmo, expresamos nuestra confianza
en Cristo, nuestra paz.
I Pedro 1, 17-21.
La vida nueva en Cristo exige santidad,
temor de Dios y obediencia filial. El
precio de nuestro rescate ha sido grande:
la sangre preciosa de Cristo, el Cordero
de Dios sin defecto y sin pecado.
Lucas 24, 13-35.
El día de la Resurrección
por la tarde, el Señor Resucitado
se apareció a dos discípulos
en camino hacia Emaús. Al principio,
los discípulos no sabían
que era Jesús. Al final lo reconocieron
al partir el pan.
La
fracción del pan
Cuando los fieles se reúnen en
el templo de la Iglesia para la celebración
de la Eucaristía viven sacramentalmente
lo que los discípulos de Emaús
experimentaron con Cristo Resucitado.
Como muchos católicos hoy, estos
discípulos al principio no reconocían
la presencia de Cristo resucitado. Para
vivir la Santa Misa y reconocer la presencia
de Cristo vivo en la Eucaristía,
debemos recorrer el camino de los discípulos
de Emaús hasta que los ojos se
abran para ver al Señor.
Esta aparición de Cristo resucitado
ocurre el domingo, el mismo día
de la Resurrección. El domingo
es el día de la presencia de Cristo
resucitado y ese día los cristianos
se reúnen para escuchar la Palabra,
para la fracción del pan y celebrar
su presencia en la Iglesia. Muchos católicos
no han logrado hacer la costumbre de
acudir todos los domingos. Así desperdician
la ocasión de encontrarse con
Cristo vivo en la Santa Misa. Esta costumbre
se logra después de mucho esfuerzo
y repetición. La costumbre adquirida
nos facilita reconocer a Cristo vivo
en la santa Eucaristía.
Los dos discípulos iban por el
camino y conversando todo lo que había
pasado con Jesús, su pasión,
muerte y entierro. Es el cumplimiento
de una de las promesas de Jesús.
Yo estaré con vosotros todos días
hasta el fin del mundo. Donde dos o más
se reúnan en mi nombre, allí estaré yo
en medio ellos. Jesús se hizo
presente porque estaban reunidos en su
nombre. Estos dos discípulos hablando
del Señor se convierten en sus
anfitriones. En la Santa Misa, Cristo
está presente en la asamblea que
se ha reunido en Su nombre. Tan pronto
los fieles hacen la señal de la
cruz y dicen Amén, entran en la
presencia de Cristo resucitado según Él
mismo ha prometido.
Durante el diálogo, Jesús
explica la sagrada Escritura. Comenzando
por Moisés y siguiendo por los
profetas, les explicó lo que se
refería a Él en toda la
Escritura. El corazón de los discípulos
ardía mientras escuchaban el discurso
de Jesús. En la Santa Misa, Cristo
Jesús está presente cuando
se proclama la sagrada Escritura. Aunque
no lo veamos ni lo sintamos, Cristo está presente
predicando la Palabra de Dios. El mejor
diálogo con Jesús se hace
desde la Palabra de Dios. Durante la
primera parte de la Santa Misa, los fieles
escuchan la Palabra y hablan con Cristo,
viviendo su presencia.
La experiencia de los dos discípulos
se termina con el reconocimiento de Jesús
resucitado que los había acompañado
durante largo rato, aunque no lo habían
notado. Jesús partió el
pan de una manera tan familiar que los
discípulos pudieron reconocerlo.
Ellos habían visto a Jesús
haciendo aquel gesto en la multiplicación
de los panes y en la última Cena.
Los fieles de hoy hacen un acto de fe
en la Santa Misa antes comulgar, lo reconocen
presente entre ellos en la fracción
del pan y lo proclaman como el Cordero
de Dios que quita el pecado mundo.
Los dos discípulos se sentían
tan bien con Jesús que quieren
prolongar su compañía.
Y de las características del encuentro
con Cristo resucitado es el deseo de
prolongar la experiencia. ¡Que
bien se está con el Señor
en la Santa Eucaristía! Anhelamos
como Pedro hacer una morada para quedarnos
con Él para siempre. Pero la morada
que Él desea somos nosotros mismos.
Le invitamos a entrar y quedarse. La
experiencia del Resucitado en la Santa
Misa no se queda sólo en el templo,
sino que se prolonga en el compromiso
evangelizador. Cada fiel sale de la Santa
Misa para proclama a los demás:
Hemos visto al Señor. Con nuestro
testimonio devoto, alegre y lleno de
amor contagiamos a todos el deseo de
encontrarse con Cristo Vivo en la Santa
Misa.
Lecturas
Abril
| 10 |
+ III Domingo de Pascua |
| bl |
Misa pr, Gl, Cr, Pf I-V Pasc. BS pr. |
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L 1 Hch 2, 14.22-28; Sal 15 |
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L 2 1 Ped 1, 17-21 |
| |
Ev Lc 24, 13-35 |
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Oficio dominical Te Deum |
| |
(OL: Ap 6, 1-17) |
| |
| 11 |
Lunes III s.P. Memoria obligatoria: |
| |
San Estanislao, ob y mr. |
| ro |
Misa de la memoria, Pf. I-V Pasc. |
| |
L 1 Hch 6, 8-15; Sal 118 |
| |
Ev Jn 6, 22-29 |
| |
Oficio de la memoria |
| |
(OL: Ap 7, 1-17) |
| |
| 12 |
Martes III s.P. Feria |
| bl |
Misa pr Pf. I-V Pasc. |
| |
L 1 Hch 7, 51-59; Sal 30 |
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Ev Jn 6, 30-35 |
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Oficio de feria |
| |
(OL: Ap 8, 1-13) |
| |
| 13 |
MiŽrcoles III s.P. Feria o Memoria Libre: |
| bl |
San Mart’n I, papa y mr. |
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Misa de feria o (Ro) de la memoria |
| |
L 1 Hch 8, 1-8; Sal 65 |
| |
Ev Jn 6, 35-40 |
| |
Oficio de feria o de la memoria |
| |
(OL: Ap 9, 1-12) |
| |
| 14 |
Jueves III s.P. Feria |
| bl |
Misa pr Pf. I-V Pasc. |
| |
L 1 Hch 8, 26-40; Sal 65 |
| |
Ev Jn 6, 44-50 |
| |
Oficio de feria |
| |
(OL: Ap 9, 13-21) |
| |
| 15 |
Viernes III s.P. Feria |
| bl |
Misa pr, PF I-V Pasc. |
| |
L 1 Hch 9, 1-20; Sal 116 |
| |
Ev Jn 6, 53-58 |
| |
Oficio de feria |
| |
(OL: Ap 10, 1-11) |
| |
| 16 |
S‡bado III s.P. Feria |
| bl |
Misa pr, Pf I-V Pasc. |
| |
L 1 Hch 9, 31-42; Sal 115 |
| |
Ev Jn 6, 61-70 |
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Oficio de feria |
| |
(OL: Ap 11. 1-19) |
| bl |
I Visp. del domingo sig. Comp Dom I. |
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Misa vespertina del Domingo sig. |
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| 17 |
+ IV Domingo de Pascua |
| bl |
Misa pr, Gl, Cr, Pf I-V Pasc. BS pr. |
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L 1 Hch 2, 14a. 36-41; Sal 22 |
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L 2 1 Ped 2, 20b-25 |
| |
Ev Jn 10, 1-10 |
| |
Oficio dominical Te Deum. |
| |
(OL: Ap 12, 1-18) |
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