La
sucesión apostólica
La elección del cardenal alemán
Joseph Ratzinger para ocupar la cátedra
de Pedro narra, con vehemencia de fe, la ininterrumpida
sucesión de aquellos que han sido escogidos
para llevar a puerto seguro la barca con una
pesca milagrosa. Los seleccionados para custodiar
el caudal de fe emergen del ministerio pastoral
en un sí de consecuencias temporales y
eternas, empapado con el servicio amoroso, que
es una inmolación por el reino de los
cielos.
La dulce melancolía y el duelo por la
muerte del Papa Juan Pablo II y el paréntesis
para su funeral, quedan equilibrados por el “Habemus
Papam”, que es vozarrón del Pueblo
de Dios y designio luminoso del Espíritu
Santo. El escogido para dirigir la Iglesia de
Cristo es hijo de Adán y Eva, redimido
por Cristo, alfarero de eternidad, Siervo de
los Siervos de Dios.
El nuevo Papa porta a la Santa
Iglesia sobre sus hombros y junto a sus esforzados
apóstoles,
los obispos, interpreta, declara, reparte la
verdad en íntima reverencia con el Espíritu
de Cristo que esclarece todas las cosas. La herencia
santa entregada a la Iglesia no es el producto
del devaneo humano, ni de las costumbres que
vienen y van. La ortodoxia no es moneda de intercambio,
ni una moda de ocasión, ni un artículo
a ser desechado porque no responde a las exigencias
de unas personas que quieren acomodar el evangelio
a sus intereses particulares.
La santa Iglesia tiene su función en el
mundo y rubrica su actividad pastoral con la
mentalidad del Cristo Resucitado que es luz verdadera
que no se apaga. No puede ensayar la conveniencia,
ni los “ratings”, ni los aplausos
a todo momento. Las fuerzas del mal, chocan inexorablemente
con el bien que no puede doblegarse ante los
tsunamis de la duda, el escándalo y las
invitaciones para el festín de las componendas.
El cúmulo de verdad y de gracia es llamada
urgente a aceptar al Cristo Vivo, único
salvador, Señor de la historia, del tiempo
y la eternidad.
Los que se acogen al raciocinio
fácil
de la modernidad rechazan las coordenadas de
Dios que superan la razón y son aquilatadas
por la fe liberadora. El plan de la Divina Providencia
converge en el misterio de la Iglesia, que es
Cristo en el tiempo y en el espacio. Los que
socavan el genuino oficio del Santo Padre se
enredan en su pertinaz confusión y se
convierten en hojas al viento, incautos sin rumbo,
que destilan relativismo y confusión.
El Papa del siglo XVI Benedicto
XVI tiene en su corazón de Pastor Universal un reto,
una agenda global que requieren de la oración
de todos los fieles, del compromiso de todos
los cristianos católicos. Todos cabemos
en la barca de la Iglesia, pero el de la encomienda
vital es uno: Benedicto XVI. Hay que remar mar
adentro para huir de la vorágine que sólo
entiende de motines a bordo y de miedos que ya
fueron disueltos por el Papa Juan Pablo II de
feliz memoria.
aplaude
Ambiente
A
los estudiantes que reciclan por convicción
y hacen de las escuelas un entorno adecuado y
bello para el disfrute de todos.
La escuela es un lugar para aprender
a edificar virtud, buenos modales y compañerismo.
Las asignaturas básicas reciben su peculiar
luz de las reservas éticas y morales de
los estudiantes. Los que elevan el entendimiento
y lo proyectan sobre la casa grande, la tierra,
ganan en bien y sabiduría.
La solidaridad de padres, maestros
y estudiantes logra afianzar la convivencia entre
los ciudadanos
y la naturaleza.
Los niños y jóvenes pueden disminuir
el vandalismo sin alma presentando el primor
de una escuela limpia y bella
Buenos samaritanos
A
los que siempre están dispuestos a caminar
la milla extra y a contribuir con dinero y tiempo
para que los minusválidos puedan tener
una vida mejor.
Son muchos los niños que ingresan a las
filas de los más necesitados. En estos
tiempos de abundancia y bienes económicos,
el fenómeno de los impedimentos síquicos
o corporales es casi omnipresente en la sociedad.
Los que invierten en los minusválidos
reciben una paga superior, que es salud y bien
en grandes cantidades.
Los que dan con amor reciben bendiciones
y alegrías
que no se acaban.
Editor
censura
Indiferencia total
A
los padres que permiten que sus hijos sean
presa fácil de todo lo relacionado con
el sexo convirtiéndolos en pirañas
y acosadores de los más débiles
e inocentes.
La indiferencia y la ausencia
de una moral cristiana se convierten en acceso
ideal para que los niños
vean novelas románticas, películas
de temas ofensivos a la inocencia y se escuden
en el “eso es útil” para entender
la sexualidad humana.
A menudo los padres desconocen
las personas y educadores que van a exponer teorías y
conceptos que sólo logran abrir los sentidos
sin la coraza de la verdad y del amor sublime.
No es justo dejar a los niños solos frente
a los vendavales del sexo y sus secuaces.
Pequeñez política
A
los que sólo sirven un menú en
la mesa social y éste es la política
a secas, condimentada con toda clase de hipérbole
y fanatismo.
El pueblo se cansa de esos estribillos
que sólo
alegran a los que viven bajo el asedio de ideologías
y las zancadillas.
Puerto Rico necesita de personas
que den el máximo
por el país y se olviden del zarpazo y
las luchas fratricidas.
Hay que poner la casa en orden,
pues de lo contrario caeremos en los abismos
de la impiedad y del
terror.
Editor