iniciativas
Casa Nazaret
Centro de Renovación, Evangelización
y Ayuda para la Familia
José A. Rodríguez González
redaccionsjc@elvisitante.biz
El 19 de marzo “La Mujer por la Familia
Católica en Puerto Rico” celebró una
Asamblea por la Familia en la Fraternidad Afda,
en el Condado, en la que se presentaron todos
los servicios de ayuda que ofrece Casa Nazaret. “Su
misión es salvaguardar los valores socioculturales,
morales, religiosos y éticos de la familia
del individuo en sus etapas de niño, adulto
y persona mayor”, explicó la Señora
Carmen Ana Unanue.
“
La Mujer por la Familia Católica en Puerto
Rico” se fundó en 1992; con un grupo
de madres, esposos e hijos que estaban muy preocupados
con la calidad de vida en Puerto Rico. Es una
Corporación sin fines de lucro. Su director
es Monseñor Wilfredo Peña. Sus
actividades comenzaron en 1991, celebrando encuentros
de jóvenes y adolescentes. En 1992; se
inscribe “La Mujer por la Familia Católica” como
Corporación sin fines de lucro. A partir
de este año, se comienzan a organizar
los congresos de familias. En 1993, se celebró el
Primer Congreso de Familias al cual asistieron
cerca de 5,000 personas y dio unos frutos extraordinarios.
En 1994, Monseñor Peña pensó en
que se celebraran convenciones matrimoniales.
Para este mismo año se celebra la convención
matrimonial con un éxito esperanzador,
ya que 7 parejas que se iban a divorciar pudieron
solucionar sus problemas. En 1995, se celebró la
convención de matrimonios en Ponce. En
el Centro Comercial del Condado, en 1996, se
tuvo el primer congreso internacional de la mujer
cristiana. Al evento asistieron mujeres de Latinoamérica,
Estados Unidos, México, etc. En 1997,
se celebró el Primer Congreso del Hombre
Cristiano y los frutos fueron extraordinarios.
Se vio el testimonio de muchos hombres que manifestaron
no haber conocido nunca hablar de Dios. Luego
se han estado realizando actividades variadas
en favor de la familia.

Moseñor Wilfredo Peña
“
Hace cuatro años se abrió Casa
Nazaret en Trujillo Alto para ayudar a las familias
con todo tipo de ayuda. También en Hato
Rey, en la Urbanización Baldrich, opera
otro centro prestando servicios. Se espera la
construcción de un complejo de facilidades
en el área metropolitana para servir a
la familia puertorriqueña y un centro
de ejercicios espirituales en Cayey”, sostuvo
la Presidenta de La Mujer por la Familia Católica,
la Señora Teruca Rullán.
Casa Nazaret se propone educar, ayudar, evangelizar
a niños, jóvenes, adultos y personas
mayores para fortalecer a la familia. Forma jóvenes,
quienes serán los profesionales del mañana,
con principios, valores y sentido de responsabilidad.
Sirve a los grupos de alto riesgo y de mayor
necesidad, mejorando y resolviendo los problemas
de adicciones, drogas, alcoholismo y promiscuidad.
Ayuda también a evitar los suicidios,
los abusos de niños y la violencia. Brinda
ayuda y servicio a las familias de todo Puerto
Rico sin distinción de denominación,
raza, ni condición social. Se preocupa
por fomentar los siguientes valores: concienciar
sobre la necesidad de ayuda mutua al prójimo,
forjando vocaciones de servicio a los demás.
Aprender a amarnos más los unos con los
otros; salvaguardar la unión familiar
como baluarte de la sociedad; formar familias
más sólidas y cristianas; construir
una sociedad más justa y cristianamente
fundamentada donde poder vivir y construir la
sociedad del amor.
Al concluir la asamblea, Monseñor Peña
dirigió un mensaje a todos los colaboradores
de Casa Nazaret: “En la familia se fragua
el porvenir de la humanidad. Si nosotros no trabajamos
por las familias vamos a llorar lágrimas
de sangre en el mañana. Si las familias
continúan destruyéndose tendremos
en el mañana ciudadanos disfuncionales
sobre los cuales el gobierno tendrá que
invertir tanto dinero en su rehabilitación
que se creará un desajuste socio económico.
Por otro lado, tenemos que las estadísticas
del año 2000 revelaron que en Puerto Rico
hay 682,000 personas con serios problemas mentales.”
Sobre la formación de los jóvenes,
destacó Monseñor Peña que
es importante fomentar en ellos la disciplina
para que ésta les lleve a la virtud y
así puedan en el mañana saber utilizar
con provecho la libertad. Hay que fomentar aquella
máxima, que con frecuencia repetían
los griegos, que decía así: “La
disciplina engendra el carácter”.
Sin carácter, o sea virtud, no hay verdadera
educación. Cuando las familias entiendan
que la verdadera crianza de los hijos tiene como
fin la virtud para una sana conducta y sano juicio
fundamentados en la moral y los consejos evangélicos
entonces se darán verdaderos frutos que
redundarán en beneficio de la sociedad.