Edición 19 • 8 al 14 de mayo de 2005
Hoy es martes, 7 de febrero de 2012

Obstinada amenaza contra la Reforma de Salud

Vivian Maldonado Miranda
entrevistas@elvisitante.biz

Mientras no hay dinero para los referidos de pacientes con enfermedades terminales y personas de la tercera edad, se pretenden destinar un mínimo de $46 millones de la Reforma de Salud para la cobertura de pastillas anticonceptivas para la prevención de embarazos. ¿Contra quién se comete el discrimen?

En la edición del 24 de abril de El Visitante se publicó la consideración ante la legislatura de dos proyectos de ley que pretenden hacer obligatoria la cobertura de pastillas anticonceptivas para los planes públicos y privados. La aprobación del Proyecto de la Cámara 1213, radicado por la representante Alba Rivera Ramírez, o del Proyecto del Senado número 416, radicado por la senadora María de Lourdes Santiago, representaría un impacto de entre $46 y $115 millones para la reforma de salud, que cuenta con un total de sobre 385,000 mujeres en edad reproductiva. Esto contrasta con el aumento presupuestario de $10 millones que el gobernador le otorgó a la Reforma de Salud para aliviar su estado de crisis.

En el proceso de vistas públicas, el Departamento de Salud no recomendó la medida y alegó que existen fondos federales destinados para estas mujeres. La procuradora de las mujeres, María Dolores Fernós, defendió a brazo partido la medida, a pesar de los planteamientos de la Asociación de la Compañías de Seguros de Puerto Rico sobre si el gobierno cuenta con los fondos necesarios para cubrir el impacto económico que representaría esta medida.

El Canciller del Arzobispado de San Juan, doctor Aníbal Colón, presentó una ponencia durante el proceso de vistas públicas en la Comisión de Asuntos de la Mujer de la Cámara de Representantes. Al cierre de esta edición, la medida se encontraba en vistas públicas de la comisión.

Doctrina de la Iglesia sobre Anticonceptivos y Planes Médicos

Dr. Aníbal Colón Rosado
Para EL VISITANTE

Cámara de Representantes
Comisión de Asuntos de la Mujer
Honorable Albita Rivera Ramírez

Comentarios al Proyecto de la Cámara 1213

Honorable Albita Rivera Ramírez, distinguidos miembros de la Comisión, amables colaboradores:

Les saludo cordialmente en nombre de S.E.R. Mons. Roberto O. González Nieves, O.F.M., Arzobispo Metropolitano de San Juan. Yo, Aníbal Colón Rosado, comparezco ante ustedes como Delegado de la Arquidiócesis para Asuntos Legislativos. Agradezco la oportunidad de aportar nuestras ideas y preocupaciones al diálogo en torno a la genuina salud y la dignidad de la mujer en Puerto Rico.

Hoy nos corresponde analizar el proyecto de la Cámara 1213, cuyo propósito se resume de la siguiente manera: Que se establezca como mandatorio en los seguros médicos la cubierta para el pago de anticonceptivos orales o vía intravenosa, excluyendo la píldora abortiva conocida como RU-486 o similar, sin necesidad de que su uso sea para tratar desordenes hormonales.

Procuraré que mi exposición sea breve y clara. Comenzaré con las implicaciones sanitarias; continuaré con los aspectos éticos; y concluiré con los planteamientos institucionales y de política pública.

1. En cuanto a los efectos médicos o sanitarios, debo cuestionar la presunta bondad de unas sustancias que causan artificialmente tantos estragos a la persona humana. Se supone que los medicamentos contribuyan a la conservación y mejoramiento de la salud integral de individuos y comunidades; que no descontrolen el equilibrio físico, fisiológico y psicológico. En fin, que sean un remedio efectivo para una enfermedad verdadera y propicien el bienestar de quienes los consumen. Desgraciadamente, si nos fijamos bien en los efectos colaterales, las contraindicaciones y otras advertencias que acompañan a por lo menos 33 anticonceptivos orales y al parche Ortho Evra, hemos de preguntarnos si acaso no estamos recetando veneno concentrado, con graves consecuencias para el organismo humano y las futuras generaciones. Curiosamente, la palabra pharmaco significa veneno y medicamento. (cf.http://www.pdrhealth.com/drug_info/rxdrugprofiles/drugs/ora1310.shtml)

He aquí, a modo de ejemplo, los males colaterales, que son impredecibles y podrían imponerse contra la persona que introduzca en su cuerpo estos productos sintéticos: calambres abdominales; dolor abdominal; peligrosos tumores del hígado; cambios en el apetito; infección de la vejiga; sangrado en la menstruación; hinchazón; coágulos de sangre; sensibilidad y agrandamiento de los senos; cáncer de los órganos reproductivos; cataratas; dolor de pecho; molestia con los lentes de contacto; disminución del flujo lácteo dado al recién nacido; depresión; dificultad respiratoria; vértigo; retención de líquidos; mal de la vesícula biliar; crecimiento de pelo en el rostro, espalda, pecho, estómago; pérdida de cabello; dolor de cabeza; ataque del corazón; alta presión de la sangre; falta de periodos menstruales; acné; masas en los senos; cambio en los ciclos menstruales; migraña; dolor en las coyunturas o en las piernas; náuseas; nerviosismo; elevación de los triglicéridos y niveles de colesterol; pancreatitis; síndrome premenstrual; secreción de leche; reacciones alérgicas severas; modificaciones en el impulso sexual; infección, erupción y descoloramiento de la piel; calambres estomacales; infarto; tumefacción; infertilidad temporal; sangrado vaginal inexplicable; inflamación de la vagina o descarga; infecciones vaginales (y/o quemazón y picazón); alteraciones y pérdida de la visión; vómitos; empeoramiento del lupus, de la contracción (tics) y las sacudidas nerviosas, de las venas varicosas, la ictericia y la esclerótica. También existe el riesgo de embarazos ectópicos, como en el caso de Norplant u otras, y quistes en los ovarios. La inyección DepoProvera puede provocar malformaciones en el bebe por nacer. Recordemos que estos métodos no son absolutamente seguros, según lo muestra la tabla de la Food and Drug Administration. De acuerdo con la investigadora Vivian Maldonado, la posibilidad de preñez con cualquier método persiste aun con el efecto abortivo de los anticonceptivos hormonales que previene la implantación del embrión cuando el óvulo se fecunda. El tratamiento hormonal se convierte en un abortivo disfrazado, pues no permite que el embrión se implante en el útero (cf. PDR Family Guide to Women’s Health and Prescription Drugs).

Entre las contraindicaciones y advertencias de alto riesgo a la hora de consumir dichas drogas, se mencionan las siguientes condiciones: alergia, embarazo, migraña, fumar cigarrillos, cáncer en los senos y órganos reproductivos, tumores en el hígado, infarto, angina, entumecimiento, coágulos de sangre, sangrado vaginal anormal sin diagnóstico y/o explicación. Se advierte cautela a las mujeres que hayan cumplido los 35 ó 40 años, según sea el caso, que sean fumadoras, padezcan del hígado, del corazón, de la vesícula biliar, del riñón, de la tiroides, de las cápsulas suprarrenales, y que tengan la presión y el colesterol altos, diabetes, epilepsia, asma, porfiria, dolor de cabeza, menstruación irregular, obesidad, problemas de visión y circulación, depresión, antepasados con cáncer. Añádase a lo anterior el hecho de que los anticonceptivos sintéticos resultarían nocivos cuando se combinan con otros medicamentos y con ciertos alimentos. He contado 86 medicamentos o alimentos que causarían dificultades al consumidor de drogas anticonceptivas. Asimismo, la mujer embarazada o que piensa que está embarazada y las madres lactantes no deben usarlas. La leche materna contaminada puede causar ictericia a los bebés y agrandar los senos de los mismos.

Si aun para fines terapéuticos se pueden levantar tantas reservas y riesgos, ¿cómo justificar el que un seguro de salud contribuya al proceso neomaltusiano y pague para evitar los nacimientos a un precio tan alto para la salud integral y la ética?

2. Aspectos éticos

Los aspectos éticos ya están incluidos, en cierta medida, en la sección anterior. Hace medio siglo, las mujeres puertorriqueñas se convirtieron en conejillas de India cuando se realizaron los primeros experimentos con la famosa píldora de Mr. Pinkus. Lara V. Marks trata el asunto de estas mujeres pobres y analfabetas, en su libro Sexual Chemistry: A history of the Contraceptive Pill, New Heaven: Yale University Press, 2001. En lo que concierne a los prejuicios tristemente eugenésicos de dichos experimentos, consúltese la reseña de Ángela Franks, en The National Catholic Bioethics Quarterly, Summer 2003, Vol. 3, No. 2, pp. 426-427. Es menester examinar bien los medios y los fines cuando pretendemos “ayudar” a los ciudadanos. No sea que, queriendo promover la causa de las mujeres, terminemos imponiéndoles un flaco y trágico servicio. En este tema tan complejo se cruzan cuestiones morales, culturales, económicas y políticas.

Comprendemos que urge luchar por la erradicación de la pobreza para promover la calidad de vida y el ambiente humanamente saludable. Sin embargo, montar campañas antinatalistas contra las poblaciones más pobres y a favor de la cultura de la muerte, no es una solución al problema social y ecológico. Conviene establecer un orden internacional más justo para todos los pueblos, donde se supere la guerra y se favorezca la transferencia de educación, de sanidad y de tecnología adecuada, de relaciones comerciales justas y de respeto a los recursos naturales. Y que en este ambiente verdaderamente humanizante la paternidad responsable reciba con alegría y generosidad a los invitados al banquete de la vida.

Consideramos que es intrínsecamente mala “toda acción que, o en previsión del acto conyugal, o en su realización, o en el desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga, como fin o como medio, hacer imposible la procreación” (Pablo VI, Humanae vitae, n.14). La relación sexual legítima se da dentro del matrimonio indisoluble; y todo acto matrimonial debe quedar abierto a la transmisión de la vida humana. Hablando del amor conyugal y de la libertad auténtica, el Catecismo de la Iglesia Católica cita, en el número 2370, la enseñanza de Juan Pablo II: “Al lenguaje natural que expresa la recíproca donación total de los esposos, el anticoncepcionismo impone un lenguaje objetivamente contradictorio, es decir, el de no darse al otro totalmente; se produce no sólo el rechazo positivo de la apertura a la vida, sino también una falsificación de la verdad interior del amor conyugal, llamado a entregarse en plenitud personal”. Esta diferencia antropológica y moral entre anticoncepción y el recurso a los ritmos periódicos implica... “dos concepciones de la persona y de la sexualidad humana irreconciliables entre sí” (Familiaris consortio, 32; cf. Mulieris dignitatem, 18; Carta a las familias, pp. 28-50). La visión anticoncepcionista manipula y envilece la sexualidad humana y la persona del cónyuge, perdiéndose a la larga la verdad sobre la familia

Ya lo previó el papa Pablo VI, al ponderar las consecuencias de los métodos de la regulación artificial de la natalidad: “Consideren, antes que nada, el camino fácil y amplio que se abriría a la infidelidad conyugal y a la degradación general de la moralidad. No se necesita mucha experiencia para conocer la debilidad humana y para comprender que los hombres, especialmente los jóvenes, tan vulnerables en este punto tienen necesidad de aliento para ser fieles a la ley moral y no se les debe ofrecer medio fácil para burlar su observancia. Podría también temerse que el hombre, habituándose al uso de las prácticas anticonceptivas, acabase por perder el respeto a la mujer y, sin preocuparse más de su equilibrio físico y psicológico, llegase a considerarla como simple instrumento de goce egoístico y no como a compañera, respetada y amada” (Humanae vitae, 17). También profetizó la intervención del Estado en estas decisiones tan personales, propias del sector más reservado de la intimidad conyugal y rebosante de contenido axiológico. Alertó sobre “el arma peligrosa que de este modo se llegaría a poner en las manos de autoridades públicas despreocupadas de las exigencias morales. ¿Quién podría reprochar a un gobierno el aplicar a la solución de los problemas de la colectividad lo que hubiera sido reconocido lícito a los cónyuges para la solución de un problema familiar? ¿Quién impediría a los gobernantes favorecer y hasta imponer a sus pueblos, si lo consideran necesario, el método anticonceptivo que ellos juzgaren más eficaz? (...) Por tanto, si no se quiere exponer al arbitrio de los hombres la misión de engendrar la vida, se deben reconocer necesariamente unos límites infranqueables a la posibilidad de dominio del hombre sobre su propio cuerpo y sus funciones; limites que a ningún hombre, privado o revestido de autoridad, es lícito quebrantar. Y tales limites no pueden ser determinados sino por el respeto debido a la integridad del organismo humano y de sus funciones, según los principios antes recordados y según la recta inteligencia del ‘principio de totalidad’ ilustrado por nuestro predecesor Pío XII”.

Los poderes públicos están llamados a buscar otros caminos para superar el problema demográfico, sin degradar la moralidad de los pueblos. En lugar de contaminar legalmente la sociedad y su célula fundamental ?la familia?, con prácticas contrarias a la ley natural y divina, es preciso establecer una cuidadosa política familiar y una sabia educación de la comunidad. Hay métodos y medios que son indignos de la humanidad, que responden a una concepción estrechamente materialística de la vida y a un escaso sentido de la justicia social (cf. Populorum progressio, nn. 48-55; Gaudium et spes, n. 52).3.

Planteamientos institucionales y de política pública

En el apartado anterior ya hemos adelantado algunos puntos de la cuestión institucional, que de algún modo muestra implicaciones éticas. Cotejemos nuestro análisis de la dimensión sanitaria y moral con la exposición de motivos del Proyecto de la Cámara 1213. En dicha exposición se alega que actualmente los seguros excluyen los casos mayoritarios de mujeres que carecen de recursos para adquirir anticonceptivos y poder realizar una planificación familiar adecuada. Se indica que la posibilidad de adquirir las píldoras para evitar embarazos promoverá las necesidades de equidad de las mujeres y contribuirá a mejorar su bienestar familiar. Se vincula el aumento de embarazos no deseados con algunos males sociales, tales como el maltrato a menores y los delitos violentos. Luego se decreta que todo plan de salud público o privado deberá proveer cubierta para el pago de anticonceptivos más allá de la terapéutica contra los desórdenes hormonales. Comparando varias investigaciones, se puede concluir que casi 38,000 mujeres, mayormente jóvenes, ya reciben dosis de contraceptivos diariamente; y cerca de 12,000 se esterilizan antes de cumplir los 25 años. La política pública favorece la proliferación de medios artificiales y otras prácticas entre los jóvenes, sin la participación de los padres. Por otro lado, calculamos que la agonizante reforma de salud y los inflados planes médicos deberán cargar un gasto adicional de cientos de millones de dólares.

Cuestionamos las hipótesis del proyecto o los presupuestos teóricos. Aun en la suposición de que el diagnóstico social sea objetivo, nos parece que las soluciones propuestas no son acertadas. En todo caso, la imposición universal que persigue esta pieza legislativa decreta por ley que los individuos y las instituciones patrocinen y sostengan unos servicios de salud que violan sus conciencias. En lo que mira a la Iglesia católica, ésta funda su enseñanza en la verdad revelada y en la ley natural. Sería una injusticia colocarla en una situación que viole sus principios, aun en el caso de que estableciera un seguro médico particular.

Aquí cuadran muy bien las palabras del Catecismo de la Iglesia Católica: “El Estado es responsable del bienestar de los ciudadanos. Por eso es legítimo que intervenga para orientar la demografía de la población. Puede hacerlo mediante una información objetiva y respetuosa, pero no mediante una decisión autoritaria y coaccionante. No puede legítimamente suplantar la iniciativa de los esposos, primeros responsables de la procreación y educación de sus hijos (cf. HV 23; PP 37). El Estado no está autorizado a favorecer medios de regulación demográfica contrarios a la moral”. Juan Pablo II condenó totalmente y rechazó con energía “cualquier violencia ejercida por tales autoridades a favor del anticoncepcionismo e incluso de la esterilización y del aborto provocado. Al mismo tiempo, hay que rechazar como gravemente injusto el hecho de que, en las relaciones internacionales, la ayuda económica concedida por la promoción de los pueblos este condicionada a programas de anticoncepcionismo, esterilización y aborto procurado” (Familiaris consortio, 30).

Conclusión: No favorecemos la aprobación de este proyecto.

(El autor es Canciller de la Arquidiócesis de San Juan y Delegado del Arzobispo ante la Legislatura de Puerto Rico.)

Auguran duro golpe para los pequeños patronos con el alza del precio en los planes médicos

Vivian Maldonado Miranda
entrevistas@elvisitante.biz

"Más de la mitad de las personas con plan médico en Puerto Rico no tienen un patrono grande”.

Así lo afirmó el Presidente de la Junta de Directores de la Asociación de Compañías de Seguros de Puerto Rico, el doctor Víctor Gutiérrez.

“ Hay un número grandísimo de personas que son grupos pequeños y hasta individuales, que tienen que cubrir ellos mismos el costo del plan médico”, agregó. Gutiérrez expresó que, de aprobarse el proyecto de ley que obliga la cobertura de anticonceptivos, el impacto mayor recaería sobre las personas que pertenecen a estos grupos y sobre el patrono pequeño, que es el más vulnerable. “Ellos son un número sustancial”, comentó.

Como grupo pequeño, Gutiérrez denominó a todos aquéllos negocios que tienen 50 personas o menos, quienes asegura que recibirían el impacto mayor. Afirmó que sería así porque el costo de la cobertura mandataria de pastillas anticonceptivas para evitar el embarazo no se diluiría entre un número grande de personas, por lo que el aumento en las primas sería mayor.

“ A mí lo que más me preocupa es que ante el aumento en el costo del plan que traería el cubrir las pastillas de forma obligatoria, estos pequeños patronos levanten las manos y digan ‘ya yo no puedo seguir, no voy a dar más plan médico’”, comentó.

En la actualidad, Gutiérrez afirmó que algunos planes médicos ofrecen la cobertura de pastillas anticonceptivas para evitar embarazos cuando el patrono lo solicita y él está dispuesto a asumir el costo. De aprobarse el proyecto de la cámara número 1213, el costo de cubrir medicamentos anticonceptivos sería obligatorio para todos, basado en el total de mujeres en edad reproductiva en la compañía, no en el total de las que los usen, aún cuando parte de las mujeres tengan alguna condición médica que le impida tomarlas. Este aumento aplicaría a todos los miembros del grupo en el plan.

“ Si tengo 200 mujeres en edad reproductiva, aunque sólo el 20 por ciento vayan a tomar las pastillas, tengo que aumentar el precio de la cubierta como si las 200 mujeres las fueran a tomar, porque tengo que mirar el potencial”, agregó. Gutiérrez señaló que las mujeres que decidan usarlas también pagarían deducibles por las pastillas.

Sobre el total de personas que pagan por su plan médico, Gutiérrez afirmó:

“ La mayor parte de los patronos asumen una responsabilidad de una cantidad de dinero que están dispuestos a destinar al plan médico de sus empleados. Hay patronos que no han llegado al límite de esa cantidad y por eso les ofrecen cobertura completa a sus trabajadores. Pero en algún momento dado, llega al máximo ese total y las personas en el plan tienen que asumir el costo adicional. Son muy pocos los patronos en Puerto Rico que asumen la totalidad de la cubierta”, añadió.

Gutiérrez aclaró que los planes médicos sí cubren las pastillas anticonceptivas cuando se recetan por un tiempo determinado para tratar una condición médica, como podría ser algún desorden hormonal.

“ Es importante la diferencia entre una condición médica y otra cosa que es un problema de planificación familiar. Evitar el embarazo no es una condición médica, un embarazo no es una enfermedad. Tú lo que estás evitando es que la mujer pase por un proceso normal y natural”, añadió.

Sobre los comentarios publicados en la prensa local por medio de los que se acusó de discrimen a los planes médicos por cubrir Viagra y no cubrir pastillas anticonceptivas, Gutiérrez afirmó:

“ La disfunción eréctil es una condición médica. Usualmente está asociado con otras condiciones desde el punto de vista cardiaco y la capacidad de esa persona para tener este tipo de actividad. No estoy seguro de que todos los planes médicos lo cubran, pero los que lo hacen es por que es una condición. El uso de ese medicamento tiene unas limitaciones por lo que la cantidad de pastillas que se receta es poca y no se receta para todos los días. No estamos hablando de un uso ilimitado de un medicamento”.

En la actualidad, hay siete proyectos de ley bajo la consideración de la legislatura para hacer mandataria la cobertura de medicamentos que redundarían en el aumento de las primas.

La Ascención del Señor

La Ascensión es un momento más del único misterio pascual de la muerte y resurrección de Jesucristo, y expresa sobre todo, la dimensión de exaltación y glorificación de la naturaleza humana de Jesús como contrapunto a la humillación padecida en la pasión, muerte y sepultura. [ver más]

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