Obstinada amenaza contra la Reforma
de Salud
Vivian Maldonado Miranda
entrevistas@elvisitante.biz
Mientras no hay dinero para los
referidos de pacientes con enfermedades terminales
y personas
de la tercera edad, se pretenden destinar un
mínimo de $46 millones de la Reforma de
Salud para la cobertura de pastillas anticonceptivas
para la prevención de embarazos. ¿Contra
quién se comete el discrimen?
En la edición del 24 de abril de El Visitante
se publicó la consideración ante
la legislatura de dos proyectos de ley que pretenden
hacer obligatoria la cobertura de pastillas anticonceptivas
para los planes públicos y privados. La
aprobación del Proyecto de la Cámara
1213, radicado por la representante Alba Rivera
Ramírez, o del Proyecto del Senado número
416, radicado por la senadora María de
Lourdes Santiago, representaría un impacto
de entre $46 y $115 millones para la reforma
de salud, que cuenta con un total de sobre 385,000
mujeres en edad reproductiva. Esto contrasta
con el aumento presupuestario de $10 millones
que el gobernador le otorgó a la Reforma
de Salud para aliviar su estado de crisis.
En el proceso de vistas públicas, el Departamento
de Salud no recomendó la medida y alegó que
existen fondos federales destinados para estas
mujeres. La procuradora de las mujeres, María
Dolores Fernós, defendió a brazo
partido la medida, a pesar de los planteamientos
de la Asociación de la Compañías
de Seguros de Puerto Rico sobre si el gobierno
cuenta con los fondos necesarios para cubrir
el impacto económico que representaría
esta medida.
El Canciller del Arzobispado de
San Juan, doctor Aníbal Colón, presentó una
ponencia durante el proceso de vistas públicas
en la Comisión de Asuntos de la Mujer
de la Cámara de Representantes. Al cierre
de esta edición, la medida se encontraba
en vistas públicas de la comisión.
Doctrina
de la Iglesia sobre Anticonceptivos y Planes
Médicos
Dr. Aníbal Colón
Rosado
Para EL VISITANTE
Cámara de Representantes
Comisión de Asuntos de la Mujer
Honorable Albita Rivera Ramírez
Comentarios
al Proyecto de la Cámara 1213
Honorable Albita Rivera Ramírez, distinguidos
miembros de la Comisión, amables colaboradores:
Les saludo cordialmente en nombre
de S.E.R. Mons. Roberto O. González Nieves, O.F.M., Arzobispo
Metropolitano de San Juan. Yo, Aníbal
Colón Rosado, comparezco ante ustedes
como Delegado de la Arquidiócesis para
Asuntos Legislativos. Agradezco la oportunidad
de aportar nuestras ideas y preocupaciones al
diálogo en torno a la genuina salud y
la dignidad de la mujer en Puerto Rico.
 |
Hoy nos corresponde analizar el proyecto
de la Cámara 1213, cuyo propósito
se resume de la siguiente manera: Que se
establezca como mandatorio en los seguros
médicos la cubierta para el pago de
anticonceptivos orales o vía intravenosa,
excluyendo la píldora abortiva conocida
como RU-486 o similar, sin necesidad de que
su uso sea para tratar desordenes hormonales. |
Procuraré que mi exposición
sea breve y clara. Comenzaré con las implicaciones
sanitarias; continuaré con los aspectos éticos;
y concluiré con los planteamientos institucionales
y de política pública.
1. En cuanto a los efectos médicos o sanitarios,
debo cuestionar la presunta bondad de unas sustancias
que causan artificialmente tantos estragos a
la persona humana. Se supone que los medicamentos
contribuyan a la conservación y mejoramiento
de la salud integral de individuos y comunidades;
que no descontrolen el equilibrio físico,
fisiológico y psicológico. En fin,
que sean un remedio efectivo para una enfermedad
verdadera y propicien el bienestar de quienes
los consumen. Desgraciadamente, si nos fijamos
bien en los efectos colaterales, las contraindicaciones
y otras advertencias que acompañan a por
lo menos 33 anticonceptivos orales y al parche
Ortho Evra, hemos de preguntarnos si acaso no
estamos recetando veneno concentrado, con graves
consecuencias para el organismo humano y las
futuras generaciones. Curiosamente, la palabra
pharmaco significa veneno y medicamento. (cf.http://www.pdrhealth.com/drug_info/rxdrugprofiles/drugs/ora1310.shtml)
He aquí, a modo de ejemplo, los males
colaterales, que son impredecibles y podrían
imponerse contra la persona que introduzca en
su cuerpo estos productos sintéticos:
calambres abdominales; dolor abdominal; peligrosos
tumores del hígado; cambios en el apetito;
infección de la vejiga; sangrado en la
menstruación; hinchazón; coágulos
de sangre; sensibilidad y agrandamiento de los
senos; cáncer de los órganos reproductivos;
cataratas; dolor de pecho; molestia con los lentes
de contacto; disminución del flujo lácteo
dado al recién nacido; depresión;
dificultad respiratoria; vértigo; retención
de líquidos; mal de la vesícula
biliar; crecimiento de pelo en el rostro, espalda,
pecho, estómago; pérdida de cabello;
dolor de cabeza; ataque del corazón; alta
presión de la sangre; falta de periodos
menstruales; acné; masas en los senos;
cambio en los ciclos menstruales; migraña;
dolor en las coyunturas o en las piernas; náuseas;
nerviosismo; elevación de los triglicéridos
y niveles de colesterol; pancreatitis; síndrome
premenstrual; secreción de leche; reacciones
alérgicas severas; modificaciones en el
impulso sexual; infección, erupción
y descoloramiento de la piel; calambres estomacales;
infarto; tumefacción; infertilidad temporal;
sangrado vaginal inexplicable; inflamación
de la vagina o descarga; infecciones vaginales
(y/o quemazón y picazón); alteraciones
y pérdida de la visión; vómitos;
empeoramiento del lupus, de la contracción
(tics) y las sacudidas nerviosas, de las venas
varicosas, la ictericia y la esclerótica.
También existe el riesgo de embarazos
ectópicos, como en el caso de Norplant
u otras, y quistes en los ovarios. La inyección
DepoProvera puede provocar malformaciones en
el bebe por nacer. Recordemos que estos métodos
no son absolutamente seguros, según lo
muestra la tabla de la Food and Drug Administration.
De acuerdo con la investigadora Vivian Maldonado,
la posibilidad de preñez con cualquier
método persiste aun con el efecto abortivo
de los anticonceptivos hormonales que previene
la implantación del embrión cuando
el óvulo se fecunda. El tratamiento hormonal
se convierte en un abortivo disfrazado, pues
no permite que el embrión se implante
en el útero (cf. PDR Family Guide to Women’s
Health and Prescription Drugs).
Entre las contraindicaciones y
advertencias de alto riesgo a la hora de consumir
dichas drogas,
se mencionan las siguientes condiciones: alergia,
embarazo, migraña, fumar cigarrillos,
cáncer en los senos y órganos reproductivos,
tumores en el hígado, infarto, angina,
entumecimiento, coágulos de sangre, sangrado
vaginal anormal sin diagnóstico y/o explicación.
Se advierte cautela a las mujeres que hayan cumplido
los 35 ó 40 años, según
sea el caso, que sean fumadoras, padezcan del
hígado, del corazón, de la vesícula
biliar, del riñón, de la tiroides,
de las cápsulas suprarrenales, y que tengan
la presión y el colesterol altos, diabetes,
epilepsia, asma, porfiria, dolor de cabeza, menstruación
irregular, obesidad, problemas de visión
y circulación, depresión, antepasados
con cáncer. Añádase a lo
anterior el hecho de que los anticonceptivos
sintéticos resultarían nocivos
cuando se combinan con otros medicamentos y con
ciertos alimentos. He contado 86 medicamentos
o alimentos que causarían dificultades
al consumidor de drogas anticonceptivas. Asimismo,
la mujer embarazada o que piensa que está embarazada
y las madres lactantes no deben usarlas. La leche
materna contaminada puede causar ictericia a
los bebés y agrandar los senos de los
mismos.
Si aun para fines terapéuticos se pueden
levantar tantas reservas y riesgos, ¿cómo
justificar el que un seguro de salud contribuya
al proceso neomaltusiano y pague para evitar
los nacimientos a un precio tan alto para la
salud integral y la ética?
2.
Aspectos éticos
Los aspectos éticos ya están incluidos, en cierta medida, en la
sección anterior. Hace medio siglo, las mujeres puertorriqueñas
se convirtieron en conejillas de India cuando se realizaron los primeros experimentos
con la famosa píldora de Mr. Pinkus. Lara V. Marks trata el asunto de
estas mujeres pobres y analfabetas, en su libro Sexual Chemistry: A history of
the Contraceptive Pill, New Heaven: Yale University Press, 2001. En lo que concierne
a los prejuicios tristemente eugenésicos de dichos experimentos, consúltese
la reseña de Ángela Franks, en The National Catholic Bioethics
Quarterly, Summer 2003, Vol. 3, No. 2, pp. 426-427. Es menester examinar bien
los medios y los fines cuando pretendemos “ayudar” a los ciudadanos.
No sea que, queriendo promover la causa de las mujeres, terminemos imponiéndoles
un flaco y trágico servicio. En este tema tan complejo se cruzan cuestiones
morales, culturales, económicas y políticas.
Comprendemos que urge luchar por
la erradicación de la pobreza para promover
la calidad de vida y el ambiente humanamente saludable. Sin embargo, montar campañas
antinatalistas contra las poblaciones más pobres y a favor de la cultura
de la muerte, no es una solución al problema social y ecológico.
Conviene establecer un orden internacional más justo para todos los pueblos,
donde se supere la guerra y se favorezca la transferencia de educación,
de sanidad y de tecnología adecuada, de relaciones comerciales justas
y de respeto a los recursos naturales. Y que en este ambiente verdaderamente
humanizante la paternidad responsable reciba con alegría y generosidad
a los invitados al banquete de la vida.
Consideramos que es intrínsecamente mala “toda acción que,
o en previsión del acto conyugal, o en su realización, o en el
desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga, como fin o como medio,
hacer imposible la procreación” (Pablo VI, Humanae vitae, n.14).
La relación sexual legítima se da dentro del matrimonio indisoluble;
y todo acto matrimonial debe quedar abierto a la transmisión de la vida
humana. Hablando del amor conyugal y de la libertad auténtica, el Catecismo
de la Iglesia Católica cita, en el número 2370, la enseñanza
de Juan Pablo II: “Al lenguaje natural que expresa la recíproca
donación total de los esposos, el anticoncepcionismo impone un lenguaje
objetivamente contradictorio, es decir, el de no darse al otro totalmente; se
produce no sólo el rechazo positivo de la apertura a la vida, sino también
una falsificación de la verdad interior del amor conyugal, llamado a entregarse
en plenitud personal”. Esta diferencia antropológica y moral entre
anticoncepción y el recurso a los ritmos periódicos implica... “dos
concepciones de la persona y de la sexualidad humana irreconciliables entre sí” (Familiaris
consortio, 32; cf. Mulieris dignitatem, 18; Carta a las familias, pp. 28-50).
La visión anticoncepcionista manipula y envilece la sexualidad humana
y la persona del cónyuge, perdiéndose a la larga la verdad sobre
la familia
Ya lo previó el papa Pablo VI, al ponderar las consecuencias de los métodos
de la regulación artificial de la natalidad: “Consideren, antes
que nada, el camino fácil y amplio que se abriría a la infidelidad
conyugal y a la degradación general de la moralidad. No se necesita mucha
experiencia para conocer la debilidad humana y para comprender que los hombres,
especialmente los jóvenes, tan vulnerables en este punto tienen necesidad
de aliento para ser fieles a la ley moral y no se les debe ofrecer medio fácil
para burlar su observancia. Podría también temerse que el hombre,
habituándose al uso de las prácticas anticonceptivas, acabase por
perder el respeto a la mujer y, sin preocuparse más de su equilibrio físico
y psicológico, llegase a considerarla como simple instrumento de goce
egoístico y no como a compañera, respetada y amada” (Humanae
vitae, 17). También profetizó la intervención del Estado
en estas decisiones tan personales, propias del sector más reservado de
la intimidad conyugal y rebosante de contenido axiológico. Alertó sobre “el
arma peligrosa que de este modo se llegaría a poner en las manos de autoridades
públicas despreocupadas de las exigencias morales. ¿Quién
podría reprochar a un gobierno el aplicar a la solución de los
problemas de la colectividad lo que hubiera sido reconocido lícito a los
cónyuges para la solución de un problema familiar? ¿Quién
impediría a los gobernantes favorecer y hasta imponer a sus pueblos, si
lo consideran necesario, el método anticonceptivo que ellos juzgaren más
eficaz? (...) Por tanto, si no se quiere exponer al arbitrio de los hombres la
misión de engendrar la vida, se deben reconocer necesariamente unos límites
infranqueables a la posibilidad de dominio del hombre sobre su propio cuerpo
y sus funciones; limites que a ningún hombre, privado o revestido de autoridad,
es lícito quebrantar. Y tales limites no pueden ser determinados sino
por el respeto debido a la integridad del organismo humano y de sus funciones,
según los principios antes recordados y según la recta inteligencia
del ‘principio de totalidad’ ilustrado por nuestro predecesor Pío
XII”.
Los poderes públicos están llamados a buscar otros caminos para
superar el problema demográfico, sin degradar la moralidad de los pueblos.
En lugar de contaminar legalmente la sociedad y su célula fundamental
?la familia?, con prácticas contrarias a la ley natural y divina, es preciso
establecer una cuidadosa política familiar y una sabia educación
de la comunidad. Hay métodos y medios que son indignos de la humanidad,
que responden a una concepción estrechamente materialística de
la vida y a un escaso sentido de la justicia social (cf. Populorum progressio,
nn. 48-55; Gaudium et spes, n. 52).3.
Planteamientos
institucionales y de política
pública
En el apartado anterior ya hemos
adelantado algunos puntos de la cuestión
institucional, que de algún modo muestra implicaciones éticas.
Cotejemos nuestro análisis de la dimensión sanitaria y moral con
la exposición de motivos del Proyecto de la Cámara 1213. En dicha
exposición se alega que actualmente los seguros excluyen los casos mayoritarios
de mujeres que carecen de recursos para adquirir anticonceptivos y poder realizar
una planificación familiar adecuada. Se indica que la posibilidad de adquirir
las píldoras para evitar embarazos promoverá las necesidades de
equidad de las mujeres y contribuirá a mejorar su bienestar familiar.
Se vincula el aumento de embarazos no deseados con algunos males sociales, tales
como el maltrato a menores y los delitos violentos. Luego se decreta que todo
plan de salud público o privado deberá proveer cubierta para el
pago de anticonceptivos más allá de la terapéutica contra
los desórdenes hormonales. Comparando varias investigaciones, se puede
concluir que casi 38,000 mujeres, mayormente jóvenes, ya reciben dosis
de contraceptivos diariamente; y cerca de 12,000 se esterilizan antes de cumplir
los 25 años. La política pública favorece la proliferación
de medios artificiales y otras prácticas entre los jóvenes, sin
la participación de los padres. Por otro lado, calculamos que la agonizante
reforma de salud y los inflados planes médicos deberán cargar un
gasto adicional de cientos de millones de dólares.
Cuestionamos las hipótesis del proyecto o los presupuestos teóricos.
Aun en la suposición de que el diagnóstico social sea objetivo,
nos parece que las soluciones propuestas no son acertadas. En todo caso, la imposición
universal que persigue esta pieza legislativa decreta por ley que los individuos
y las instituciones patrocinen y sostengan unos servicios de salud que violan
sus conciencias. En lo que mira a la Iglesia católica, ésta funda
su enseñanza en la verdad revelada y en la ley natural. Sería una
injusticia colocarla en una situación que viole sus principios, aun en
el caso de que estableciera un seguro médico particular.
Aquí cuadran muy bien las palabras del Catecismo de la Iglesia Católica: “El
Estado es responsable del bienestar de los ciudadanos. Por eso es legítimo
que intervenga para orientar la demografía de la población. Puede
hacerlo mediante una información objetiva y respetuosa, pero no mediante
una decisión autoritaria y coaccionante. No puede legítimamente
suplantar la iniciativa de los esposos, primeros responsables de la procreación
y educación de sus hijos (cf. HV 23; PP 37). El Estado no está autorizado
a favorecer medios de regulación demográfica contrarios a la moral”.
Juan Pablo II condenó totalmente y rechazó con energía “cualquier
violencia ejercida por tales autoridades a favor del anticoncepcionismo e incluso
de la esterilización y del aborto provocado. Al mismo tiempo, hay que
rechazar como gravemente injusto el hecho de que, en las relaciones internacionales,
la ayuda económica concedida por la promoción de los pueblos este
condicionada a programas de anticoncepcionismo, esterilización y aborto
procurado” (Familiaris consortio, 30).
Conclusión: No favorecemos la aprobación de este proyecto.
(El autor es Canciller de la Arquidiócesis de San Juan y Delegado del
Arzobispo ante la Legislatura de Puerto Rico.)
Auguran
duro golpe para los pequeños patronos con el alza del precio en
los planes médicos
Vivian Maldonado Miranda
entrevistas@elvisitante.biz
"Más de la mitad de
las personas con plan médico en Puerto
Rico no tienen un patrono grande”.
Así lo afirmó el Presidente de la Junta de Directores de la Asociación
de Compañías de Seguros de Puerto Rico, el doctor Víctor
Gutiérrez.
“
Hay un número grandísimo de personas que son grupos pequeños
y hasta individuales, que tienen que cubrir ellos mismos el costo del plan médico”,
agregó. Gutiérrez expresó que, de aprobarse el proyecto
de ley que obliga la cobertura de anticonceptivos, el impacto mayor recaería
sobre las personas que pertenecen a estos grupos y sobre el patrono pequeño,
que es el más vulnerable. “Ellos son un número sustancial”,
comentó.
Como grupo pequeño, Gutiérrez denominó a todos aquéllos
negocios que tienen 50 personas o menos, quienes asegura que recibirían
el impacto mayor. Afirmó que sería así porque el costo de
la cobertura mandataria de pastillas anticonceptivas para evitar el embarazo
no se diluiría entre un número grande de personas, por lo que el
aumento en las primas sería mayor.
“
A mí lo que más me preocupa es que ante el aumento en el costo
del plan que traería el cubrir las pastillas de forma obligatoria, estos
pequeños patronos levanten las manos y digan ‘ya yo no puedo seguir,
no voy a dar más plan médico’”, comentó.
En la actualidad, Gutiérrez afirmó que algunos planes médicos
ofrecen la cobertura de pastillas anticonceptivas para evitar embarazos cuando
el patrono lo solicita y él está dispuesto a asumir el costo. De
aprobarse el proyecto de la cámara número 1213, el costo de cubrir
medicamentos anticonceptivos sería obligatorio para todos, basado en el
total de mujeres en edad reproductiva en la compañía, no en el
total de las que los usen, aún cuando parte de las mujeres tengan alguna
condición médica que le impida tomarlas. Este aumento aplicaría
a todos los miembros del grupo en el plan.
“
Si tengo 200 mujeres en edad reproductiva, aunque sólo el 20 por ciento
vayan a tomar las pastillas, tengo que aumentar el precio de la cubierta como
si las 200 mujeres las fueran a tomar, porque tengo que mirar el potencial”,
agregó. Gutiérrez señaló que las mujeres que decidan
usarlas también pagarían deducibles por las pastillas.
Sobre el total de personas que
pagan por su plan médico, Gutiérrez
afirmó:
“
La mayor parte de los patronos asumen una responsabilidad de una cantidad de
dinero que están dispuestos a destinar al plan médico de sus empleados.
Hay patronos que no han llegado al límite de esa cantidad y por eso les
ofrecen cobertura completa a sus trabajadores. Pero en algún momento dado,
llega al máximo ese total y las personas en el plan tienen que asumir
el costo adicional. Son muy pocos los patronos en Puerto Rico que asumen la totalidad
de la cubierta”, añadió.
Gutiérrez aclaró que los planes médicos sí cubren
las pastillas anticonceptivas cuando se recetan por un tiempo determinado para
tratar una condición médica, como podría ser algún
desorden hormonal.
“
Es importante la diferencia entre una condición médica y otra cosa
que es un problema de planificación familiar. Evitar el embarazo no es
una condición médica, un embarazo no es una enfermedad. Tú lo
que estás evitando es que la mujer pase por un proceso normal y natural”,
añadió.
Sobre los comentarios publicados
en la prensa local por medio de los que se acusó de
discrimen a los planes médicos por cubrir Viagra y no cubrir pastillas
anticonceptivas, Gutiérrez afirmó:
“
La disfunción eréctil es una condición médica. Usualmente
está asociado con otras condiciones desde el punto de vista cardiaco y
la capacidad de esa persona para tener este tipo de actividad. No estoy seguro
de que todos los planes médicos lo cubran, pero los que lo hacen es por
que es una condición. El uso de ese medicamento tiene unas limitaciones
por lo que la cantidad de pastillas que se receta es poca y no se receta para
todos los días. No estamos hablando de un uso ilimitado de un medicamento”.
En la actualidad, hay siete proyectos
de ley bajo la consideración de
la legislatura para hacer mandataria la cobertura de medicamentos que redundarían
en el aumento de las primas.