Corazón
y ternura
Nos sorprende mayo con sus flores
que cubren las veredas de colores y perfumes.
La campiña
boricua se desvive por desparramar belleza
sobre los verdores en constante porfía.
Brotan por doquier los lirios, las margaritas,
las azucenas en brindis de amor y de alegría.
El paraíso impone su identidad primera
y organiza el festín de la algarabía
del espíritu por encima de las quimeras
humanas.
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Dentro del fervor iluminado, se abre paso
la majestuosidad del día de las madres.
Esa constante en el diccionario vecinal hace
reverencia a la mujer que prodiga amor y
de su vientre regala vida, ternura y compasión.
Los hijos portados por nueve meses dejan
huellas imborrables, fidelidad indisoluble,
rasgos perennes de una complicidad con Dios
y con la tierra. La que da a luz retiene
para sí un inventario de confidencias
difíciles de obviarlas o esconderlas
en su vida diaria. |
Es la madre altar y bendición, primavera
de un corazón que intuye y sana. Más
allá de la riqueza o la pobreza, la dulce
esperanza cobija su hoy y su mañana. Se
es madre a tiempo completo, vigilante sin paga,
catedrática desde el sentimiento y la
plegaria. Cuando los hijos del alma se van, ella
permanece con ellos en vigilia de preocupaciones,
echando bendiciones a diestra y siniestra.
En estos días de ideas rotas, la desventura
organizada llega hasta las puertas de la madre
como un ave de mal agüero. Los pactos con
lo económico y material constituyen golpes
sobre la conciencia que se torna dura, áspera,
desamparada. La desventura se transforma en golpe
bajo, en tortura, en desprecio por aquellos que
viven al margen de la ostentación y el
lujo. Ante el síndrome imperante, la madre
queda como un recuerdo vacío, alguien
a quien se visita de prisa y se censura por sus
muchos achaques y dolores.
Es urgente desafiar la vaciedad
del corazón
y, desde la libertad propia, hacer acopio de
los valores que dan sentido a la vida. La corrupción
de los ideales ha trastocado el bien y ha encendido
una fogata que sólo deja cenizas en la
familia y en los vecindarios. Recobrar el verdadero
sentido de la existencia va más allá de
un fortalecimiento del bolsillo. Exige un retorno
a todo aquello que tiene mucho de Dios y mucho
de esta realidad en que nos movemos y existimos.
La madre es corazón y ternura, diálogo
ininterrumpido con el Altísimo, camino,
hacia lo humano y digno. Los que se olvidan perecen
en las masacres que todos los días se
interponen en nuestro camino.
aplaude
Talentosos
A
los padres y maestros que tienen un instinto
superior para observar el talento
que presentan
los niños.
Esa cantera de dones maravillosos
debe ser explotada partiendo de la acogida amorosa
que abre horizontes
espléndidos.
A temprana edad, con la piel recién estrenada,
los niños prodigan luminosidad y se acercan
a la realidad con la inocencia propia de los
limpios y buenos.
La verdadera educación extrae lo mejor
del niño y le orienta para que acelere
el paso en esa dirección, que es huella
divina, explosión de misericordia.
Los niños que ven más allá,
a menudo son tratados como nerviosos o incorregibles.
Perseverantes
A
nuestros mayores, sobre todo a los que tienen
más de 80 años, que no se dan por
vencidos y luchan todos los días.
Estos insignes señores y señoras
no sólo viven de recuerdos sino que se
integran al hoy con valentía y dedicación.
En esta sociedad en que se valora
la juventud y la pasarela, se cantan loas a la
primavera
de la vida, mientras la edad otoñal se
cubre de hojas secas.
En cada comunidad se observan
las huellas de aquellos mayores que participan
en todo. Ellos
portan sus años con gallardía y
generosidad. Son ejemplos vivos de fe, de amor
y perseverancia.
Editor
censura
Incultos
A
esos profesionales que dan testimonios adversos
a la educación adquirida y se presentan
como incultos a tiempo completo.
La inversión educativa no se ve por ningún
sitio porque las palabras, los insultos y el
fanatismo dan fe de un arrabalismo a flor de
piel. Ellos renacen a la vida cuando gritan,
ofenden y arrastran toda clase de males.
Esos mismos que alteran el orden
viven arrullados por el dinero y el confort y
tiran piedras sobre
los ciudadanos que habitan en los residenciales
públicos.
Hay que tener cuidado con esos
sabelotodos, porque mientras se confabulan con
la falacia, golpean
al pobre y al necesitado.
Menú
Que
las recetas culinarias presentadas en los periódicos sean de tal caché y
de tal abolengo que la inmensa mayoría
de los ciudadanos no pueden accesar a ellos por
la exclusividad de productos a usarse.
Los pobres y marginados tienen
que contentarse con su arroz y habichuelas porque
los títulos
franceses no están a su alcance.
Se necesita revisar la mesa boricua,
rica en sabores y olores para que nuestros jóvenes
aprendan a confeccionar sus platos predilectos.
De lo contrario huirán del menú isleño,
perdiéndose en la comida rápida,
dulce y a veces salada. La obesidad será su
acompañante y huésped para siempre.
Editor