No de este mundo
J.J. Koppany Santa-Pinter
Para EL VISITANTE
Se ha descubierto recientemente una perfecta
sincronización de “timing” entre
la actual descristianización de Europa
(occidental) y la amenaza cada vez más
pronunciada de la invasión islámica
del Continente europeo –situación
algo similar a la que existía en los siglos
XVI y XVII. Memento Lepanto! El fenómeno
protoontológico principal es la omnipresente
combatividad de las fuerzas ateas reforzadas
por los liberales de tratar de actualizar y perpetuar
la destructiva influencia de la revolución
francesa (que ellos escriben con letra mayúscula).
Son las mismas fuerzas antiteocráticas
que luchan abiertamente para tratar de impedir –si
pudieran- la beatificación de figuras
católicas de la estatura de un Pío
IX y Pío XII, de una Isabel la Católica,
de un Cardenal József Mindszenty, héroe
de los derechos humanos y de un Carlos de Habsburgo, último
Emperador –Rey de Austria- Hungría,
por fin declarado solemnemente Beato el 3 de
octubre de 2004- por mencionar tan solo algunos
de ellos.
Memento Lepanto! y Memento la victoria de Nuestra
Señora del Rosario pero cuidado con el
intento fracasado de los mismos elementos en
la era post-Vaticano II de tratar de detronizar
a la Reina del Universo, del Cielo y la tierra,
intento desbaratado por el valiente “Totus
Tuus” de Juan Pablo II.
“
Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me
ha aborrecido primero que a vosotros. Si del
mundo fuerais, el mundo amaría lo que
era suyo, mas pues no sois del mundo, sino que
yo os entresaqué del mundo, por eso os
aborrece el mundo” (Jn 15:18-19) y vuelve
a confirmarlo en Su Oración Sacerdotal
a Dios Padre: “Yo les he comunicado tu
palabra, y el mundo los aborreció, porque
no son del mundo, como ni yo soy del mundo. No
pido que los saques del mundo, sino que les preserves
del malo” y repite y sigue: “No son
del mundo, como ni yo soy del mundo” (Jn
17:14-16).
Corolario: “No temas, pequeño rebaño,
porque plugo a vuestro Padre daros el reino” (Lc
12:32), pues, “El cielo y la tierra pasarán,
pero mis palabras no pasarán (Mt 24:35;
Mc 13:31 y Lc 21:33). Nuestro consuelo seguro.