Unidad y diversidad
Fray Antonio González
Pola, O.P.
Para EL VISITANTE
Cada vez somos más conscientes de que
nuestro universo es una piña (no una piñata,
como algunos piensan) variada en sus estructuras
y ordenada, aunque con algunas perendengas azarosas
todavía. Revisen si no la estructura y
orden a niveles físico-químicos,
previos al biológico. La interacción
de atmósfera y biosfera. La importancia
de velar por el ecosistema. Si el sol se apagase
nos quedarían pocos segundos de vida,
etc. En el orden social sucede la misma interdependencia,
y respecto del Creador no digamos, es fuente
de toda vida.
Meses atrás (en abril) nos sorprendió una
llovizna de sugerencias de cómo modernizar
la Iglesia católica al socaire de la muerte
de Juan Pablo II y la elección del sucesor
de Pedro, ahora Benedicto XVI. Ellas muestran
perspectivas de la Iglesia asumidas por sus autores.
Visiones diversas que se critican y ensalzan
mutuamente en orden a corregir y animar. Quien
vela por su marcha las ha de escuchar y armonizar,
salvando al mismo tiempo la unidad, sin confundir
unidad con uniformidad, consciente también
de que la Iglesia es sólo el Reino en
ciernes.
Si el encuestado o autor es partidario de una
Iglesia fuertemente institucionalizada tiene
que asumir su proclividad a rigideces e incluso
a suplantaciones de lo divino por lo estructural.
Aquí se puede aplicar la tijera, siempre
y cuando se respete la estructura necesaria dada
la extensión y complejidad de la Iglesia
en lo humano, y su base revelada. La Iglesia “Pueblo
de Dios” (alma de la misma) tiene que asumir
grandes retos y riesgos, con discernimiento y
diálogo ecuménico e interreligioso
para que todos seamos uno sin caer en un falso
irenismo o en el sincretismo. Los latiguillos
abundan, para algunos sabios, por no ir con las
prisas deseadas. Reparar la red rota hace siglos
no es fácil, más bien hay que mirar
al futuro y a la oración del Señor
para acercarnos sin prisa ni pausa a la unidad
posible.
La formación litúrgica de los fieles
nunca finaliza. El Papa actual nos dio buena
lección de catequesis en su homilía
del domingo 24 de abril. El rito vacío
de significado, por ignorancia, produce aburrimiento
aun cuando la expresión estética
haya sido impecable. La liturgia es fuente de
espiritualidad y no mero rubricismo. Ha disminuido
sensiblemente la práctica de algunos sacramentos
sobre todo entre la juventud. La Iglesia sacramento
es esencialmente misionera en sus múltiples
funciones: pastoral, de nueva evangelización,
ad gentes... Presencia a tiempo completo en lugares
pobres y afectados por deslaves o tsunamis del
hambre, la pobreza y la enfermedad, que es silenciada
por los medios y, en cambio, es zarandeada al
menor desliz. El tipo de iglesia en que otros
quieren creer es la que siga en todo los procesos
de cualquier otra sociedad humana aunque diluya
su origen e identidad revelada por adoptar modas
de momento. Los sacerdotes que abandonan el ministerio
suelen abundar en estas consejas que no llegan
ni a latiguillos.
Estas diferentes perspectivas no son antagónicas,
aun cuando se propinen latiguillos y latigazos
unas a las otras, sino complementarias, y críticas
como conviene al gusto de hoy. El pueblo de Dios
es comunitario en su dimensión vertical
con Dios y en la horizontal o relación
solidaria. A esta doble faceta ha de servir su
liturgia, teología y predicación,
sus compromisos sociales e instituciones.
Los actos presenciados con ocasión del
fallecimiento y entierro de Juan Pablo II nos
muestran que el Evangelio lo vive mejor la gente
sencilla que los sabihondos. La emoción
captada por algunos medios nos inunda aun de
gozo.