Cuando llegan las barreras
Vivian Maldonado Miranda
entrevistas@elvisitante.biz
Estás en un segundo piso cuando te resbalas
y te caes. Te fracturaste una rodilla. Cuando
vas al hospital, el médico decide operarte,
pero en vez de arreglarla, daña lo que
quedaba bueno de ella.
Te operas por segunda vez. Pero en esta ocasión
te colocan una varilla. No puedes doblar la pierna.
Cojeas, te caes, usas muletas y no puedes conducir
tu auto. Lo peor de todo es que no es parte de
tu recuperación, sino el resultado final.
 |
Impericia médica o no, al joven
puertorriqueño Ricardo Fonseca le
ocurrió este accidente cuando estaba
de misionero en Perú. Fonseca había
vendido su casa en Puerto Rico para establecerse
con su esposa y sus hijas en la región
de Cuzco, en donde trabajaba en un instituto
docente para ayudar a los adolescentes
en el adiestramiento de un oficio.
En febrero de 2004, Fonseca regresa
a Puerto Rico con la ayuda de ABC Prodein
y Caridades
Carmelitas. A raíz de una entrevista
publicada en El Visitante en junio, un médico
contacta a Ricardo y le ofrece ayuda. |
“Cuando yo supe que la cirugía
original o el ‘mal practice’ se había
dado, siempre pensé que mi pierna se iba
a arreglar y que era reversible. Al hablar con
el médico en Puerto Rico, él se
sentó conmigo y me explicó que
ya yo perdí el uso de mi pierna en términos
normales. Ahí fue cuando me chocó la
noticia y hubo como 15 segundos en los que miré hacia
atrás y sentí resentimiento con
el doctor que me operó en Perú.
Pero yo dije: ‘bueno, el médico
de allá trató de hacer todo lo
que estuvo a su alcance para ayudarme’”,
aseguró.
Fonseca expresó que luego tuvo la oportunidad
de hablar con el galeno del Perú y que
el médico le pidió disculpas. A
pesar de los problemas económicos que
enfrenta a raíz de la pérdida de
un 70 por ciento de su capacidad de caminar,
el joven comentó que no sería justo
demandarlo cuando, a su entender, los avances
de la ciencia no han llegado a la región
del Cuzco en Perú de la misma forma que
a Lima o a Puerto Rico. Para Ricardo, su bendición
consiste en que perdonó al doctor y en
no sentirse agobiado contra de él.
“
Yo creo que es mucho más importante para
mí la paz mental y preocuparme por las
necesidades que tenemos ahora”, añadió quien
es papá de cinco niñas. Con la
ayuda del galeno en Puerto Rico, Fonseca se sometió a
dos operaciones en la Isla: una en septiembre
de 2004 y otra en enero de 2005. Ricardo comenta
que espera someterse a una tercera cirugía
local que le permita movilizarse, por lo menos,
un 50 por ciento.
“
Puedo caminar, pero después de media hora
la pierna se inflama y comienza un dolor más
intenso que me afecta hasta la espalda. En ese
momento se acaba el día para mí y
tengo que buscar dónde sentarme o acostarme”,
añadió. “Yo tiendo a soportar
un poco más para no beber tantos medicamentos,
pero me los tengo que tomar porque se vuelve
insoportable”.
Ricardo comentó que las ausencias constantes
por el proceso de recuperación hizo que él
mismo desistiera del empleo en una farmacéutica
que las agencias gubernamentales le ayudaron
a conseguir.
“
Estando allí me di cuenta que el patrono
se iba a afectar con mi tratamiento. Faltaba
dos o tres veces por semana para atenderme y
no era justo”, agregó. Ricardo comentó que,
dentro de las limitaciones, trata de generar
algún tipo de ayuda desde su hogar, por
lo que desarrolla un cuido de perritos para personas
que se van de vacaciones.
“
Los dueños traen la comida y nos dan entre
$5 y $7 por día. Hay unas casitas donde
los guardamos y las nenas a veces juegan con
ellos. No es algo de lo que podamos vivir, pero
nos ayuda para la gasolina”, agregó.
Entre las dificultades que enfrenta en la actualidad,
Fonseca mencionó la transportación
para recibir sus terapias y llevar a sus hijas
a la escuela.
A pesar de que el joven encontró un alma
caritativa que le obsequió un vehículo
de 1998, Ricardo explicó que es difícil
para él brindarle el mantenimiento que
necesitan los frenos y el motor, lo que hace
que no puedan contar siempre con el auto. Además,
reconoció la ayuda que les brindó el
sistema de transporte de ambulancia del municipio
de Manatí, pero explicó que es
necesario separar los servicios con anticipación,
lo que provoca que a veces se encuentre con que
ya tienen el calendario lleno.
Por otra parte, Fonseca mencionó que trata
de asistir a su parroquia lo más posible
y que los grupos de la Iglesia le han dado mucho
apoyo espiritual para continuar su vida.
“
En este tiempo de cama aprendí que cuando
hay alguien que te escuche, el camino puede ser
más liviano”, agregó. “Cada
vez que veía al Papa tan enfermito, me
miraba a mí mismo y decía: ‘aquí no
hay lugar para quejas, hay que echar para delante’”.
Para solicitar los servicios de cuido de perros
u ofrecer cualquier ayuda, se puede comunicar
al (787) 345-1718.