Edición 19 • 8 al 14 de mayo de 2005
Hoy es viernes, 18 de mayo de 2012

Las visiones y apariciones

Padre Isaías Revilla Casado, OSA
frirevilla@hotmail.com
Para EL VISITANTE

P/

A la muerte de Lucía, la vidente de Fátima, se me ocurre pensar en las visiones de san Esteban, que nos describe el libro de los Hechos, (c.7). ¿Hay alguna semejanza en “ver los cielos abiertos” de san Esteban o lo de Lucía, que vio el triunfo de la Virgen antes de morir?

Mercedes Marrero, Caguas.

R/ En esto de las visiones creo yo que ocurre algo parecido a los sueños. Éstos suelen estar provocados por una imaginación muy viva a consecuencia de accidentes naturales (una colisión, una enfermedad, un susto…); las visiones por accidentes espirituales (devoción, deber cumplido, acción de gracias…). Pero el mecanismo psicológico es parecido.

En un sueño dramático la imaginación puede llevar a situaciones tan tensas que los mismos gritos del que sueña le sacan de la pesadilla. En los sueños placenteros, sobre todo los eróticos, uno puede encontrarse al despertar con flujos genitales. Pero “los sueños, sueños son” como diría de Tirso de Molina, y no comprometen la responsabilidad moral del que sueña.

La distancia entre visiones y apariciones es mucho mayor que entre sueños y visiones. Las apariciones suponen un factor externo muy difícil de evaluar. Por eso la Iglesia es muy prudente. Y, aunque reconoce y aplaude los cultos que surgen en los santuarios respectivos (Lourdes, Fátima, La Salette, Medjugorje…), nunca, que yo sepa, ha declarado oficialmente como constatada la presencia real de la Virgen María, ni de los santos.

En el caso de Lucía, es cierto que sus compañeros, Jacinta y Francisco ya han sido canonizados. Pero no por las visiones, sino por su vida ejemplar de la Gracia de Dios. Lo mismo que Esteban. No es canonizado por lo que él vio delante de los que le lapidaban, sino por el testimonio de vida cristiana que estaba dando en la Iglesia primitiva y por su martirio. Dios quiera que la veamos a ella también pronto en los altares.

Es indudable que Dios puede permitir a su Madre o a cualquiera de los santos que, porque han logrado ya el triunfo en el cielo, son considerados tales por la Iglesia, aparecerse en un momento dado. Pero insisto, la Iglesia suele ser muy prudente con estas apariciones. La primera que se cuenta de la Virgen María es la del Pilar en Zaragoza, España, al apóstol Santiago, cuando se supone que aún vivía entre los otros discípulos. Parece que los españoles eran muy cabeciduros y él se había desanimado en su evangelización. Ella le sale al paso para hacerle comprender que esa nación era su predilecta. Sería un caso de bilocación, de los que se han dado luego otros muchos en las vidas de los santos. Habría que estudiar cada caso y ver si ha lugar, o no pasa de una visión imaginativa del así llamado “vidente”.

No hay que olvidar que muchos aprovechan estas supuestas visiones para acreditar su secta. Y de eso han de dar cuenta muy severa a Dios; así como los que se dejan embaucar por ella.

Para otros temas relacionados vea http://sududa.tripod.com sección Mística.


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