Las visiones y apariciones
Padre Isaías Revilla
Casado, OSA
frirevilla@hotmail.com
Para EL VISITANTE
| P/ |
A la muerte de Lucía, la vidente
de Fátima, se me ocurre pensar en
las visiones de san Esteban, que nos describe
el libro de los Hechos, (c.7). ¿Hay
alguna semejanza en “ver los cielos
abiertos” de san Esteban o lo de Lucía,
que vio el triunfo de la Virgen antes de
morir?
Mercedes Marrero, Caguas. |
| R/ |
En esto de las visiones creo yo que ocurre
algo parecido a los sueños. Éstos
suelen estar provocados por una imaginación
muy viva a consecuencia de accidentes naturales
(una colisión, una enfermedad, un
susto…); las visiones por accidentes
espirituales (devoción, deber cumplido,
acción de gracias…). Pero el
mecanismo psicológico es parecido. |
En un sueño dramático la imaginación puede llevar a situaciones
tan tensas que los mismos gritos del que sueña le sacan de la pesadilla.
En los sueños placenteros, sobre todo los eróticos, uno puede encontrarse
al despertar con flujos genitales. Pero “los sueños, sueños
son” como diría de Tirso de Molina, y no comprometen la responsabilidad
moral del que sueña.
La distancia entre visiones y
apariciones es mucho mayor que entre sueños
y visiones. Las apariciones suponen un factor externo muy difícil de evaluar.
Por eso la Iglesia es muy prudente. Y, aunque reconoce y aplaude los cultos que
surgen en los santuarios respectivos (Lourdes, Fátima, La Salette, Medjugorje…),
nunca, que yo sepa, ha declarado oficialmente como constatada la presencia real
de la Virgen María, ni de los santos.
En el caso de Lucía, es cierto que sus compañeros, Jacinta y Francisco
ya han sido canonizados. Pero no por las visiones, sino por su vida ejemplar
de la Gracia de Dios. Lo mismo que Esteban. No es canonizado por lo que él
vio delante de los que le lapidaban, sino por el testimonio de vida cristiana
que estaba dando en la Iglesia primitiva y por su martirio. Dios quiera que la
veamos a ella también pronto en los altares.
Es indudable que Dios puede permitir
a su Madre o a cualquiera de los santos que,
porque han logrado ya el triunfo en el cielo,
son considerados tales por
la Iglesia, aparecerse en un momento dado. Pero insisto, la Iglesia suele ser
muy prudente con estas apariciones. La primera que se cuenta de la Virgen María
es la del Pilar en Zaragoza, España, al apóstol Santiago, cuando
se supone que aún vivía entre los otros discípulos. Parece
que los españoles eran muy cabeciduros y él se había desanimado
en su evangelización. Ella le sale al paso para hacerle comprender que
esa nación era su predilecta. Sería un caso de bilocación,
de los que se han dado luego otros muchos en las vidas de los santos. Habría
que estudiar cada caso y ver si ha lugar, o no pasa de una visión imaginativa
del así llamado “vidente”.
No hay que olvidar que muchos
aprovechan estas supuestas visiones para acreditar
su secta. Y de eso han de dar cuenta muy severa a Dios; así como los que
se dejan embaucar por ella.
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