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Séptimo
Domingo de Pascua
La
Ascensión del Señor
P. Angel Manuel Santos Santos
liturgia@levisitante.biz
Para EL VISITANTE
Hechos 1, 1-11
Este pasaje es el prólogo del Libro de
los Hechos de los Apóstoles y la narración
de la Ascensión del Señor. San
Lucas escribió los Hechos como continuación
a su Evangelio. Jesús, antes de ascender
a los cielos, le pidió a los apóstoles
que esperaran la Promesa del Padre, la fuerza
del Espíritu Santo que vendría
sobre ellos.
Salmo 46, 2-3.6-9
El Señor es Rey del universo. Dios ha
instaurado su reino por la Resurrección
de Cristo. Toda criatura del cielo y de la
tierra debe aclamarlo como Rey.
Efesios 1, 17-23
Dios desplegó su fuerza poderosa en Cristo
Jesús resucitándolo de entre los
muertos y sentándolo a la derecha del
Padre. Es el triunfo y la supremacía
de Cristo.
Mateo 28, 16-20
La conclusión del Evangelio de san Mateo
narra la última aparición de Jesús
a los once en Galilea y el mandato universal
de hacer discípulos de todas las gentes,
bautizándolas y enseñándoles.
Les promete su presencia todos los días
hasta el fin del mundo.
La
misión desde la Eucaristía
Al ver a Jesús resucitado, ellos se postraron,
pero algunos vacilaban o dudaban. Esta duda de
los once, viendo a Jesús antes de su ascensión
al Cielo, muestra la debilidad de los miembros
de la Iglesia ya desde el principio. La fuerza
de la Iglesia para su misión no está en
sus miembros humanos débiles y necesitados
de purificación. Cuando confiamos demasiado
en nosotros mismos, en nuestros carismas y en
nuestra capacidad para proponer acertados proyectos
pastorales dudamos de la fuerza para la misión
que viene sólo de Cristo.
Como los once, muchos fieles llegan hoy a la
Misa, unos adoran y otros dudan o se distraen.
Ante la vacilación y la duda de los once,
Jesús les asegura que Él ha recibido
pleno poder en el cielo y en la tierra. Jesús
es la fuerza de la Iglesia para vivir la santidad
y para llevar a cabo la misión. A Cristo
Resucitado lo encontramos todos los domingos
en la Santa Misa. Jesús Vivo infunde en
los fieles la fuerza de lo alto, el agua viva
del Espíritu Santo, para hacernos misioneros.
Iniciamos la Santa Misa con el acto penitencial.
La acusación de pecado siempre es un llamado
a la purificación y a reconocer la gran
misericordia de Dios. Es una invitación
a la conversión por amor a Dios. Parafraseando
a Jesús, si no nos convertimos, pereceremos.
El reconocimiento del pecado y la purificación
es el primer paso en el largo pero gozoso camino
de la santidad. Reconociendo nuestro pecado al
iniciar la Santa Misa nos ponemos en la presencia
de Cristo que puede liberarnos del pecado. Bienaventurados
los que se sienten necesitados del perdón
de Dios porque lo reciben, para tener un corazón
limpio que les hace capaces de recibir y ver
a Dios.
La misión de la Iglesia es hacer discípulos
de Cristo por el bautismo y por el cumplimiento
de todo lo que Cristo mandó. En el bautismo
hacemos dos promesas: el renunciar al pecado
y el creer en Cristo Jesús. El pecado
no es de Cristo, no es de la Iglesia, ni siquiera
el pecado es propio de la naturaleza humana.
El pecado es la negación de Cristo, de
Dios, de la Iglesia y la negación de lo
mejor de la naturaleza humana. El pecado deshumaniza.
La Santa Misa es la acción de gracias
a Dios Padre porque su Hijo amado nos ha liberado
del pecado y nos ha convertido en sus hijos amados.
A veces la gente cree que la misión de
la Iglesia se limita a bautizar. Otros creen
que la misión de la Iglesia se limita
a la predicación. Olvidamos que la segunda
parte de la misión es enseñar a
cumplir todo lo que Jesús mandó.
A veces los padres pretenden que la Iglesia reciba
al niño por el bautismo sin un compromiso
claro con Cristo y con la Iglesia. Se olvidan
que la Iglesia bautiza a los niños con
el compromiso de los padres de enseñar
a su hijo a cumplir todo lo que Jesús
mandó. A veces los padres pretenden que
los niños reciban la catequesis sólo
para recibir una vez los sacramentos. La catequesis
es además, para enseñar a los niños
a cumplir todo lo que Jesús mandó.
Cumplir todo lo que Cristo mandó incluye
la celebración de la Eucaristía.
Si dejamos de participar en la Eucaristía
no estamos cumpliendo todo lo que Cristo mandó.
A través de la vivencia y testimonio devoto
en la Santa Misa también se evangeliza. ¡La
mejor manera de evangelizar es mostrar con las
obras el fruto del Evangelio! La Eucaristía
está al centro del culto católico
no sólo por su estrecha relación
con la Pascua de Cristo, sino también
porque nos infunde la fuerza de lo alto, el Espíritu
Santo, para amar a los demás por amor
a Dios y convertirnos en verdaderos evangelizadores.
lecturas
MAYO |
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| 8 |
+ VII Domingo de Pascua. Solemnidad: |
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La AscensiÑn del Seøor |
| bl |
Misa pr, Gl, Cr, Pf pr, PE I ñReunidosî pr, |
| |
PE II Æ III embolismos prs, BS pr. |
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L 1 Hech 1, 1-11; Sal 46 |
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L 2 Ef 1, 17-23 |
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Ev Mt 28, 16-20 |
| |
Oficio de la solemnidad. Te Deum. |
| |
Hr con ants y Salm prs. |
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| 9 |
Lunes VII s.P. Feria |
| bl |
Misa pr, Pf I Æ II Asc. o desp. Asc. |
| |
L 1 Hch 19, 1-8; Sal 67 |
| |
Ev Jn 16, 29-33 |
| |
Oficio de feria |
| |
(OL: 1 Jn 4, 1-10) |
| |
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| 10 |
Martes VII s.P. Feria |
| bl |
Misa pr, Pf I Æ II Asc. o desp. Asc. |
| |
L 1 Hch 20, 17-27; Sal 67 |
| |
Ev Jn 17, 1-11a |
| |
Oficio de feria |
| |
(OL: 1 Jn 4, 11-21) |
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| 11 |
Mi³rcoles VII s.P. Feria |
| bl |
Misa pr, Pf I Æ II Asc. o desp. Asc. |
| |
L 1 Hch 20, 28-38; Sal 67 |
| |
Ev Jn 17, 11-19 |
| |
Oficio de feria |
| |
(OL: 1 Jn 5, 1-12) |
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| 12 |
Jueves VII s.P. Feria o Memoria libre: |
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Santos Nereo y Aquiles o San Pancrasio,
mres. |
| bl |
Misa de feria o (ro) de una de las memorias |
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Pf Asc. I o II o desp. Asc. |
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L 1 Hch 22; 30; 23, 6-11; Sal 15 |
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Ev Jn 17, 20-26 |
| |
Oficio de feria o de una de las memorias |
| |
(OL: 1 Jn 5, 13-21) |
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| 13 |
Viernes VII s.P. Feria o Memoria libre: |
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Nuestra Seøora de Fàtima |
| bl |
Misa de feria o de la memoria. |
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L 1 Hch 25, 13-21; Sal 102 |
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Ev Jn 21, 15-19 |
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Oficio de feria o de la memoria |
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(OL: 2 Jn) |
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| 14 |
Sàbado VII s.P. Fiesta: |
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San MatÕas, apÑstol |
| ro |
Misa pr, Gl, Pf I-II Aps (conviene utilizar
PE I), |
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Or sobre el pueblo nÏm. 25. |
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L 1 Hch 1, 15-17. 20-26; Sal 12 |
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Ev Jn 15, 9-17 |
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Oficio de la fiesta. Te Deum. Hr ant y
Salm |
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de la semana correspondiente. |
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| 14 |
Sàbado en la tarde: Vigilia de Pentecost³s |
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Solemnidad. |
| ro |
Misa pr de la vigilia, Gl, Cr, Pf pr, PE
I |
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ñReunidosî Pr, PE II Æ III: embolismos
prs. |
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Bs pr, Despedida con doble aleluya |
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L 1 G³n 11, 1-9 Ñ Ex 19, 3-8a. 16-20b Ñ Ez
37, |
| |
Ñ Jl 3, 1-5; Sal 103 |
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L 2 Rom 8, 22-27 |
| |
Ev Jn 7, 37-39 |
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| 15 |
+ Domingo de Pentecost³s |
| bl |
Misa pr del dÕa, Gl, Secuencia obligatoria, |
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Cr, Pf pr, PE I ñReunidosî pr, |
| |
PE II Æ III embolismos prs, BS pr. |
| |
Despedida con doble Aleluya. |
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L 1 Hch 2, 1-11; Sal 103 |
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L 2 1 Cor 12, 3b-7. 12-13 |
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Ev Jn 20, 10-23 |
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Oficio de la solemnidad. Te Deum. |
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Hr ant y Salm prs. Doble aleluya en |
| |
la despedida de las II VÕsp. |
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TERMINA EL TIEMPO PASCUAL. |
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No
de este mundo
Se ha descubierto recientemente una perfecta sincronización
de “timing” entre la actual descristianización
de Europa (occidental) y la amenaza cada vez más
pronunciada de la invasión islámica
del Continente europeo –situación
algo similar a la que existía en los siglos
XVI y XVII. [ver más]
Unidad
y diversidad
Cada vez somos más conscientes de que nuestro
universo es una piña (no una piñata,
como algunos piensan) variada en sus estructuras
y ordenada, aunque con algunas perendengas azarosas
todavía. Revisen si no la estructura y orden
a niveles físico-químicos, previos
al biológico. [ver más] |