Edición 20 • 15 al 21de mayo de 2005
Hoy es viernes, 18 de mayo de 2012

Padre Efraín Zabala

“Esto tá’malo”

Se oye por doquier un lamento que hiere la susceptibilidad y ahonda las preocupaciones cotidianas. La frase más usada es explosiva y es en muchos casos producto de la inconformidad y del tener cosas materiales. Cuando los recursos económicos se quedan cortos y el instinto consumista emerge como un tsunamis, se oye un clamor, una queja de estricta envergadura humana.

La conversación comienza con un dejo casi apocalíptico que es respondido con otro de pesimismo desbordante. A pesar de que las neveras están llenas, los “closets” rebosan en ropa y zapatos y hay tres vehículos en la casa, la clave de reproche está al acecho. Es como un deporte, un pasatiempo que altera el sistema cardiovascular y representa como un análisis social, que parte de un afán por la abundancia desbordante por la multiplicación de bienes.

El esto tá’malo viene envuelto en papel de regalo de tipo sensorial y económico. Nadie pondera lo espiritual, la alegría de vivir, la falta de amistad y compañerismo. Lo más importante es soslayado, guardado y oculto bajo las preocupaciones de índole terrenal y de bienestar a ras de piel. Hay un desequilibrio propiciado por la percepción de felicidad que se pretende lograr a billetazo limpio. Se vive para no escatimar en gastos, en gestos rejuvenecedores, en símbolos de un confort frívolo que responde a un más enloquecedor.

Los que son adictos a la materia no pueden entender cómo los miles de niños que viven en vertederos, comen de zafacones y pasan la noche en vela pueden subsistir sin cobijarse bajo la frasecita célebre de esto tá’malo. Hay miles de seres humanos que viven al margen de la afluencia y todavía sonríen y cantan cuando se reúnen para celebrar la existencia.

No se vive bien cuando la estridencia de lo material maltrata la sosegada virtud y se ensaña contra lo mesurado, lo sobrio, lo adecuado para dar gracias a Dios por su amor y su bondad. Esa ideología de lo mucho ha quebrado todas las buenas intenciones y ha dañado los caminos de la educación y la solidaridad comunitaria.

No se está feliz en esta jurisdicción de masacres, atentados contra la vida, drogas y vicios. Lo que se palpa no se corrige con cataplasmas de materialismo sino con un sentido de equidad, de armonía, de humanidad. Puerto Rico necesita de paz, de celebraciones adecuadas, de una colmena de amor que atraiga al pueblo a establecer una colindancia con Dios y con el prójimo.

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