“... el anuncio de Jesús pasa de
la presentación fundamental de su misterio
a la declaración de la dimensión
propiamente eucarística: «Mi carne
es verdadera comida y mi sangre es verdadera
bebida» (Jn 6,55)-.”
Carta Apostólica Mane Nobiscum Domine —Juan
Pablo II
Trasfondo
histórico
de la Eucaristía
(II)
Haydée E. Reichard de Cancio
Para EL VISITANTE
Institución de la Eucaristía
Jesucristo (la víspera de la pasión)
tomó el pan en sus manos, lo bendijo,
lo partió y lo dio a sus discípulos
diciendo: “Tomad y comed: Esto es mi cuerpo,
que será entregado Luego tomó el
cáliz (con vino), lo bendijo y se lo dijo
diciendo: “Bebed todos de él, porque
este es el cáliz de mi sangre, sangre
de la alianza derramada por vosotros para que
se les perdonen los pecados. ... haced esto en
conmemoración mía.” (Mateo
26, 26-28; Lucas 22, 19).
 |
“ No podemos imaginarnos la presencia
de Cristo en la Eucaristía como la
de una persona encerrada y estática
bajo las especies del pan y el vino. La presencia
de Cristo en la Eucaristía es una
presencia dinámica. En este sacramento,
Cristo [se] ofrece al Padre y nos ofrece
su obra de Redención, cuyo momento
culmi-nante es el sacrificio de la cruz.”
“ En la celebración eucarística
se renueva este sacrificio de Cristo. Para
el pueblo cristiano se ha hecho bien familiar
hablar de santo sacrificio de la Misa. De
esta manera se expresa que la celebración
de la Eucaristía está unida
al sacrificio de la cruz. En la misa Cristo
se hace presente y ofrece su sacrificio sobre
el altar, como si fuera la primera vez que
muere por nosotros...” (Libro Básico
Del Creyente, p. 384), pero está de
manera in-cruenta. |
Del mismo Cristo los apóstoles recibieron
el mandato de hacer Memoria. La transubstanciación,
acto de convertir el pan en su cuerpo y el vino
en su sangre, se continúa haciendo por
los sucesores de los apóstoles en virtud
de las palabras “Haced esto en memoria
mía.”
Encontramos en Hechos 20,7: cuando Pablo, Lucas
y otros se reunieron en Tróada, “el
primer día de la semana, estábamos
reunidos para la fracción del pan...”,
más adelante escribe: “Subió de
nuevo, partió el pan y comió.” Lucas
nos presenta dos nuevas realidades: los cristianos
desde la resurrección de Cristo, habían
reemplazado el día sagrado del sábado,
por el primer día de la semana que es
el domingo, para sus celebraciones. Segundo, éstas
se concluían con la fracción del
pan, el pan partido, la Eucaristía.
En 1 de Corintios 10, 16-21, encontramos un
interesante dato sobre:
“
La copa de bendición ¿no es acaso
la comunión de la sangre de Cristo? El
pan que partimos ¿no es la comunión
del cuerpo de Cristo? Uno es el pan y por eso
formamos todos un cuerpo
porque participamos todos del mismo pan...” “ustedes
no pueden beber al mismo tiempo de la copa del
Señor y la de los demonios”.
¿
Qué razón existe para que no se
pueda beber “la copa del Señor” y
la de los demonios al mismo tiempo?
Dejemos a Pablo en 1 de Corintios, 11,27-29,
que lo explique: “Quien come el pan y bebe
el cáliz del Señor indignamente,
será reo del cuerpo y de la sangre del
Señor. Por eso cada uno examine su conciencia
cuando va a comer del pan y a beber de la copa.
De otra manera, come y bebe su propia condenación
al no reconocer el cuerpo.”
El apóstol nos da testimonio de dos verdades
fundamentales. Para recibir la Eucaristía
hay que estar preparado. El feligrés que
se acerca al altar a recibir la Comunión
tiene que estar en estado de gracia. Por esa
razón Cristo instituyó el Sacramento
de la Confesión; “Todo lo que aten
en la tierra, el cielo lo considerará atado,
y todo lo que desaten en la tierra, será tenido
en el cielo como desatado.” (Mateo 19,18).
Además en Juan 20,19; leemos que cuando
Jesús se les apareció a sus discípulos
después de resucitado, entre las indicaciones
que les dio les dijo: “A quienes les perdonen
los pecados, les quedan perdonados; a quienes
no se los perdonen, les quedarán sin perdonar.” Segundo:
Pablo afirma que “el que no reconoce el
cuerpo, en la Eucaristía come y bebe su
propia condenación”. Si Cristo en
la Última Cena nos dice “Esto es
mi cuerpo”, “Esta es mi sangre”, “Haced
esto en memoria mía”, y si Pablo
en la Carta a los Corintios, nos lo indica nuevamente... ¿Quién
se atreve a ponerlo en duda?
(Fin)
Dedico este trabajo a mi querida maestra de
religión
en el Colegio San Carlos de Aguadilla en los
años 50’, Sister Amelia del Carmen,
O.P.