Edición 20 • 15 al 21de mayo de 2005
Hoy es martes, 7 de febrero de 2012

“... el anuncio de Jesús pasa de la presentación fundamental de su misterio a la declaración de la dimensión propiamente eucarística: «Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida» (Jn 6,55)-.”

Carta Apostólica Mane Nobiscum Domine —Juan Pablo II

 

Trasfondo histórico
de la Eucaristía (II)

Haydée E. Reichard de Cancio
Para EL VISITANTE

Institución de la Eucaristía

Jesucristo (la víspera de la pasión) tomó el pan en sus manos, lo bendijo, lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo: “Tomad y comed: Esto es mi cuerpo, que será entregado Luego tomó el cáliz (con vino), lo bendijo y se lo dijo diciendo: “Bebed todos de él, porque este es el cáliz de mi sangre, sangre de la alianza derramada por vosotros para que se les perdonen los pecados. ... haced esto en conmemoración mía.” (Mateo 26, 26-28; Lucas 22, 19).

“ No podemos imaginarnos la presencia de Cristo en la Eucaristía como la de una persona encerrada y estática bajo las especies del pan y el vino. La presencia de Cristo en la Eucaristía es una presencia dinámica. En este sacramento, Cristo [se] ofrece al Padre y nos ofrece su obra de Redención, cuyo momento culmi-nante es el sacrificio de la cruz.”

“ En la celebración eucarística se renueva este sacrificio de Cristo. Para el pueblo cristiano se ha hecho bien familiar hablar de santo sacrificio de la Misa. De esta manera se expresa que la celebración de la Eucaristía está unida al sacrificio de la cruz. En la misa Cristo se hace presente y ofrece su sacrificio sobre el altar, como si fuera la primera vez que muere por nosotros...” (Libro Básico Del Creyente, p. 384), pero está de manera in-cruenta.

Del mismo Cristo los apóstoles recibieron el mandato de hacer Memoria. La transubstanciación, acto de convertir el pan en su cuerpo y el vino en su sangre, se continúa haciendo por los sucesores de los apóstoles en virtud de las palabras “Haced esto en memoria mía.”

Encontramos en Hechos 20,7: cuando Pablo, Lucas y otros se reunieron en Tróada, “el primer día de la semana, estábamos reunidos para la fracción del pan...”, más adelante escribe: “Subió de nuevo, partió el pan y comió.” Lucas nos presenta dos nuevas realidades: los cristianos desde la resurrección de Cristo, habían reemplazado el día sagrado del sábado, por el primer día de la semana que es el domingo, para sus celebraciones. Segundo, éstas se concluían con la fracción del pan, el pan partido, la Eucaristía.

En 1 de Corintios 10, 16-21, encontramos un interesante dato sobre:

“ La copa de bendición ¿no es acaso la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo? Uno es el pan y por eso formamos todos un cuerpo porque participamos todos del mismo pan...” “ustedes no pueden beber al mismo tiempo de la copa del Señor y la de los demonios”.

¿ Qué razón existe para que no se pueda beber “la copa del Señor” y la de los demonios al mismo tiempo?

Dejemos a Pablo en 1 de Corintios, 11,27-29, que lo explique: “Quien come el pan y bebe el cáliz del Señor indignamente, será reo del cuerpo y de la sangre del Señor. Por eso cada uno examine su conciencia cuando va a comer del pan y a beber de la copa. De otra manera, come y bebe su propia condenación al no reconocer el cuerpo.”

El apóstol nos da testimonio de dos verdades fundamentales. Para recibir la Eucaristía hay que estar preparado. El feligrés que se acerca al altar a recibir la Comunión tiene que estar en estado de gracia. Por esa razón Cristo instituyó el Sacramento de la Confesión; “Todo lo que aten en la tierra, el cielo lo considerará atado, y todo lo que desaten en la tierra, será tenido en el cielo como desatado.” (Mateo 19,18). Además en Juan 20,19; leemos que cuando Jesús se les apareció a sus discípulos después de resucitado, entre las indicaciones que les dio les dijo: “A quienes les perdonen los pecados, les quedan perdonados; a quienes no se los perdonen, les quedarán sin perdonar.” Segundo: Pablo afirma que “el que no reconoce el cuerpo, en la Eucaristía come y bebe su propia condenación”. Si Cristo en la Última Cena nos dice “Esto es mi cuerpo”, “Esta es mi sangre”, “Haced esto en memoria mía”, y si Pablo en la Carta a los Corintios, nos lo indica nuevamente... ¿Quién se atreve a ponerlo en duda?

(Fin)

Dedico este trabajo a mi querida maestra de religión en el Colegio San Carlos de Aguadilla en los años 50’, Sister Amelia del Carmen, O.P.

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