El Papa de la misericordia
Myrna Fernández, Coop.fp
Para él, no hace falta buscar más
o mayores calificativos. Basta recordar a Juan
Pablo II como el enviado por el Señor
para que dictara cátedra entre nosotros,
por un tiempo. Así lo hizo: hemos de defender
la vida, amar la verdad y reconocer a todo ser
humnano como hijo de Dios. ¿Lo haremos?
Muchos aman a Juan Pablo II y lo seguirán
amando, pero es necesario recordar y afirmar
en nuestras vidas estas, sus palabras: “A
cada hombre se le confía la tarea de ser
artífice de su propia vida; en cierto
modo, debe hacer de ella una obra de arte, una
obra maestra.”
Durante los últimos días de Juan
Pablo II en la tierra y en su deceso recibimos
muchas cartas de nuestros lectores. A su memoria,
y para honrarle en su cumpleaños en el
cielo el 18 de mayo, he aquí algunas de
esas cartas.

Juan Pablo se nos fue al cielo
Como había vivido: humano, evangelizador
y santo, nuestro amado y llorado Juan Pablo II
se nos fue plácidamente al cielo.
Quizás ningún otro papa como Juan
Pablo II recorrió todos los caminos de
la vida, de ordinario, todos sembrados de espinas.
Conoció bien pronto la orfandad, tuvo
que trabajar para sobrevivir, se afanó por
saber -¡y a fe que lo consiguió!-,
transmitió a todos sus saberes desde la
cátedra universitaria y, olvidándose
totalmente de sí mismo, se entregó a
Dios y a los hombres en el sacerdocio. Proclamó en
todo momento de palabra y por escrito la verdad.
Y una vez llegado al papado, fue el campeón
indiscutible, cual otro San Pablo de Tarso, de
la evangelización a escala mundial, antes
jamás conocida, y difícil de imitar.
Otro aspecto que la Iglesia agradece –agradecimiento
que debería alcanzar a toda la humanidad-,
es su defensa a ultranza de la vida y de la dignidad
de la persona. Contra todo viento y marea, rechazó enérgicamente
el divorcio, el aborto en cualquier circunstancia,
el amor libre, el matrimonio (?!?) entre homosexuales
y lesbianas, el experimento con embriones vivos...
Si, todo es “de cajón” en
la teología y moral católicas.
Pero él nos dio ejemplo a todos de la
energía con que debemos proclamarlo.
Su última enfermedad, tan sobria y elegantemente
llevada, fue otro ejemplo para la humanidad entera.
P. José P. Benabarre
Vigo
Manila, Filipinas
Un camino de esperanza
En estos días, cuando todos los ojos del
mundo van a Roma, se piensa en un Papa, en un
hombre, en un pastor excepcional. Se comenta
que a diferencia de otros que siempre nos dicen
lo que queremos oír, que se esfuerzan
por darnos gusto en todo y esquivan las cosas
que nos cuestan trabajo, este Papa nos habló de
lo que es importante, nos guste o no; nos fue
franco, nunca nos consideró tontos; nos
enseñó que es más importante
ser queridos por las exigencias que por las caricias,
porque los aduladores buscan las caricias para
pasarlo bien, pero buscan a los exigentes cuando
quieren vivir.
El camino de Juan Pablo II nos
lleva a ocuparnos bien de nuestra realidad de
vida, a confiar en
el trabajo bien hecho, a saber que lo que vale,
vale; a no angustiarnos por las críticas
ni a mendigar los elogios. A estar siempre insatisfechos,
pero no porque no llegan los premios, sino porque
la belleza está siempre un poco más
allá de nuestras manos. A vivir gozosa
y exigentemente hacia esa obra bien hecha.
Mirando los caminos de Roma, vemos
a millones de seres humanos, siguiendo a un hombre
con una
vida llena, que produce por sí misma abundantes
frutos. Un triunfador que parte de este mundo
y reconocido por todos. Ellos son humanos como
nosotros, que quieren tener muy vivo el recuerdo
de una vida, la de Juan Pablo II, que no ha sido
fácil, que está llena y que es
infinitamente entusiasmante. ¡Qué hermoso
camino de Esperanza!
Ismael Fletcher Rivera
San Juan
Papa Juan Pablo II
Nuestro Santo Padre, Juan Pablo
II
Nos ha enseñado el camino
que hemos de seguir,
llevando sus mensajes por todo el mundo
Suplicando que cesen las guerras y vivamos en
paz.
Ha viajado tanto como las aves,
llevando su amor a los demás
Su amor que conocen tierra, cielo y mares
Tierra que El ha pisado,
dejó huellas con su humildad.
Paz auténtica fue su mayor deseo,
respetando a los demás individuos y pueblos
en su dignidad
Solidaridad entre todos los pueblos
Imploraba en su llamado, la justicia social.
Culminando su Vía Crucis,
a la ventana se asoma
Con su rostro de angustia miró la multitud
Multitud que recibió sus mensajes en diferentes
idiomas
No pudo decir palabras...
Sólo hizo la señal de la Cruz.
Su agonía comenzó,
culminando Semana Santa
Cumpliendo su misión
por amor a la humanidad
El peso de la cruz
que en su espalda llevaba
La cargó con humildad y amor y la ha llevado
a la santidad.
Escribo estas palabras
que salen del corazón
Dejando caer mis lágrimas
en muestra de mi amor
El mundo entero llora, unidos al dolor
Unirnos como hermanos,
fue su mayor petición
Annette Alemán
Trujillo Alto, PR
A Juan Pablo II
Lirio entre espinas, de fragante
aroma, la Iglesia entera te llora y te canta,
eres de Pedro la
figura santa, eres cual Cristo en la fecunda
Roma.
Alba figura sobre el mundo entero,
que en medio de este mar enfurecido, amor proclama
el Papa
octogenario, que ve sangrar su corazón
herido. Dios te guarde gallardo y dulce Pastor,
de Cristo escudo y relicario.
Una sola es de Cristo la Iglesia,
la Católica,
Apostólica y Romana. Porque uno es el
Jefe supremo, que Jesús al rebaño
dejó. El vicario de Cristo en la tierra,
es el Papa que en Roma reside, sucesor de Pedro
primero, que de Cristo la llave heredó.
Rodarán los tiranos crueles, hechos añicos
serán los imperios y la Iglesia de Cristo
adelante, seguirá en su marcha triunfal.
¡
Dios te guarde, Juan Pablo II!
José A. Durán Hernández
Santurce, PR