Misa de frente
Padre Isaías Revilla
Casado, OSA
frirevilla@hotmail.com
Para EL VISITANTE
| P/ |
Tengo entendido que la Misa se decía
de espaldas al pueblo. ¿Desde
cuándo se dice de frente? ¿Fue
a raíz del Concilio?
Carlos Correa, Ponce |
| R/ |
La respuesta es positiva. Hasta el Concilio
Vaticano II se mantenía la idea
de que el sacerdote, revestido de los ornamentos
sagrados para la celebración del
Santo Sacrificio de la Misa, era el sustituto
visible del Mediador invisible entre Dios
y los hombres: Jesucristo; actuaba en su
nombre y con todo su poder. Por eso se
encontraba entre el altar, donde se dispone
la presencia real de Cristo en el pan y
vino consagrados, y el pueblo. |
El Concilio Vaticano II quiso dar un relieve
mayor el sacerdocio común
de los fieles y a la participación del pueblo en el Misterio Eucarístico.
Se autorizó la lengua vernácula en la Misa, es decir, la lengua
propia de cada país, la concelebración habitual y se colocó el
altar en medio de la asamblea, dejando en una parte al sacerdocio ministerial,
conferido por el sacramento del Orden, y por la otra al sacerdocio común,
conferido por el bautismo. Es decir, el sacerdote está de una parte
del altar y de la otra el pueblo santo de Dios.
Por eso el n. 262 de la Instrucción General del Misal Romano dice expresamente: “Constrúyase
el altar mayor separado de la pared, de modo que pueda rodearse fácilmente
y que la celebración pueda hacerse de cara al pueblo. Ocupe el lugar que
sea de verdad el centro hacia el que espontáneamente converja la atención
de toda la asamblea de los fieles”. Es una cita del decreto pontificio “Inter
Oecumenici”; del 26 de septiembre de 1964).
Como se ve, la Liturgia ha ido empleando
a través de los 20 siglos de
vida de la Iglesia aquellas formas que ha creído que eran más expresivas
según el llamado “signo de los tiempos”. Es un intento de
llegar más a las conciencias de los fieles y de hacerle participar en
los misterios sagrados (que son siempre los mismos, no han cambiado sustancialmente
en toda su historia) pero acomodándose a la idiosincrasia de los pueblos
y a las formas de expresión de cada época.
Y yo no me atrevo a decir en cuál de ellas ha llegado más a cumplir
con los objetivos que le encomendó Jesús, cuando les dijo a sus
discípulos: “Id y predicad…”
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