Edición 22 • 29 de mayo al 4 de junio de 2005
Hoy es martes, 7 de febrero de 2012

Padre Efraín Zabala

Doña Margarita

El 4 de junio de 2005, doña Margarita deshojará sus noventa años. Nueve décadas adornadas con un sí a Dios y con espadas que han traspasado su corazón. Su vida matrimonial fue una fiesta de amores dulces. Don Paco Mendoza, el atento y agradable señor, cedió su corazón en unas nupcias celebradas en el altar de la vida misma. El hogar de Paco y Margarita era un panal de abejas, un banquete de gente que entraba por el balcón, por la cocina, y se convertían en comensales, en invitados con entrada libre.

Nando, Miguel, Orlando y Margarita eran la luz de este matrimonio ejemplo de virtud, guardián de la elegancia espiritual. La solidaridad familiar era un compromiso no escrito y una garantía sublime atada a los coloquios del alma. Doña Margarita, madre sacerdotal, levantó junto a su hijo Miguel el cáliz de la voluntad de Dios. El calvario de Miguel se tornó en cruz para ella, que marcaba con las cuentas del rosario, el camino de María, la dolorosa y fiel.

En su casa en Aibonito perdura la presencia sacerdotal porque seminaristas, sacerdotes, y hermanas religiosas hacían su peregrinación a la casa de Migue para beber café, almorzar y dialogar formando así un cenáculo de ideas y encuentros fraternales. Los vecinos de doña Margarita la veían salir a participar en la misa diaria y a llenarse de luz y amor para llevar las penas y los dolores de la vida. Allí, frente al altar, doña Margarita se inmolaba junto al crucificado y repetía el amén de los justos y santos.

En mis años de seminarista, doña Margarita y don Paco, me abrieron su hogar con amor reverente. Encontré el regazo familiar y ellos se convirtieron en padres adoptivos. Inspiraron en mí la vida noble y generosa, la belleza y el servicio como antesala al misterio de Cristo que se nos da y nos regala su amor, retrato de servidor a tiempo completo.

Junto a doña Margarita hemos celebrado la vida en su misterio y éxtasis. Los que hemos conocido la piedad y el cariño que bajaban en cascada por el hogar santo, no podemos menos que elevar el alma para pedir por ella en sus noventa años. Esa fecha memorable contradice a los pobres de espíritu y a los que no tienen esperanza.

Brindo por doña Margarita desde mi amor sacerdotal. Ofrezco la celebración eucarística por ella y su familia que la reverencia y la distingue. Que el Señor la colme de bendiciones y le dé muchos años de vida para que sea un milagro de la fe y de la esperanza.

Archivo ediciones EV

 

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