Edición 22 • 29 de mayo al 4 de junio de 2005
Hoy es martes, 7 de febrero de 2012

Rechazo a enmiendas a Ley de Cierre

Vivian Maldonado Miranda
entrevistas@elvisitante.biz

Como “un disparate legislativo”, es como el ex secretario del Trabajo y Recursos Humanos, el licenciado Ruy Delgado Zayas, describió el proyecto que pretende enmendar la ley de cierre.

Delgado Zayas manifestó a El Visitante que cuando escuchó de la medida, incluso pensó que se trataba de darle más tiempo a los empleados para estar con sus familias y no una enmienda para que trabajen más.

El proyecto número 588, presentado por el senador José Garriga Picó, propone “permitirle a los establecimientos comerciales e industriales operar durante los domingos a las mismas horas que pueden hacerlo el resto de los días de la semana” (primer párrafo de la medida). El horario laboral permitido en la actualidad a los comercios de lunes a sábado es desde las 5:00 a.m. hasta las 12:00 de la medianoche, según establecido en el artículo 4 de la Ley para Regular las Operaciones de Establecimientos Comerciales (Ley Núm. 1 del 1 de diciembre de 1989). De aprobarse la medida legislativa, este horario regiría también los domingos.

Esta medida se compara con la radicada por el entonces representante Roberto Vigoreaux el 28 de junio de 2002. Para esa fecha, el proyecto del Senado 1653 proponía eliminar “ciertas restricciones establecidas en las disposiciones relacionadas a horarios de apertura parcial, ventas de determinados productos en farmacias y estaciones de gasolina, salarios de empleados y horario de trabajo de empleados”. El Centro Unido de Detallistas y la Federación de Trabajadores se manifestaron en oposición al proyecto. Además, el profesor de economía de la Universidad de Puerto Rico, José Alameda, aseguró a la prensa local que la extensión de horario perjudicaría al empleado y no beneficiaría en gran medida a los grandes comercios, ya que afirmó que el nivel de gastos del consumidor lo establece su salario, no los horarios de las tiendas.

“ El arreglo de la ley de cierre actual es parecido al que hay en Estados Unidos y en otras partes del mundo, independientemente de la creencia religiosa. En todos los países se está legislando para darle espacio a los empleados para estar con sus familias”, comentó Delgado Zayas, quien fungió como secretario del trabajo durante la redacción de la ley de cierre actual. Delgado Zayas citó el ejemplo de estados como Washington DC, en donde las tiendas operan los domingos en un horario similar al de Puerto Rico. En el ámbito internacional, la Ley sobre las Horas de Trabajo (WTA) de Alemania establece en sus artículos 3 y 9 a los domingos y a los días feriados como periodos de descanso (Organización Internacional del Trabajo). En Venezuela, la Ley Orgánica del Trabajo de 1997 decretó a los domingos como días feriados en su artículo 212 (http://www.finanzas.usb.ve/lot.pdf).

“ Me parece que el proyecto de ley nuevo a quien va a perjudicar es a los trabajadores, en un momento en que la familia en la Isla está en crisis”, añadió. Delgado Zayas opinó que la problemática familiar en Puerto Rico ha empeorado luego del 1989, año en el que se amplió el horario laboral dominical hasta las cinco de la tarde (en vez de hasta las 12:00 del mediodía, como disponía la Ley de Cierre de 1902).

“ La crisis en la familia es algo que se ha hablado en todos los medios. Más horas de trabajo no tienen nada positivo. Hay muchas madres que trabajan que ahora tendrían también que buscar quién le cuide los niños los domingos”, dijo. “Siete días a la semana son 56 horas. Sería horrible llevar a los empleados a trabajar los siete días”.

Delgado Zayas afirmó que difícilmente los patronos optarían por pagar horas extras, ni la jornada completa, sino que probablemente roten empleados a tiempo parcial, quienes tendrían que hacer más malabares para coincidir con el tiempo libre de sus hijos. El licenciado señaló que casi una quinta parte de la fuerza laboral presente trabaja a jornada parcial.

“ Con el modelo de más trabajo y menos tiempo para la familia hemos experimentado un sociedad disfuncional”, añadió. “No creo que haya un reclamo de los consumidores de que necesitan más horas para comprar. Desde las 11:00 am hasta las 5:00 pm los domingos es más que suficiente”.

Temor por los pequeños negocios

Por otra parte, la ley actual, aunque limita el horario de trabajo de los domingos desde las 11:00 am hasta las 5:00 pm (artículo 5 de la ley número 1 del 1989), detalla en su artículo 6 una serie de comercios a los que se les permite la apertura en horario regular.

Entre ellos, la legislación vigente exime a los negocios operados por sus dueños y los comercios con siete empleados o menos en su nómina semanal. Además, pueden operar las plazas de mercados, kioscos, librerías y negocios ubicados en sitios dedicados a actividades artesanales, culturales o recreativas. También, los establecimientos dedicados a la elaboración de alimentos, los que operan dentro de paradores u hoteles y las gasolineras. Las farmacias pueden vender medicamentos con o sin receta, artefactos de salud, artículos de bebé, aseo y arreglo personal, perfumería, cosméticos, confitería, efectos escolares, de escritura y fotografía, periódicos, libros y revistas (artículo 6 de la ley número 1 del 1989).

El licenciado Delgado Zayas detalló que estas excepciones dentro de la ley actual representa una protección para los pequeños comerciantes, quienes operan el resto del domingo sin la amenaza de las mega-tiendas.

“ Creo que si se aprueba el proyecto para enmendar la ley, a los únicos que va a ayudar es a las grandes empresas. Los pequeños comercios no van a poder competir”, agregó. “La ley actual protege al pequeño comerciante porque Puerto Rico no puede ser una sociedad de grandes empresas. La enmienda lo que va es a eliminar la posibilidad mínima que tiene el pequeño comerciante en Puerto Rico,” concluyó.


Aún vigente posición de los Obispos en 1980

La Ley de Cierre de 1902 establecía que los establecimientos comerciales e industriales permanecerían cerrados después del medio día, con excepción de las farmacias, mercados públicos, panaderías, hoteles, restaurantes, cafés y lugares de venta de refrescos.

Para el 1980, el Senado de Puerto Rico consideraba tres proyectos para enmendar la Ley de Cierre: P del S 452, 454 y 525. Al respecto, la Conferencia de Obispos Católicos de Puerto Rico presentó su posición en una carta con fecha del 17 de marzo de ese mismo año.

El 1 de diciembre de 1989, se crea la “Ley para Regular las Operaciones de Establecimientos Comerciales”, o Ley de Cierre vigente, que establece el horario dominical actual.

(Carta de los Obispos de Puerto Rico del 17 de marzo de 1980, ante las enmiendas que se proponían en aquél entonces).

La intención que nos mueve a pronunciar estas palabras es la tutela del bienestar integral de nuestro pueblo y la salvaguarda de sus valores más preciados. Al igual que en Puebla*, hoy afirmamos una vez más la necesidad de una profunda revisión de la tendencia consumista de las naciones más desarrolladas; deben tenerse en cuenta las necesidades elementales de los pueblos que forman la mayor parte del mundo. Un paso firme en esta dirección redimirá a aquellos “jóvenes que se han visto defraudados por la falta de autenticidad de algunos de sus líderes o se han sentido hastiados por una civilización de consumo” (Puebla 496, 1177).

Estamos convencidos de que, aunque las enmiendas propuestas persiguen supuestamente la conveniencia del consumidor, los proyectos acarrearán graves y profundos perjuicios a nuestra comunidad. Es cierto que los hábitos de consumo y comercio han variado. Sin embargo, la exposición de motivos de los tres proyectos no analiza críticamente las implicaciones humanas y sociales de los cambios en la política de consumo. Las enmiendas parecen someter todo el asunto a la dinámica económica, prescindiendo de otras consideraciones superiores (Cfr. P.S. 452). Y aun el mismo beneficio de la dinámica económica resultará relativo y discutible.

En el caso de la promoción del turismo, la tónica dominante está marcada por la “competencia” con otros mercados (Cfr. P.S. 525). La competencia es una realidad innegable, pero no es prioritaria o absoluta. Sería necesario determinar el tipo de servicio que se puede brindar a los turistas, la imagen cultural que deseamos proyectar y el beneficio público que vamos a obtener.

El Proyecto 454 presenta, como cuestión de hecho, la urgencia de atemperar el ordenamiento jurídico con aquéllas realidades que caracterizan a la comunidad puertorriqueña. Aparentemente dichas realidades se reducen a condiciones socio –económicas, condiciones que no son explicadas. Más aún, existen factores económicos y sociales que señalan soluciones contrarias a las propuestas, por ejemplo: la criminalidad, el consumismo, el mercantilismo, la desintegración de la familia, el sosiego del trabajador…

Como líderes religiosos de este pueblo, sentimos una preocupación particular por las posibles consecuencias de las enmiendas. Una sociedad que sufre una gran desorientación de valores debe examinar cautelosamente cualquier decisión que la pueda conducir a la desintegración de sus elementos esenciales. Nuestro pueblo necesita una tregua ante la despiadada vorágine del consumo y de la competencia. La familia, los amigos requieren condiciones favorables para un encuentro pacífico y espiritual.

¿ Qué sentido tiene el hablar del bienestar de la familia, si aprobamos leyes que pueden convertirse en una amenaza contra su integridad? Por eso la Iglesia defiende el domingo como un día de culto y descanso. Hay que acentuar el ocio creador, la vida familiar y respetar el derecho a adorar a Dios en el día consagrado a su memoria. Por encima de los fines mercantiles prevalecen los valores religiosos y culturales.

Ya el Tribunal Supremo de los Estados Unidos ha protegido el derecho de los afiliados a religiones minoritarias al libre ejercicio de la religión. Con más razón debemos proteger los días sagrados de la mayoría de nuestra población. Sin embargo, algunos comercios han retado la Ley de Cierre en Puerto Rico, profanando la sabiduría y la santidad de la tradición dominical y rompiendo la tregua de la competencia económica.

Finalmente, exhortamos a los distinguidos legisladores a buscar alternativas saludables a los difíciles problemas sociales, alternativas que armonicen con la idiosincrasia de nuestro pueblo y con los sublimes valores espirituales del hombre puertorriqueño.

* En la ciudad de Puebla de Los Angeles, México, se llevó a cabo la III Reunión del Consejo Episcopal Latinoamericano en enero de 1979 cuyas conclusiones fueron publicadas en un documento que se le conoce como el Documento de Puebla.


Carta Pastoral sobre la Familia 2004

Monseñor Roberto Octavio González Nieves,
Arzobispo Metropolitano de San Juan

Ley de Cierre

131. Hasta casi concluir el siglo XX, Puerto Rico hizo valer en su legislación civil sobre los días laborables y los horarios de operación de los establecimientos comerciales, el descanso dominical de los trabajadores y trabajadoras y de las familias de nuestro país. Partiendo de la tradición cristiana que obliga a guardar el domingo como Día del Señor, la Asamblea Legislativa siempre respetó e hizo observar esta tradición. Y aunque inspirada en una práctica religiosa, la tradición del cierre dominical de los establecimientos comerciales servía el laudable propósito secular de permitir que los trabajadores y trabajadoras pudieran renovar sus fuerzas y dedicar un tiempo valioso al culto religioso (uno de sus más importantes derechos humanos inalienables garantizado también en la Constitución) y a las actividades y las reuniones familiares de sus miembros. El obligado descanso dominical también permitía a la comunidad en general hacer un alto en el trajín diario de la semana para recuperar el sosiego perdido, algo muy necesario para una sociedad equilibrada.

132. Pero casi al concluir el siglo XX, las empresas multinacionales y las megatiendas lograron persuadir al Gobierno de que permitiera abrir los domingos de 11:00 de la mañana a 5:00 de la tarde. Esta enmienda resultó ser otro paso peligroso en la dirección equivocada, pues con el pretexto de mejorar la economía de la Isla se ha estado fomentando el consumismo desmedido e irracional. A una gran masa de hombres y mujeres, obligados por el temor de perder sus empleos o sus oportunidades de mejoramiento laboral, la apertura dominical les dificulta y hasta les impide compartir con sus cónyuges y, en particular, con sus hijos e hijas de edad escolar que solamente disfrutan los sábados y domingos como días libres.

133. Ahora, nuevamente, se alzan voces que proponen enmiendas adicionales a la Ley de Cierre para permitir la apertura dominical de establecimientos comerciales en horarios extendidos. Guarecidos en argumentos de recesión económica y alta tasa de desempleo, intentan ganar adeptos en la Asamblea Legislativa para eliminar lo que queda de la Ley de Cierre y permitir a las megatiendas operar sus establecimientos sin consideración a los otros valores sociales de más importancia que el simple afán de lucro patronal. Una ampliación del horario legal de apertura dominical traería, como consecuencia negativa inmediata, un incremento en el consumismo desmedido y privaría a muchos cónyuges y a una gran mayoría de padres y madres de un tiempo precioso para compartir con sus hijos e hijas. Además, interferiría indebidamente con el ejercicio del derecho de los trabajadores y trabajadoras al culto religioso, pues éstos tendrían que laborar, en muchos casos, hasta altas horas de la noche.

134. Debo exhortar a la Asamblea Legislativa a que rechace toda propuesta cuyo efecto sea, primero, separar y fragmentar aún más a las familias de nuestra nación puertorriqueña y, segundo, estimular el consumismo desbocado que tanto perjuicio acarrea a nuestra vida individual y colectiva propiciando el uso desenfrenado de tarjetas de créditos que encarcelan a tantas personas en deudas extraordinarias. Si alguna iniciativa legislativa merecería mi más entusiasta respaldo sería una ley dirigida a recuperar el tan necesario espacio de crecimiento personal y espiritual que hace algunos años perdimos cuando el Día del Señor fue convertido legislativamente en el “Día de Compras” en los centros comerciales. Debo recabar de cada comerciante —y con mayor urgencia, si es católico— que asuma y practique el apostolado personal de permitir y proveer las circunstancias necesarias para que se respete el derecho de sus empleados a asistir a la iglesia de su predilección y a disfrutar del día del Señor sin ningún temor de ser penalizados por esta razón; que facilite el viernes a los creyentes del Islam, el día sábado a aquellas personas judías y adventistas que lo guardan, y el domingo a los cristianos, de manera que se provea este espacio esencial en la vida espiritual y familiar del ser humano.

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