Familia grande...
Aida A. Muñiz Berdeguez
Para EL VISITANTE
Soy fanática de las familias grandes, porque
provengo de una de diez hermanos. Vivimos bien
aún dentro de las precariedades, porque
en mi casa, quien llevaba el sustento era mi padre,
albañil de oficio. Y por la gracia de Dios,
logramos estudiar. Vivo orgullosa de ser egresada
del sistema público de enseñanza
de Puerto Rico. Eran tiempos en donde casi todos
los estudiantes, al preguntar la maestra –Fulana
Rivera, ¿Cuántos son en tu casa?,
la gran mayoría contestaba: 15, 10, números
de escándalo hoy día, porque los
tiempos han cambiado y para tener calidad de vida,
10 son multitud en un mismo techo.

Puerto Rico lleva más de treinta años,
gracias a row vs. wade, (en minúscula, porque
esta ley no merece ni respeto) evitando los hijos,
cerrado a la vida. Le han dado a las pobres mujeres
anticonceptivos por un tubo y siete llaves, esas
mismas que hoy día han pasado por histerectomías
tempranas y menopausias prematuras a edades como
los veinticinco años. [Todo] porque tenemos
que evitar a toda costa la pobreza y se nos olvida
que los pobres, como dice la Palabra, siempre existirán.
Con esto podremos tener empleos garantizados. Sin
embargo, la vida está colmada de intenciones
malas que parecen buenas y lo que empieza mal terminará peor.
Soy maestra del Departamento de
Educación
Pública de Puerto Rico, status transitorio,
ya que cambié las ciencias por la educación
y llevo varios años de escuela en escuela
y me sorprende escuchar cómo se critica
a las madres paridoras con seis o diez hijos. Pero
ahora que ven el monte arder, rezan para que llueva.
Las escuelas elementales dentro de quince años
serán museos, razón: cerrarán,
porque los anticonceptivos hicieron efecto. Ya
se oyen lamentos porque tendrán que cambiar
maestros o enviarlos al desempleo.
En la escuela donde trabajé el año
pasado y en la que trabajo actualmente, se matricularon
30 niños de kindergarten y hay cuatro maestros
preparados en el nivel preescolar. El primer grado
tiene los docentes suficientes, (dos), para 34
estudiantes. Es decir, mientras pasen los días
seguiremos envejeciendo y el costo de vida aumentando
y ya no será para comprar pañales
desechables o leche fórmula, sino para comprar
medicamentos para nuestros achaques. Bien lo dijo
el Gran Maestro: “Dejad que los niños
vengan a mí porque de ellos es el Reino
de los Cielos”.
Al parecer estoy en contra de la
edad de oro y es todo lo contrario. Respeto a esas
personas que
han dado la vida y sus mejores años productivos
al país. Pero me entristece pensar que Puerto
Rico, siendo un país religioso, no crea
en las promesas del Señor, el mismo que
proveyó a mi familia. Todavía me
resuena el llamado que hizo la señora directora
en una reunión: “Hay que decirle a
las madres que se pongan a parir, porque nos quedaremos
sin plazas”. Pero hay esperanza.
Mientras los órganos reproductivos estén
sanos y limpios de anticonceptivos, hay razón
para abrirse a la vida. Dios no tenía porqué crearnos
cuando ya existía un paraíso. Entonces, ¿por
qué nos creó? Porque es un Padre
que está abierto a la vida y nos dio ese
regalo a nosotros indignos, para que lo imitemos.