Edición 23 • 5 al 11 de junio de 2005
Hoy es viernes, 18 de mayo de 2012

Familia grande...

Aida A. Muñiz Berdeguez
Para EL VISITANTE

Soy fanática de las familias grandes, porque provengo de una de diez hermanos. Vivimos bien aún dentro de las precariedades, porque en mi casa, quien llevaba el sustento era mi padre, albañil de oficio. Y por la gracia de Dios, logramos estudiar. Vivo orgullosa de ser egresada del sistema público de enseñanza de Puerto Rico. Eran tiempos en donde casi todos los estudiantes, al preguntar la maestra –Fulana Rivera, ¿Cuántos son en tu casa?, la gran mayoría contestaba: 15, 10, números de escándalo hoy día, porque los tiempos han cambiado y para tener calidad de vida, 10 son multitud en un mismo techo.

Puerto Rico lleva más de treinta años, gracias a row vs. wade, (en minúscula, porque esta ley no merece ni respeto) evitando los hijos, cerrado a la vida. Le han dado a las pobres mujeres anticonceptivos por un tubo y siete llaves, esas mismas que hoy día han pasado por histerectomías tempranas y menopausias prematuras a edades como los veinticinco años. [Todo] porque tenemos que evitar a toda costa la pobreza y se nos olvida que los pobres, como dice la Palabra, siempre existirán. Con esto podremos tener empleos garantizados. Sin embargo, la vida está colmada de intenciones malas que parecen buenas y lo que empieza mal terminará peor.

Soy maestra del Departamento de Educación Pública de Puerto Rico, status transitorio, ya que cambié las ciencias por la educación y llevo varios años de escuela en escuela y me sorprende escuchar cómo se critica a las madres paridoras con seis o diez hijos. Pero ahora que ven el monte arder, rezan para que llueva. Las escuelas elementales dentro de quince años serán museos, razón: cerrarán, porque los anticonceptivos hicieron efecto. Ya se oyen lamentos porque tendrán que cambiar maestros o enviarlos al desempleo.

En la escuela donde trabajé el año pasado y en la que trabajo actualmente, se matricularon 30 niños de kindergarten y hay cuatro maestros preparados en el nivel preescolar. El primer grado tiene los docentes suficientes, (dos), para 34 estudiantes. Es decir, mientras pasen los días seguiremos envejeciendo y el costo de vida aumentando y ya no será para comprar pañales desechables o leche fórmula, sino para comprar medicamentos para nuestros achaques. Bien lo dijo el Gran Maestro: “Dejad que los niños vengan a mí porque de ellos es el Reino de los Cielos”.

Al parecer estoy en contra de la edad de oro y es todo lo contrario. Respeto a esas personas que han dado la vida y sus mejores años productivos al país. Pero me entristece pensar que Puerto Rico, siendo un país religioso, no crea en las promesas del Señor, el mismo que proveyó a mi familia. Todavía me resuena el llamado que hizo la señora directora en una reunión: “Hay que decirle a las madres que se pongan a parir, porque nos quedaremos sin plazas”. Pero hay esperanza.

Mientras los órganos reproductivos estén sanos y limpios de anticonceptivos, hay razón para abrirse a la vida. Dios no tenía porqué crearnos cuando ya existía un paraíso. Entonces, ¿por qué nos creó? Porque es un Padre que está abierto a la vida y nos dio ese regalo a nosotros indignos, para que lo imitemos.

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