Palabras claras y valientes
Dr. Aníbal Colón
Rosado
Para EL VISITANTE
Jesús empleó parábolas, analogías,
símiles y otras imágenes en su predicación.
Fue tolerante, compasivo y comprensivo, particularmente
con los pecadores humildes. Pero llamó al
pan pan, y al vino vino. Su palabra fue sí sí o
no no, sin circunloquios ni gazmoñerías.
Muchos de sus actos y discursos contrastarían
con una cultura plagada de eufemismos e hipocresías
y con cierto lenguaje “políticamente
correcto”. El vocabulario presuntamente inofensivo
puede terminar en la indiferencia ética
y eclipsar la verdad completa en aras de una cortesía
mal entendida. La Verdad encarnada sigue otros
caminos.
Veamos algunos ejemplos tomados de los evangelios.
Hubo un político a quien Jesús jamás
le dirigió la palabra y a quien le endilgó un
epíteto muy duro. Me refiero al tetrarca
Herodes Antipas. En aquel tiempo, se acercaron
a Jesús algunos fariseos para aconsejarle
que se retirara del lugar, ya que Herodes quería
matarle. Con gran sentido de dignidad, como quien
cumple fielmente la misión recibida, y por
encima de las amenazas humanas, respondió el
perseguido: “Id a decirle a ese zorro: Mira,
expulso demonios y llevo a cabo curaciones hoy
y mañana, y al tercer día termino.
Sin embargo, es menester que hoy, y mañana,
y al siguiente, siga yo mi camino, porque no cabe
que un profeta perezca fuera de Jerusalén” (Lc.
13,32-33). El Mesías conocía muy
bien el designio divino y aceptaba libremente las
coordenadas providenciales.
Tal vez el gobernante corrupto pretendía
desembarazarse de Jesús por medio de esta
maniobra de los fariseos. No obstante, el aviso
obedecía a un peligro real. Herodes Antipas
gozaba de cierta autonomía y tenía
poder para condenar a muerte y ejecutar la condena
en su territorio. Por otro lado, no todos los fariseos
eran enemigos del Señor, quien compartió buenamente
con algunos de ellos (cf. Lc. 7,36; 11,37; 14,1).
La advertencia, pues, pudo haber sido de buena
fe.
Resulta chocante la frase despectiva “a ese
zorro”. No me detendré en el adjetivo
ese, que ya de por sí lleva una carga de
separación y rechazo. En cuanto a la palabra
zorro, es un sustantivo repleto de matices peyorativos.
El zorro despide un olor fétido, persigue
con astucia a su presa y campea de noche. En forma
figurada, zorra significa prostituta; y zorro es
el que afecta simpleza e insulsez, especialmente
por holgazanería. También se refiere
al hombre muy taimado, astuto y capcioso. La zorrería
consiste en el ardid de quien busca su utilidad
mañosamente. Por ambos lados, el tetrarca
de Galilea quedó retratado como una persona
sin principios morales o, por la línea de
la insignificancia, como un hombre de jerarquía
menor comparado con otros más poderosos.
Este personaje fue reprendido por Juan a causa
de sus malas acciones, entre ellas, el adulterio
con la mujer de su hermano. Por alguna razón,
el Maestro alertó a sus discípulos
para que se cuidaran de la levadura de Herodes,
de los saduceos y de los fariseos...
¡
Ay, los fariseos! Todo el Evangelio contiene diatribas
contra esta secta. Jesús aseguró que
no le quitaría a la ley ni un punto ni una
letra, mientras cuestionó los malos pensamientos
de los maestros de la ley. Pide a los fariseos
que sean misericordiosos, pues él ha venido
a llamar a los pecadores. Los fariseos son ciegos
que guían a otros ciegos y anulan el mandato
de Dios por seguir sus tradiciones; gente infiel
y perversa, tramposos, malhechores, sepulcros blanqueados,
raza de víboras, tontos, hipócritas,
descendientes de asesinos de profetas, serpientes,
labradores malvados... Sobre ellos caerá el
castigo de la muerte de los inocentes que han sido
asesinados desde Abel hasta Zacarías.
“
Ay de ustedes que son como sepulcros ocultos a
la vista, los cuales la gente pisa sin saberlo.” Al
escuchar esta acusación, uno de los aludidos
reclamó: “Maestro, al decir esto,
nos ofendes también a nosotros”. En
Mt. 15,17, los discípulos le informaron
a Jesús que los fariseos se habían
ofendido por una reprimenda semejante. Mas el Mesías
no se acobardaba. Señaló a quienes “atan
cargas tan pesadas que es imposible soportarlas,
y las echan sobre los hombros de los demás;
mientras ellos mismos no quieren tocarlas ni siquiera
con un dedo. Todo lo hacen para que la gente los
vea”. Estos vanidosos siempre buscan los
mejores lugares y posan en apariencia de virtud.
Fuera de estas amonestaciones, Jesús emitió otros
juicios de alcance general o particular: cuidarse
de los mentirosos, lobos feroces disfrazados de
ovejas; no rechazar al profeta que viene de parte
de Dios; librarse del castigo de los pueblos desobedientes,
que será peor que el de Sodoma; la autodestrucción
de todo país dividido; la responsabilidad
de haber pronunciado palabras inútiles;
la recompensa por haber declarado a favor del Ungido;
la verdad como fuerza liberadora; los falsos mesías
y profetas; la desgracia de las invitaciones al
pecado. Quienes no se vuelvan a Dios, morirán
como los galileos aplastados bajo la violencia
del gobernador romano.
En las Bienaventuranzas el Señor bendijo
a los que sufren persecución. “Felices
serán ustedes cuando la gente los insulte
y maltrate y cuando por causa mía los ataquen
con toda clase de mentiras.” Los cristianos
deben ser sal, luz y levadura del mundo. A los
apóstoles les confió instrucciones
específicas. Si no son recibidos, saldrán
de la casa o del pueblo y se sacudirán el
polvo de los pies. Enviados como ovejas en medio
de lobos, han de ser prudentes como las serpientes
y mansos como las palomas. Cuando sean entregados
a las autoridades, se despreocuparán por
lo que deban decir, pues Dios les dará las
palabras (Mt. 10.19). Tampoco tendrán miedo
de la gente, pues todo llegará a descubrirse. “Lo
que les digo en la oscuridad díganlo ustedes
a la luz del día.”
Finalmente, citemos algunos casos particulares
en los que la reacción de Jesús fue
incisiva y sin ambages: los discursos contra los
que acumulan riquezas; ante la samaritana que mintió sobre
sus maridos; el juicio final fundado en el amor
concreto; la alusión a la caridad trunca
de los cobradores de impuestos y los paganos; el
mandato a la adúltera de no volver a pecar;
el consejo de no echar perlas a los cerdos ni cosas
sagradas a los perros; el regaño a Pedro
cuando lo llamó Satanás y la profecía
de las negaciones; el reclamo al soldado que lo
abofeteó; los señalamientos al traidor
Judas; la respuesta a los discípulos ambiciosos
y a los que le abandonaron; la expulsión
de los mercaderes del templo; la malicia de la
mirada adúltera; la repugnancia de la pena
del talión; la condena del repudio y del
divorcio ya que no son conformes al designio divino,
sino prácticas de un pueblo terco; la insistencia
de que Dios los hizo varón y hembra; y la
sabia sentencia: el que esté libre de pecado,
que tire la primera piedra...
(El autor es Canciller de la Arquidiócesis
de San Juan.)