Edición 26 • 26 de junio al 2 de julio de 2005
Hoy es viernes, 18 de mayo de 2012

Palabras claras y valientes

Dr. Aníbal Colón Rosado
Para EL VISITANTE

Jesús empleó parábolas, analogías, símiles y otras imágenes en su predicación. Fue tolerante, compasivo y comprensivo, particularmente con los pecadores humildes. Pero llamó al pan pan, y al vino vino. Su palabra fue sí sí o no no, sin circunloquios ni gazmoñerías. Muchos de sus actos y discursos contrastarían con una cultura plagada de eufemismos e hipocresías y con cierto lenguaje “políticamente correcto”. El vocabulario presuntamente inofensivo puede terminar en la indiferencia ética y eclipsar la verdad completa en aras de una cortesía mal entendida. La Verdad encarnada sigue otros caminos.

Veamos algunos ejemplos tomados de los evangelios. Hubo un político a quien Jesús jamás le dirigió la palabra y a quien le endilgó un epíteto muy duro. Me refiero al tetrarca Herodes Antipas. En aquel tiempo, se acercaron a Jesús algunos fariseos para aconsejarle que se retirara del lugar, ya que Herodes quería matarle. Con gran sentido de dignidad, como quien cumple fielmente la misión recibida, y por encima de las amenazas humanas, respondió el perseguido: “Id a decirle a ese zorro: Mira, expulso demonios y llevo a cabo curaciones hoy y mañana, y al tercer día termino. Sin embargo, es menester que hoy, y mañana, y al siguiente, siga yo mi camino, porque no cabe que un profeta perezca fuera de Jerusalén” (Lc. 13,32-33). El Mesías conocía muy bien el designio divino y aceptaba libremente las coordenadas providenciales.

Tal vez el gobernante corrupto pretendía desembarazarse de Jesús por medio de esta maniobra de los fariseos. No obstante, el aviso obedecía a un peligro real. Herodes Antipas gozaba de cierta autonomía y tenía poder para condenar a muerte y ejecutar la condena en su territorio. Por otro lado, no todos los fariseos eran enemigos del Señor, quien compartió buenamente con algunos de ellos (cf. Lc. 7,36; 11,37; 14,1). La advertencia, pues, pudo haber sido de buena fe.

Resulta chocante la frase despectiva “a ese zorro”. No me detendré en el adjetivo ese, que ya de por sí lleva una carga de separación y rechazo. En cuanto a la palabra zorro, es un sustantivo repleto de matices peyorativos. El zorro despide un olor fétido, persigue con astucia a su presa y campea de noche. En forma figurada, zorra significa prostituta; y zorro es el que afecta simpleza e insulsez, especialmente por holgazanería. También se refiere al hombre muy taimado, astuto y capcioso. La zorrería consiste en el ardid de quien busca su utilidad mañosamente. Por ambos lados, el tetrarca de Galilea quedó retratado como una persona sin principios morales o, por la línea de la insignificancia, como un hombre de jerarquía menor comparado con otros más poderosos. Este personaje fue reprendido por Juan a causa de sus malas acciones, entre ellas, el adulterio con la mujer de su hermano. Por alguna razón, el Maestro alertó a sus discípulos para que se cuidaran de la levadura de Herodes, de los saduceos y de los fariseos...

¡ Ay, los fariseos! Todo el Evangelio contiene diatribas contra esta secta. Jesús aseguró que no le quitaría a la ley ni un punto ni una letra, mientras cuestionó los malos pensamientos de los maestros de la ley. Pide a los fariseos que sean misericordiosos, pues él ha venido a llamar a los pecadores. Los fariseos son ciegos que guían a otros ciegos y anulan el mandato de Dios por seguir sus tradiciones; gente infiel y perversa, tramposos, malhechores, sepulcros blanqueados, raza de víboras, tontos, hipócritas, descendientes de asesinos de profetas, serpientes, labradores malvados... Sobre ellos caerá el castigo de la muerte de los inocentes que han sido asesinados desde Abel hasta Zacarías.

“ Ay de ustedes que son como sepulcros ocultos a la vista, los cuales la gente pisa sin saberlo.” Al escuchar esta acusación, uno de los aludidos reclamó: “Maestro, al decir esto, nos ofendes también a nosotros”. En Mt. 15,17, los discípulos le informaron a Jesús que los fariseos se habían ofendido por una reprimenda semejante. Mas el Mesías no se acobardaba. Señaló a quienes “atan cargas tan pesadas que es imposible soportarlas, y las echan sobre los hombros de los demás; mientras ellos mismos no quieren tocarlas ni siquiera con un dedo. Todo lo hacen para que la gente los vea”. Estos vanidosos siempre buscan los mejores lugares y posan en apariencia de virtud.

Fuera de estas amonestaciones, Jesús emitió otros juicios de alcance general o particular: cuidarse de los mentirosos, lobos feroces disfrazados de ovejas; no rechazar al profeta que viene de parte de Dios; librarse del castigo de los pueblos desobedientes, que será peor que el de Sodoma; la autodestrucción de todo país dividido; la responsabilidad de haber pronunciado palabras inútiles; la recompensa por haber declarado a favor del Ungido; la verdad como fuerza liberadora; los falsos mesías y profetas; la desgracia de las invitaciones al pecado. Quienes no se vuelvan a Dios, morirán como los galileos aplastados bajo la violencia del gobernador romano.

En las Bienaventuranzas el Señor bendijo a los que sufren persecución. “Felices serán ustedes cuando la gente los insulte y maltrate y cuando por causa mía los ataquen con toda clase de mentiras.” Los cristianos deben ser sal, luz y levadura del mundo. A los apóstoles les confió instrucciones específicas. Si no son recibidos, saldrán de la casa o del pueblo y se sacudirán el polvo de los pies. Enviados como ovejas en medio de lobos, han de ser prudentes como las serpientes y mansos como las palomas. Cuando sean entregados a las autoridades, se despreocuparán por lo que deban decir, pues Dios les dará las palabras (Mt. 10.19). Tampoco tendrán miedo de la gente, pues todo llegará a descubrirse. “Lo que les digo en la oscuridad díganlo ustedes a la luz del día.”

Finalmente, citemos algunos casos particulares en los que la reacción de Jesús fue incisiva y sin ambages: los discursos contra los que acumulan riquezas; ante la samaritana que mintió sobre sus maridos; el juicio final fundado en el amor concreto; la alusión a la caridad trunca de los cobradores de impuestos y los paganos; el mandato a la adúltera de no volver a pecar; el consejo de no echar perlas a los cerdos ni cosas sagradas a los perros; el regaño a Pedro cuando lo llamó Satanás y la profecía de las negaciones; el reclamo al soldado que lo abofeteó; los señalamientos al traidor Judas; la respuesta a los discípulos ambiciosos y a los que le abandonaron; la expulsión de los mercaderes del templo; la malicia de la mirada adúltera; la repugnancia de la pena del talión; la condena del repudio y del divorcio ya que no son conformes al designio divino, sino prácticas de un pueblo terco; la insistencia de que Dios los hizo varón y hembra; y la sabia sentencia: el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra...

(El autor es Canciller de la Arquidiócesis de San Juan.)

Archivo EV

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