Liturgia de difuntos
Padre Isaías Revilla Casado,
OSA
frirevilla@hotmail.com
Para EL VISITANTE
P/ ¿Para qué sirven los novenarios
de difuntos?
Johara Méndez
R/ Para todas aquellas sectas, como los pentecostales,
que no admiten la realidad del purgatorio, porque
no encuentran en la Biblia esa palabra, a pesar
de que
hay textos que la suponen de una manera ovbia, como es el de los Macabeos (2
M. 12,46) o el de Mateo (12,31), indudablemente, ¡de nada! Y lo mismo
para las que niegan la inmortalidad del alma, como los adventistas, que se
empeñan
en leer sólo I Tim.6,16, y se niegan a ver Mt. 18,18; 25,34-41; Mc.
9,42... Luego para explicarlo dicen: “Nosotros seremos inmortales en
el cielo, pero mientras vivamos en la tierra somos mortales”. Eso supone
no querer distinguir el alma del cuerpo; o habría que pensar que, en
el momento de la muerte, el alma muere y resucita de inmediato, para ir al
cielo o al infierno;
o, lo que es peor, habría que admitir que cambiaríamos de alma
como de camisa…
Pero para quienes saben que todas las culturas
religiosas tienen un culto y respeto a los difuntos
muy arraigado en lo más hondo de su siquis, tiene todo
el sentido del cariño por sus antepasados y, por supuesto, la cercanía
de la plegaria por su alma, que une de ese modo la llamada Iglesia Militante
con la Triunfante o Purgante, en la presencia de Dios. Tanto los que ya están
en el cielo, como los que se purifican en el purgatorio para llegar a él,
como los que estamos militando en medio de las tentaciones y peligros para conquistar
la Gloria de Dios, pertenecemos al Cuerpo Místico de Cristo y en Él
nos unimos para ayudarnos en el programa redentor de Jesús.
Este es el fundamento de la liturgia de difuntos
que ha producido tantos bienes espirituales, morales
y artísticos a través de toda la historia
de la humanidad. No olvidemos que los dólmenes o menhires, las pirámides,
egipcias o toltecas, por citar los representantes más antiguos, son todos
monumentos funerarios.
En cuanto a lo cristiano tampoco podemos olvidar
que los primeros siglos el cristianismo vive en
las Catacumbas que son eso, cementerios. Y desde
cuando podemos testimoniar
documentos escritos el culto a los difuntos ha inspirado las mejores páginas
de la liturgia católica en lápidas, tumbas, música o plegarias.
Desde las preces o misas previstas para el día del funeral, las del día
tercero, séptimo o trigésimo de la muerte o el aniversario, hasta
la nueva redacción del ritual de difuntos salido de la reforma del Concilio
Vaticano II, la riqueza espiritual, moral o artística sólo puede
ser cuantificada por la omnipotencia de Dios.
Y entre responsos, sacrificios, misas, oraciones… los novenarios de difuntos
son una de las costumbres más bonitas que se han inventado para mantener
a la familia unida en lo más positivo que pueden hacer por sus finados:
intentar pagar las deudas que tuvieren contraídas con Dios, para que se
purifiquen y suban cuanto antes al cielo, desde donde pueden interceder ante
el trono del Padre por sus más “prójimos”, los de su
familia.
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