El
alcohol, ¿qué nos
pasa Puerto Rico?
En Puerto Rico la violencia familiar está íntimamente
relacionada al consumo de drogas o ingesta excesiva
de alcohol. Todo el mundo sabe que casi siempre
el maltrato al conyugue y a los hijos, así como
de los hijos hacia sus padres, es una de las consecuencias
del alcohol y las drogas.
Este daño al interior de la familia tiene
las repercusiones ya conocidas de desequilibrio
mental generalizado y luego nos preguntamos, ¿qué nos
pasa Puerto Rico?
Con respecto al alcohol, no se trata del consumo
en edad adulta de un vaso de cerveza, vino o alcohol,
que puede ser gesto de amistad o camaradería,
sino el inicio de un comportamiento esclavizante
de excesos que llena de lágrimas y desolación
a los familiares y seres queridos, además
de ser una grave ofensa a Dios.
Nos alegramos con la disminución en el consumo
de alcohol en menores y el que abrazar la fe les
haya distanciado de los vicios. Creemos que aunque
el aprendizaje ejemplar surge primeramente en la
familia, las leyes y reglamentos pueden contribuir
a desalentar el consumo de alcohol. Por eso esperamos
que la legislatura le preste la debida consideracion
a los proyectos de ley relacionados al alcoholismo
que publicamos en nuestro reportaje de portada.
Adherirse a las creencias religiosas puede ayudar
a evitar conductas indeseadas ya que al vincularnos
al Creador la vida adquiere pleno sentido. Consecuencia
de ello es que llevaremos una vida más organizada
y estable. Seremos más felices y en el servicio
a los demás hallaremos el rostro de Cristo.
Así, las cosas temporales que nos esclavizan,
sobran.